Bien en singular, bien en plural, graduación es el término que más se repite estos días en las peluquerías, en las tiendas, en los restaurantes… y es normal.
Que un hijo, tras muchos años de estudio y esfuerzos económicos de los padres, sea graduado en cualquier carrera que va a determinar su vida profesional, es un acontecimiento tan importante que se entiende que todas las familias quieran celebrarlo por todo lo alto. Sin embargo lo que siempre fue un acto extraordinario ahora se ha convertido en un acto rutinario. Ya no solo se gradúan los estudiantes que reciben un título universitario, se gradúan también los niños que finalizan el periodo de guardería, los alumnos que concluyen la etapa de infantil, de primaria, de secundaria, de bachillerato y hasta los que pueden completar su expediente académico con uno o varios másteres.
Ayer, una muy querida amiga mía, profesora de instituto recién jubilada, me decía que, en su opinión, esta fiebre de celebraciones que se han puesto de moda acabará siendo la degradación de las graduaciones. ¿Será verdad?
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