De la película “Los demonios de la noche” (1996) cuyo título original en inglés es “ The Ghost and the Darkness” (El fantasma y la oscuridad) se adecua perfectamente a lo que os quiero transmitir hoy.
Esa sensación que cuando estamos en lo más profundo de un sueño…mejor dicho…dentro de una pesadilla…con frecuencia nos aparecen esos “demonios de la noche”, que si bien no son los leones devoradores de hombres que como en el filme referido atacan y se comen a los trabajadores del ferrocarril en la Kenia de 1898 cuando los ingleses estaban construyendo las líneas férreas en esta colonia británica, bastante se parecen a ellos, y de seguro, que casi todos/as de mis lectores en algún momento se han sobresaltado de la cama con una especie de miedo difícil de explicar.
Las pesadillas son sueños que parecen que los estás viviendo en otro lugar, que te crees lo que está ocurriendo, pero no dejan de ser perturbadores ya que nos causan emociones muy fuertes, por supuesto que negativas, lo que abarca un amplio abanico de categorías del miedo, menos o más profundo, pudiendo llegar incluso hasta situaciones en que se siente auténtico pavor, lo que está potenciando de manera descontrolada nuestro estrés y angustia, aunque no seamos totalmente conscientes de ello.
Independientemente que en muchos casos se producen como consecuencia de fármacos (caso de antidepresivos, o para mantener la tensión arterial en parámetros aceptables), en una amplia mayoría de personas la relación causa efecto con el ritmo de vida al que vivimos es evidente: ese estrés y ansiedad derivado de todas esas preocupaciones cotidianas, así como situaciones traumáticas (sea en el ámbito personal o el laboral) y en general, cualquier cambio que nos esté afectando, porque cada vez que hay que adaptarse a una nueva situación, obviamente esto nos genera estrés sumado casi siempre a inseguridad.
Pero a veces, cuando uno explica algo que nos ha ocurrido, sirve al menos para que otras personas, al leerme, puedan quitarle hierro y no preocuparse demasiado, porque, en definitiva, todos/as hemos pasado y lo seguiremos haciendo, momentos en los que los leones de Kenia de la película de Michael Douglas y Val Kilmer en los papeles protagónicos, nos aparecen y no es agradable.
También ocurre que esos demonios entren en una categoría rara pero no por ello inexistente: premonitorios o precognitivos, que son aquellas experiencias en las que estás soñando determinado suceso o situación que antes o después terminará sucediendo en la vida real.
¿No te ha pasado alguna vez que gracias a un sueño de este tipo te has anticipado, o finalmente has atado todos esos cabos sueltos que te rondaban en la cabeza y te das cuenta de una situación, tal cual es?
Si estás despierto y en cualquier tarea diaria, sea trabajando o descansando, practicando footing o teniendo una reunión de tu departamento, cuando de repente te viene “ese relámpago” que te aclara una cosa que no entendías hasta ese instante, lo que ha operado de tu proceso cognitivo es la intuición, que sin duda es una poderosísima herramienta de nuestra inteligencia.
Todos los grandes líderes, sea en el ámbito de la política o de las empresas, les ha caracterizado ese don especial que es una intuición muy afinada. Pero ¿qué ocurre cuando esta intuición aparece en sueños? Esos sueños premonitorios también se están anticipando y te pueden provocar una gran ansiedad, generalmente por la impotencia que te producen. Estás observando algo que aún no ha sucedido, pero estás convencido que va a suceder. Lo estás viviendo.
En mi caso personal me ha ocurrido en contadas ocasiones, pero si bien fueron pocas, cuatro, siempre terminaron ocurriendo. Para tranquilidad de mis lectores/as, en dos ocasiones, fueron meras intuiciones sobre la conducta de personas que formaban parte de alguno de los equipos que coordinaba. Digamos, que anticipé conductas negativas y me facilitó este tiempo necesario para tomar medidas y corregir el conflicto.
Pero en las otras dos ocasiones, debo decirles que no son nada agradables: la primera vez que me abordó esa premonición desagradable, fue el terremoto y tsunami de Indonesia en que afectó una inmensa área del Océano Índico en diciembre de 2004.
Algunas semanas previas a esta terrible catástrofe que costó la vida de 320.000 personas, mi sueño me llevaba a una zona alta de una región con una orografía bastante montañosa, y que después de ir encontrándome con diferentes pasos cerrados porque el agua ya impedía el acceso (típico de una inundación cuando en 20 minutos caen 80 litros por metro cuadrado), iba sorteando las diferentes barreras y buscando nuevas salidas hasta que llegué a esa zona más alta. Desde allí pude observar un auténtico mar que devastaba todo, solo quedaba en pie esa colina en la que me encontraba.
Las imágenes eran como reales, la ansiedad que me produjo también lo fue, y tardé días en comentar a mi círculo íntimo lo sucedido. Obviamente, cuando ocurrió de verdad el tsunami de diciembre de 2004 lo primero que me dijeron mis íntimos fue: parece mentira…era una premonición.
El otro sueño premonitorio está guardado y bien guardado. Porque este no puede suceder… más bien… no debería. Porque la mañana en que amanecía (soy madrugador de toda la vida) y desde mi ventana veía toda la urbanización, que habitualmente está llena de verde, flores e incluso una piscina, en la que no cesan los pájaros y sus cantes del alba, en ese acto habitual que realizo a diario, ese día era plena noche y me parecía que estaba ya amaneciendo. Pero todo, absolutamente todo…estaba devastado, no había verde sino tierra quemada, el aire enrarecido, no había ruido de coches que salen de los garajes para ir a sus trabajos, no estaban los aspersores funcionando, los pájaros ni se sentían ni se veían…en fin…había ocurrido lo que nunca quisiéramos que ocurriera: una hecatombe nuclear final. El fin de todo.
Sobre estos demonios de la noche y las premoniciones le doy un valor relativo, porque no puedes vivir con miedo, por contrario, hay que vivir con dignidad y valentía. Lo que sí hay que hacer es reflexionar en cómo vivimos, que es una cosa muy diferente, y esto va por los líderes políticos mundiales que siempre están jugando a soldaditos, basta ver las últimas horas de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que no acaba de firmarse, y mientras tanto, el presidente Trump, como si de un juego de niños se tratara, dice: “si no firman lo que quiero les voy a bombardear duramente”.
Y ésta sí que es una auténtica pesadilla que vivimos las personas de bien, los que no somos responsables de lo que está sucediendo en el mundo. Solo lo sufrimos.
De ahí la importancia que tengamos buenos líderes mundiales y ejercicio democrático desde los ámbitos de poder, porque cuanto más se preocupen de verdad por las reales necesidades de las diferentes poblaciones de los países, menos proclives estaremos los ciudadanos del orbe a tener pesadillas o a generar sueños premonitorios que nos indique un final que no queremos.
Debemos cuidar las democracias. Pero más debemos aún… exigirles comportamientos democráticos. Menos guerras y habrá menos pesadillas. Los demonios de la noche deberían convertirse en una fiesta de fin de curso o en un bautismo familiar.
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