La festividad de San Antonio se prolonga más allá del fin de semana con una jornada de sabor más íntimo y marcada por la tradición taurina
Superado el intenso fin de semana, Martín de Yeltes encara la recta final de sus fiestas patronales de San Antonio sin bajar el ritmo, aunque con una afluencia más moderada que la registrada en las jornadas centrales.
Después de tres días de notable concurrencia —especialmente entre el viernes y el domingo, cuando el ambiente festivo, los disfraces y citas tan señaladas como el encierro a caballo atrajeron a numerosos vecinos llegados de toda la comarca mirobrigense—, el lunes amaneció con un pulso distinto: más pausado, más doméstico, pero no por ello menos animado.
Con un ambiente eminentemente local, la jornada arrancó con uno de esos gestos que resumen el alma de las fiestas de pueblo: una degustación popular de huevos con farinato ofrecida por las peñas, un desayuno de raíces hondas y sabor reconocible que reunió a vecinos y visitantes en torno a la mesa compartida.
Los primeros protagonistas de la mañana fueron los más pequeños. La llegada de los carretones convirtió las calles en un improvisado aprendizaje taurino, entre carreras, risas y esa mezcla de nervio y juego que anticipa, quizá, a los futuros corredores y recortadores que algún día medirán su destreza frente a reses de verdad en encierros y capeas.
Más tarde llegó el turno de los adultos con la suelta de vaquillas en la calle Cañada Real, transformada por unas horas en una extensión natural de la plaza de toros. Las reses, soltadas de una en una desde el camión, fueron lidiadas con rapidez antes de regresar al toril, una fórmula pensada para preservar su fuerza y evitar castigar en exceso al animal antes de la capea vespertina.
Mientras tanto, una charanga puso banda sonora a una mañana ya plenamente veraniega, sosteniendo la alegría entre pasodobles y ritmos populares hasta que el último de los animales regresó al encierro.
Por la tarde, la fiesta volvió a girar sobre su eje taurino con la capea de las mismas vaquillas reservadas de la mañana, prolongando así una tradición que sigue siendo el corazón de estas celebraciones. Ya entrada la noche, el relevo festivo lo tomó la música con el concierto de Diego Jiménez, organizado por la peña La Caseta Roja.
Las fiestas de San Antonio pondrán su broche final este martes 16 con una gran paella popular abierta a todos los asistentes, seguida de actividades destinadas a los mayores, en una despedida que, como manda la costumbre, mezclará convivencia, memoria y celebración.