Miembro de la tertulia ‘Papeles del Martes’, Chema García publica con Vitrubio un libro lleno de luz que defiende el optimismo y la naturaleza frente al caos y la muerte
Esperábamos el libro de Chema García, confiábamos en el libro de Chema García. El amigo imprescindible, el poeta de todos los encuentros, la mano que apoya, colabora y queda en un segundo plano nos ha llenado de luz con un libro de páginas que recorren el río que nos lleva, la ciudad letrada, la esperanza frente a la muerte, la belleza de las coníferas y de la poesía de los otros. Los otros que siempre están en las palabras de este poeta sabio de poética clarividente, casi racional, con su final emocional, estremecedor, lúcido y amable. “De los rostros, la luz” no es un libro del amigo, del poeta conocido: es nuestro particular pentecostés, nuestro acontecimiento.
Carmen Borrego: ¿Cómo se acaricia este libro?
Chema García: Entras en él y dejas algo de ti. Así hasta el final.
C.B.: La poesía no se puede leer deprisa, pero este libro tiene la ventaja de frases cortas y esas ideas en las que te puedes enganchar.
Ch.G.: Quien lo ha leído me dice lo mismo. Hay personas a las que les encanta y alguno me ha comentado que no le llegaba. Al final es cuestión de sensibilidad. A veces no nos llega, otras sí porque nos movemos por frecuencias. Diferentes sensibilidades.
Charo Alonso: Pero la poesía también tiene su misterio, no se trata de llegar o no, entender o no.
Ch.G.: Claro, en este mundo donde todo tiene que ser pesado, monetizado, explicado… no caben los misterios. La poesía siempre lo tiene. Yo quizás tenga cierta capacidad de percibir las cosas de forma muy emocional pero también racional, científica. A veces me quedo en el punto medio, abierto a todo: veo moverse una rama o te explico de forma exhaustiva el significado de un escudo en la piedra.
C.B.: ¿Cómo te llega? ¿Cómo es el momento de un poema?
Ch.G: A veces de la forma más extraña. Siempre he escrito por todas partes, también en la mesa de mi cuarto… eso sí, en tranquilidad. Ahora, en Santa Marta, paseo mucho en compañía de mi perra, aprovecho esos momentos, cerca de árboles, del agua… Me acuerdo dónde nace un poema, al volver es como si entraras en otra dimensión, ver una suprarrealidad, concepto parecido al platónico y que tiene que ver con el surrealismo.
Ch.A.: Eres un poeta que ha participado en numerosos grupos y que siempre estás abierto a recitales, antologías… eso ya sabes que me sorprende. ¿O es una característica de los poetas que no tienen los narradores?
Ch.G.: Eso tiene que ver con la persona, no con el género literario. Yo siempre he sido de trabajar en equipo, de compartir. Desde el colegio siempre me he sentido responsable, he participado de proyectos. ¡Quizás también tengo cara de bueno y todo me lo han endosado! Es broma. Posiblemente, el haberme criado en sitios diferentes hace que tenga un poco el “Síndrome de Ulises”, que no encuentras a qué lugar perteneces del todo. Hemos escuchado en la Feria del Libro a Miguel Casado, quien habla de “La ciudad de los nómadas”. De alguna forma eres nómada de varios lugares.
Ch.A.: Sabes de plantas, pájaros, estrellas… pareces un hombre de campo.
Ch.G.: No salgo de la ciudad, pero vivo cerca del campo. Piensa que me he instalado en las esquinas para buscar las afueras, los milanos que vuelan, los cultivos periurbanos… Viví en la zona del Puente de la Salud, donde está escrito casi todo este libro. Me di cuenta de que esa era la zona poblada más antigua de Salamanca que se conoce. Yo que he trabajado como arqueólogo y cuando lo dejo me voy a vivir a un rincón en el que después han encontrado paneles con arte rupestre de hace más de 25.000 años.
Ch.A.: En este libro hay una ciudad que puede ser cualquiera y un río que nos lleva que es el que tú ahora paseas, pero que puede ser el que transita en Toledo Miguel Casado.
Ch.G.: La naturaleza está en mi vida y aparece en mis poemas. Somos naturaleza y eso es también influencia de Aníbal Núñez, no sólo lo que nos gustaría, se trata también de ver la espuma de la lejía que se arremansa en la orilla. Además de recuperar la naturaleza, vivirla próxima, que es la que tenemos. Somos origen y fin de ello.
