Termina la visita del papa León XIV a España, tras visitar Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, iniciada apenas dos semanas después de publicar su Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad) sobre inteligencia artificial y ser humano, tras criticar la guerra durante meses, levantar la voz contra el trato a los inmigrantes y contra las desigualdades económicas. Temas todos ellos que ha tratado a lo largo de los múltiples eventos monográficos llevados a cabo durante la semana que acaba y que bien podríamos llamar la “semana del Papa” porque todo el país ha estado volcado e inmerso, de una manera u otra, en la visita.
La semana terminó ayer viernes en Tenerife con una visita al centro de acogida de inmigrantes Las Raíces y una misa multitudinaria en Santa Cruz. El drama de todos los tiempos, el migratorio, ha estado presente en todas las manifestaciones del Papa durante su viaje a España, hasta culminar con una visita al muelle de Arguineguín, en Las Palmas, donde en 2020 llegaron miles de migrantes que desbordaron todas las previsiones de asistencia. Allí, el papa León, en su actitud más franciscana dijo: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera”.
Sus palabras, evocando el humanismo y la dignidad humana que pusiera de manifiesto el pensamiento de la Escuela de Salamanca allá en el siglo XVI, resuenan en el aire (paradojas de la vida) justo el mismo día en que la Unión Europea pusiera en marcha el Pacto Europeo de Migración y Asilo que supone un giro de Europa, desde su apertura, hacia una política migratoria más restrictiva, centrada en la vigilancia y el retorno, con controles fronterizos, bases de datos biométricos, deportaciones más rápidas y externalización de emigrantes a campos de acogida en otros países, lo que supone un importante retroceso en derechos humanos y la aplicación de la política más restrictiva que la Unión Europea ha tenido con los migrantes en su historia.
La visita del papa León XIV ha dejado momentos memorables, especialmente vinculados a su palabra, a lo que ha dicho en cada ocasión. Máxime en estos tiempos convulsos en los que la polarización, las falsedades y la tergiversación alejan el discurso y la conversación pública de lo que debería ser su centro de atención: el ser humano y su dignidad.
La presencia del Pontífice en territorio español se ha desarrollado como cabía esperar: sin ninguna sorpresa y en olor de multitudes. La historiografía nos dice que no hay en el mundo líderes que conciten tantos seguidores y tanto entusiasmo. El lema de la visita apostólica “Alza la mirada”, cuya idea está en el Evangelio de San Juan (4,35) invita a quienes le siguen a alegrar los corazones y a un sano estado de ánimo. Este Papa, que parecía reservado y un tanto misterioso, nos ha revelado la defensa decidida y abierta a la conversación pública de un proyecto pacifista e igualitario, como también la firmeza de que la doctrina clásica de la Iglesia sobre temas como el aborto y la eutanasia no va a cambiar.
La Iglesia de Roma es la última gran entidad universal existente. El catolicismo practicante y el catolicismo impreciso, forman hoy el mayor grupo religioso del mundo, el más influyente, pacífico, heterogéneo, mejor articulado. Con base en ello, León XIV está intentando impulsar el catolicismo como una ética humanística global frente a la disrupción tecnológica y por eso escribe la encíclica Magnifica Humanitas. A la vez, pretende mantener la unidad de la Iglesia renovando y también conservando. En pro de ambas cosas viajó a España y, a tenor de la gran acogida que ha tenido, parece que el viaje ha sido todo un éxito, la diplomacia vaticana ha funcionado.
El Papa no ha dejado a nadie indiferente. Ya en la programación de su viaje era consciente de la alta polarización y crispación que existe en la vida política de nuestro país. Por eso, nada más pisar tierra española, en su primera intervención pública, Robert Francis Prevost Martínez tomó el toro por los cuernos y anunció que venía “a alentar e inspirar (...) una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta nación”. Y nos recordó que la historia de España evoca el que “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”.
Sabias palabras estas de León XIV pero que no parece vayan a cambiar el clima crispado reinante. Haríamos bien con tenerlas en cuenta, porque el gran mérito de Prevost Martínez es lograr que su discurso sea seguido y valorado positivamente, no solo por la comunidad católica, también por los laicos que respetan sus puntos de vista. Ahí está, a nuestro entender, la clave de su liderazgo y estilo propio.
