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Dignidad Humana e Inteligencia Artificial
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Al cabo de la calle

Dignidad Humana e Inteligencia Artificial

Publicado 20/06/2026 08:50

El 15 de mayo, tras un año de pontificado y pocos días antes de su viaje a España, León XIV firmó su primera y esperada encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad) que, a nuestro entender, no está solo dedicada a la Inteligencia Artificial (IA) sino que se mueve en un texto mucho más amplio con reflexiones sobre la Revolución Digital, la situación actual de la sociedad, la preservación de la dignidad humana y el derecho a vivir en paz, entre otras cosas.

Antes de entrar a analizar este magistral texto, precisemos qué es una encíclica y cuál es la finalidad que suele perseguir. Una encíclica es un documento de valor universal, dirigido no solo a los cristianos, también a hombres y mujeres de buena voluntad, aportándole luces para entender el mundo, así como una orientación para sus vidas en el contexto en el que les ha tocado vivir.

Otra cuestión previa a considerar es el momento en el que se publica una encíclica y que suele coincidir con algo trascendental para la humanidad, como es la IA en los tiempos en que vivimos y como lo fue en 1891 la Revolución Industrial, cuando León XIII publicó la encíclica más famosa, la Rerum Novarum, sobre la incipiente clase obrera. Ambas encíclicas han surgido en momentos de avances técnicos espectaculares, llamados a incidir y a propiciar profundos cambios económicos y sociales. Y, ambas tienen un fuerte componente de la Doctrina Social de la Iglesia, más pronunciado y significativo que en ninguna otra de las más de 300 encíclicas que se estima ha publicado la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Si bien, la Magnífica Humanidad de León XIV está más enfocada desde la perspectiva de la dignidad y la confianza en el ser humano.

Queda mucho por digerir del mensaje que el papa León encierra en la Magnífica Humanidad, pero ya podemos decir que es una guía de resistencia al desarrollo descontrolado de la IA. Poniendo por delante la dignidad humana y ensalzando el valor de las facultades del ser humano, que la vida digital está atrofiando debido al uso masivo, invasivo y muchas veces inadecuado que la tecnología está produciendo en la vida y hasta en la mente de las personas.

León XIV ha escrito un manual (como tal la encíclica ya está cosechando éxito en las librerías) contra los algoritmos fríos que intentan suplantar el raciocinio del ser humano. Tampoco se queda en los riesgos éticos de la tecnología, sino que ha lanzado una especie de salvavidas para preservar el humanismo y la mente de las personas recordando, entre otras cosas, que la conectividad por medio de las redes sociodigitales y de las pantallas, no puede sustituir el contacto cercano, cariñoso y real entre las personas, ni su esencia humanística.

No resulta fácil encontrar una correlación tan intensa entre la fe y la ciencia, como la que encontramos en la encíclica de León. Tal vez sea porque ambas, la Santa Sede y los tecnooligarcas de la IA, comparten un mismo diagnóstico de la realidad: el ser humano navega en medio de una epidemia de soledades, débil sentido y fragilidad existencial, lo que genera un vacío que viene a ser ocupado por la virtualidad de las imágenes y las pantallas. Cosa que ya apuntábamos en “La Cultura Audiovisual” (1997) al decir que el homo sapiens que se mueve a base de conceptos, sería sustituido en el siglo XXI por el homo videns que se mueve a base de imágenes. Idea esta que ha venido a actualizar Jon Hernández en su ensayo “La hostIA que viene” (2026) en el que nos alerta cómo la IA ya está operando como un "soporte emocional" en una sociedad rota y un tanto desorientada como la que tenemos.

La IA no ha provocado la crisis existencial, esta ya se había venido larvando de la mano de la hiperconectividad que desmotiva la comunicación presencial, cercana y directa entre las personas. Las grandes corporaciones tecnológicas del “Silicon Valley” supieron identificar ese escenario con prontitud y ofrecieron, a través de la tecnología: estímulos constantes, conectividad infinita y asistentes virtuales, una solución casi perfecta para colonizar nuestros pensamientos, evitando que estemos solos con ellos, con lo que también resulta controladora.

Frente a ello y aun partiendo de un mismo diagnóstico, León XIV observa en las soluciones tecnológicas una alarmante trampa de bienestar y libertad: "La fascinación por la técnica a menudo llena un vacío de sentido, ofreciendo la ilusión de control en un mundo marcado por la fragilidad", viene a decir en su primera encíclica Magnífica Humanidad. El aislamiento contemporáneo no se supera con más conectividad, sino con la presencia real, abierto a los demás. Es en la humanidad donde se encuentra el auténtico bienestar.

Ahondando en esa correlación entre la ciencia y la fe, la observación que nos hace el Pontífice en su encíclica conecta de forma directa con la psicología contemporánea que se ocupa de la delegación cognitiva y que, para el caso que nos ocupa, podemos decir que atrofiando el humanismo. Al respecto, hemos de tener en cuenta que las tecnologías del pasado estaban destinadas a sustituir o minimizar el esfuerzo, mientras que la IA viene dispuesta a sustituir las funciones de nuestra mente, aunque también se utilice para reducir los esfuerzos físicos. Luego, es mucho más que una tecnología al uso.

Si delegamos en la IA el que esta nos resuma textos, redacte nuestros mensajes, genere ideas creativas que luego nos apropiamos, o que tome decisiones por nosotros, nuestra mente se irá empobreciendo, nuestro sentido crítico se irá reduciendo, mientras que nuestra impaciencia e intolerancia irán incrementándose. Como consecuencia de esa disminución de la inteligencia intelectual se reducirá también la inteligencia emocional.

Es obvio que el Santo Padre no ha iniciado ninguna guerra contra la IA, pero "Una cultura que renuncia a la fatiga del pensamiento propio en favor de la respuesta previsible corre el riesgo de adormecer la creatividad y la imaginación", alerta León XIV. Si delegamos nuestras capacidades en los dispositivos y en la IA, nos tornaremos cognitivamente más perezosos y menos eficaces.

Y, si dejamos de practicar las funciones citadas, junto con otras muchas, por dejarlas en manos de la IA, perderemos los mecanismos íntimos que nos configuran como seres humanos, perderemos nuestro humanismo, nuestra dignidad como personas. En este pronóstico coinciden la ciencia y León XIV. Nosotros, no solo lo compartimos, sino que, en la misma línea, venimos promoviendo la necesidad de un nuevo Humanismo Cultural Tecnocientífico que mantenga al ser humano en el centro de todo.

Les dejo con Novecento - Ennio Morricone - Romanzo:

https://www.youtube.com/watch?v=aYIzAIHkWWg&t=1s

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© Francisco Aguadero Fernández, 20 de junio de 2024

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