Ch.A.: Citas a Casado, a Aníbal, eres muy generoso, no vienes a hablar de tu libro sino que prestas a los otros, los recuerdas…
Ch.G.: No tiene sentido llegar y hablar de mí. Yo soy el que se pone atrás en las fotos, y tengo mucha manía de disculparme todo el rato. Ahí están los demás, ellos me han enseñado.
Ch.A.: Antes hablamos de la doble pertenencia, salmantino y leonés… y nadie como tú sabe tanto de los poetas de nuestra tierra.
Ch.G.: Mirad, lo poco que soy yo identitario es como salmantino y leonés. Considero que hay que poner en valor lo que no se pone, y ahí está León, es historia. Si pensamos en el origen de la ciencia, del arte, de la religiosidad, vamos a “Arqueología de la mente” de Steven Mithen que cuenta que hasta los niños inuits, como todos los niños, dibujan o creen en seres medio animales medio humanos, mezclan su realidad con los mitos y la naturaleza como ha ocurrido siempre. Luego nos dejamos contaminar, pero la identidad primigenia es una.
Ch.A.: En tu obra accedes al pasado, eres historiador, arqueólogo…
Ch.G.: La arqueología es la búsqueda del pasado a través de lo material y eso está presente en este libro, como la mitología, como la historia. Tengo una amiga que dice que en realidad soy un antropólogo de forma natural. El antropólogo no busca aquello que pasó, sino cómo lo vivieron; la vida que llevan otras culturas, incluidas las del pasado.
Ch.A.: ¿Cuál es tu pasado cómo escritor?
Ch.G.: En 2014 empecé a dedicarle tiempo en serio. Antes había tenido un programa de radio en el que hablaba de efemérides, historia, poesía. Luego trabajé en los blogs y a través de las redes sociales enlacé con Javier Sanz, el autor de “Historias de la Historia”. Participé en algunos proyectos solidarios con él, como “Letras en el Sahara”… (conseguir libros para el proyecto Bubisher, bibliobuses que recorrían los campamentos de refugiados y la primera biblioteca para niños en Smara) Javier hacía muchas cosas circulares: revistas de relatos como Entropía y concursos del que fui finalista… Descubrí el “Ágora de la poesía” en León y empecé a leer mis poemas en voz alta. Allí, en las escaleras del anfiteatro de San Marcos, me encantó aquella forma de participación y conocí a autores como mi maestro Salvador Negro, a Cartago, a Alfredo, de San Miguel de Escalada…
Ch.A.: Como diría Javier Morales, todo está enramado en la escritura.
Ch.G.: Cierto, cuando pregunté qué poetas había en Salamanca y me hablaron de Raúl Vacas y de Montse Villar, pronto estuve en los Talleres de Raúl Vacas, aquí, en la Casa de las Conchas, y luego asistí a un acto de Pentadrama y comencé a conocer a todos los poetas de ese grupo. Después llegaría Papeles del Martes… de cuya revista actualmente formo parte de su coordinación.
Ch.A.: ¿Esta máxima es tuya? “La poesía no compite, se comparte”.
Ch.G.: No, es del “Ágora de la Poesía de León”. También se usa la de Celaya, la poesía como arma cargada de futuro. La poesía, como escribió Roque Dalton es como el pan, de todos.
Ch.A.: Y tú que participas en tantos actos solidarios y eres combativo, ¿también la ves como un arma cargada de futuro social?
Ch.G.: Creo que sí, por eso a los primeros que callan y asesinan es a los que utilizan el arma de la palabra.
C.B.: ¿Estos son tiempos complicados para leer poesía?
Ch.G.: La poesía es a veces lo único que puede salvar al mundo o que te devuelva a tu eje. Y es un acto humano, con lo cual, no puede disociarse de su tecnología. En el futurismo comenzaron a meter la técnica y objetos actuales en el poema ¿Por qué ahora no? Estos tiempos son igual de buenos para la poesía, y yo, por ejemplo, siempre meto palabras griegas en los poemas como dice mi amiga poeta Vanora. Oye, qué bonita es la música que está sonando.
Ch.A.: Es el video arte de Cris García-Camino. Música celta.
Ch.G.: ¡Cómo me gusta la expo de Cris y la música celta! Y la mitología irlandesa. Hay algo de druida en estos poemas. Es la norma, la esencia, después de todo, nuestra esencia.