Tras comprar un décimo de lotería, durante días un jornalero de Cabezabellosa no reparó en que tenía el premio mayor, enterándose por sorpresa al ir a comprobar el décimo donde lo compró, volviendo a La Armuña ya como jornalero rico.
Corría el año 1899 cuando en Salamanca cayó el premio mayor de la lotería, con un premio de 10.000 pesetas de la época por décimo ganador. Sin embargo, al no haber reclamado nadie durante días un décimo premiado del que solo se sabía que se había vendido en Salamanca una participación, esto provocó que se extendiesen por la ciudad dimes y diretes sobre a quién le podría haber tocado tamaño premio.
Y es que los días pasaban y el agraciado seguía sin aparecer. Se conocían los poseedores de nueve de los décimos de la lotería agraciados con el premio mayor, pero el décimo restante vendido en Salamanca, la última participación, seguía sin aparecer. Nadie reclamaba su cobro, siguiendo la incógnita extendida por la ciudad, desatándose rumores de todo tipo.
Sin reparar en ello, un jornalero de Cabezabellosa de la Calzada se acercó despreocupado a la ciudad de Salamanca el 23 de abril de 1899, dirigiéndose a un puesto de venta de periódicos que también vendía lotería, ubicado en las escalerillas del Pan (más conocidas posteriormente como escalerillas de Pinto, por haberse ubicado a la bajada de estas la farmacia de Villar y Pinto, hoy de Escudero), que nacen de una esquina de la Plaza Mayor.
No era consciente entonces este armuñés de la suerte que llevaba en su bolsillo en forma de décimo de lotería. Y es que, tras comprar hacía ya unos cuantos días un décimo de lotería en Salamanca, el jornalero había regresado a Cabezabellosa sin reparar en qué número había sido el agraciado en el sorteo de lotería en el que participaba.
De este modo, cuando volvió pasados unos días a la capital provincial a hacer gestiones, aprovechó a pasarse tranquilamente a comprobar si había algo de suerte con aquel décimo. Sin embargo, cuando le pidió a Sebastián Álvarez, dueño del puesto de periódicos donde había comprado el décimo, que le mirase a ver si le había tocado algo con aquel décimo, este le dio la noticia de que le correspondían 10.000 pesetas a aquel décimo.
Ante tal noticia, este vecino de Cabezabellosa no pudo reprimir su alegría y dio un abrazo al vendedor de prensa y lotería, a quién le ofreció 25 pesetas como gratificación por haberle vendido aquel décimo de lotería premiado, tras lo cual el jornalero armuñés volvió a su pueblo, Cabezabellosa de la Calzada, ya como jornalero rico, llenando de alegría a su familia al contarle la noticia a su regreso al pueblo.
De este modo, se ponía punto y final a la incógnita que llevaba días sobrevolando Salamanca de quién había sido el agraciado con el décimo de lotería vendido en la ciudad que se había llevado el premio mayor. Sin embargo, aunque los chismes dentro de la capital apuntaban a posibles ganadores dentro de los vecinos de la ciudad, finalmente este premio se fue a la comarca de La Armuña, a Cabezabellosa de la Calzada.
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