
Calle de Coria en Buenos Aires, junto a la parada.
Los tiempos cambian y en el trabajo se introducen mejoras aumentando la calidad en su prestación. En el transporte público salmantino hace años conocimos un fuerte conflicto laboral, cuya secuela más persistente es la pausa del bocadillo. Resuelta con la eliminación de algún servicio en cada línea sin oposición, salvo rara excepción. Con importantes frecuencias de paso apenas se nota, mientras que en aquellas como las de 20 minutos la diferencia entre servicios puede superar los 40. Afortunadamente no ocurre precisamente en las horas con mayor número de usuarios.

Final de la Calle de los Valles Mineros junto al Centro de Salud.
Una solución razonable a los problemas fisiológicos de nuestros sufridos conductores y conductoras ha tardado, con una lenta implantación. Donde no es posible alternativa en edificios municipales, se han ido colocando unos servicios en la vía pública de uso exclusivo para ellos, cual mobiliario urbano. Empezaron a principios de 2025, y a fecha de hoy falta al menos uno en el Barrio de El Zurguén. Visitándolos se observa una importante disparidad en su asiento, seguramente con el único criterio de situarlo lo más cerca posible del abastecimiento y saneamiento de agua.

Final de línea en la Calle de Antonio Ponz, en Huerta Otea.
Quizás el de la Calle de Coria en Buenos Aires sea el mejor resulto. El resto están dentro de la acera, afortunadamente en su mayoría en zonas con tráfico peatonal reducido. Los hay con un entorno de amplios espacios, con lo cual podrían haber sido un poco más discretos evitando la primera línea de parada. De hecho, en estas existen varios con soluciones discutibles, ciertamente con algún caso de mayor complejidad. Como se ha mencionado se evidencia la búsqueda de la proximidad del acceso al agua, aunque solo en uno es visible obra significativa.

Carretera de Fuentesaúco junto a Ciudad Jardín.
Los hay retirados, sin importar mucho las características de las aceras al parecer. Algunos terminan en lugares estrechos, y no hay rubor en obviar incluso las normas relacionadas con la accesibilidad. Sean estas municipales, emplazarlo a 15 centímetros del bordillo, de la Junta o recomendaciones ministeriales. Seguramente el relacionado con el fin de línea en el barrio de Ciudad Jardin sea el peor ejemplo posible, directamente en la mitad de la parada y de la acera. En Capuchinos, adyacente al Centro de Salud, se mantiene al menos la línea de farolas y arbolado.

Calle de Alonso del Castillo, el edificio de la Junta a la derecha de la parada del fondo.
De los “alejados”, en acera diferente, posiblemente el peor esté en la Calle de Alonso del Castillo frente a la Delegación de la Junta. Emplazado fuera de la línea de mobiliario urbano a pesar de lo recomendado en la normativa, marcada aquí por el arbolado. Desde luego en una zona con amplios jardines era factible hacerlo mejor. En los Toreses tal vez se haya elegido una esquina por no estar edificada todavía, pese a existir amplios trozos libres en aceras del entorno. Como son de quita y pon quién sabe si se trasladará cuando la ocupación del solar evidencie el exceso de cercanía a su fachada.

Calle de los Toreses, cruzando la calle a la izquierda la parada.
En circunstancia parecida, es opinable, podría estar el situado al final de la Avenida de los Cedros cerca de la Plaza de Barcelona. Afortunadamente el dislate de la Plaza de San Julián, pegarlo a la “Casa de las Viejas” y actual Filmoteca Regional, se corrigió. No es mala idea al pasar muchas líneas por este punto, pero pesimamente resuelta. Quizás hubiera podido incluirse en la obra del ascensor hacia la Plaza de la Parra, acaso con más imaginación se resuelva. Por cierto, ¿no sería recomendable señalarlo táctilmente en la acera para personas con dificultades visuales?, dado el gusto municipal por ello.

Avenida de los Cedros, al fondo las paradas finales.
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