No podemos profundizar aquí en el desarrollo de cada uno de los eventos o encuentros que ha tenido el que podríamos llamar “Papa prudente y pacificador” con los colectivos afectados: Conferencia Episcopal, comunidades religiosas, instituciones del Estado, sociedad civil, políticos, jóvenes, presos, inmigrantes, desfavorecidos o víctimas de abusos sexuales en la infancia. Nos limitaremos a citar una muestra de cada uno de los lugares visitados: las Cortes Generales en Madrid, la bendición de la Sagrada Familia en Barcelona, la visita y encuentro con la emigración en el muelle de Arguineguín en Las Palmas, tal y como hemos tratado más arriba. Sin desmerecer la importancia de ninguno de todos los demás actos y encuentros realizados que, en su conjunto, han puesto de manifiesto el compromiso del papa León con la doctrina social de la Iglesia.
En cuanto a lo primero, cabe plantearse si ¿es correcta la presencia del Papa en el Parlamento español? Hay contraste de opiniones en la respuesta, para unos, un país laico no debería prestar la tribuna de la soberanía nacional a ninguna religión; para otros, lejos de violar la aconfesionalidad del Estado su presencia la encumbra. La realidad es que España es un país aconfesional y la Constitución española establece de forma explícita que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, pero también dice en su artículo 16.3 que los poderes públicos “tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española”. La cuestión de qué supone el laicismo, la aconfesionalidad del Estado no significa indiferencia ni exclusión de los asuntos de interés público. Pensamos que la presencia del Pontífice en las Cortes ha sido una prueba superada de la democracia.
León XIV ha sido el primer Papa de la historia en dar un discurso en las Cortes Generales españolas (otros papas lo han hecho en otros parlamentos) ¿Habló como líder religioso o como jefe del Estado Vaticano?, ¿lo hizo ante los representantes de un estado laico, para una monarquía católica como es la española, para la comunidad internacional o para la humanidad? A tenor de lo que dijo, el acto en sí trascendió lo político para centrarse en los aspectos humanitarios y en la necesidad de rebajar los comportamientos agresivos que polarizan los mensajes y crispan la vida. Algo comprensible y de interés general. Los diputados y senadores aplaudieron intensamente el discurso durante más de siete minutos. Un papa pacificador parecía haber hecho el milagro del entendimiento, lástima que fuera tan fugaz porque en poco más de 48 horas la crispación volvía a la misma tribuna, más fuerte que nunca, si cabe.
La huella de León XIV a su paso por Barcelona ha quedado patente en la cárcel de Can Brians con los presos, en Montserrat con la espiritualidad, en el barrio del Raval con los más desfavorecidos, en la misa solemne en la Sagrada Familia para conmemorar los cien años de la muerte de Antonio Gaudí, culminando su visita a Cataluña con la bendición de la torre de Jesucristo, coronada con la cruz de la basílica. Un acto magnifico, sublime, con música en vivo emanada por una orquesta desde la propia cruz en lo más alto y un festival de luces que pusieron de manifiesto la genialidad del “arquitecto de Dios” así nombrado por el Papa. Una oportunidad con la que "Desde Catalunya, desde la Sagrada Familia, se iluminó el mundo” en palabras del presidente de la Generalitat.
A nuestro entender, la visita de León XIV a España ha supuesto una contribución importante a la superación del nacionalcatolicismo y el anticlericalismo de tiempos pasados, así como una píldora para la tolerancia, el respeto y el humanismo. Exactamente lo que se espera de una democracia madura. Tras la despedida del Santo Padre, se respira un ambiente de profunda satisfacción y la sensación de que ha dejado una huella muy positiva en la ciudadanía. Aunque cada uno lo verá desde su perspectiva, parece que nos deja en el aire ese ruego de que España no se estropee.
Les dejo con Alza la Mirada | El Himno Oficial para la visita del Papa León XIV a España:
https://www.youtube.com/watch?v=aAPGJxp4dUA&list=RDaAPGJxp4dUA&start_radio=1
© Francisco Aguadero Fernández, 13 de junio de 2026
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