La visita a España del papa León XIV es uno de los acontecimientos más significativos de 2026. Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife serán los principales destinos en los que el Pontífice participará, entre el 6 y el 12 de junio, en diversos eventos oficiales e institucionales y en los que la ciudadanía podrá ser testigo o partícipe. Lo que ocurra en estos días, el cómo y sus consecuencias, lo trataremos en otro momento. Ahora, centrémonos en lo que ha sido su primer año de papado.
El 28 de junio de 2025, tras hablar de su nombramiento como Papa, su origen con ascendencia materna española que la lleva en su segundo apellido (Martínez) así como de su universalidad, terminábamos esta columna diciendo: “De su pontificado hablaremos en otra ocasión”, cosa que haremos ahora. Evidentemente, nos referíamos a León XIV que, en aquel entonces, llevaba solo unos días en el cargo.
Empezó León XIV a liderar la Iglesia Católica en un contexto complicado, divergente y polarizado. En el interior, fuertemente tensadas las dos corrientes habituales en las que se mueve la Curia Romana: el alma tradicionalista o conservadora por un lado y el alma progresista o reformista por otro, habían creado un ambiente irrespirable en el seno de curia. En el exterior, un contexto marcado por las guerras, la vulneración del derecho internacional, de los derechos humanos, el genocidio, la degradación de las instituciones multilaterales, la voladura del orden internacional y una corriente ultraderechista que pone en cuestión los valores de la democracia. Asuntos globales a los que el nuevo Papa está respondiendo acertadamente.
Recordemos que el religioso agustino fue nombrado Papa con el respaldo del 80 % de los electores del cónclave. Sus primeras palabras desde el balcón central de San Pedro, marcaron el tono de por donde vendrían las cosas: “Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”, dijo ante los miles de fieles que abarrotaban la plaza.
Quienes conocen de cerca a Robert Prevost lo definen como un hombre humilde, sencillo, sobrio, cercano, receptivo, dialogante, yo diría de carácter castellano, que rehúye facilitar titulares informativos deslumbrantes, que le gusta escuchar, reflexionar y luego tomar decisiones. Un hombre de gestos y acción que prefiere el silencio institucional. Eso es lo que ha hecho y hemos visto en el primer año de su pontificado. Un Papa tradicional e institucionalista en las formas y reformista en los asuntos de la vida.
Solo ha pasado un año y se ve cómo el pontificado de Robert Francis Prevost Martínez (León XIV) va por ese camino. Ha sido un año fecundo y que da mucho para hablar, aunque aquí nos limitaremos a una síntesis de lo que creemos más significativo. Podemos decir que el balance de su primer año de pontificado se ha caracterizado por una consolidación de las reformas sinodales, en el interior de la Iglesia; el saneamiento de las cuentas del Vaticano, un marcado perfil diplomático en el exterior; y la búsqueda de un estilo de liderazgo propio, fuerte e independiente.
Una de las primeras, importante y delicada terea de todo cambio de liderazgo es la de gestionar la herencia recibida, máxime, cuando se trata de una organización universal, con más de 2.000 años de historia y diferentes corrientes de pensamiento en su interior como es la Iglesia Católica.
Con la tranquilidad y mesura que le caracteriza, durante los seis primeros meses León XIV asumió y mantuvo el camino trazado por su predecesor el papa Francisco con quien colaboró intensamente en el Vaticano, pero seguidamente se enfocó en la unidad de la curia, la sobriedad institucional y la paz, imprimiéndole su impronta de estilo propio.
Por otra parte, el déficit estructural crónico heredado de las cuentas de la Santa Sede, era el mayor desafío financiero con el que se encontró Prevost Martínez. El saneamiento de las mismas le obligó a impulsar medidas de control del gasto y promover donaciones que permitieran estabilizar las cuentas e iniciar la recuperación.
Con todo, el maleado ambiente tanto interno como externo, ya citado, requería de un estilo propio con el que supo responder el nuevo Papa, adoptando un rol activo en la mediación internacional, fundamentalmente ante las guerras y sus consecuencias. Posicionando al Vaticano como un actor ético y sirviendo él mismo de contrapeso moral frente a figuras controvertidas, como Donald Trump, que promueven esas guerras y actúan sin importarle el sufrimiento humano. El nuevo Papa no teme a los gobernantes, “no le tengo miedo a Trump” llegó a decir, pero tampoco busca el enfrentamiento como método de actuación. Es difícil encontrar en toda la historia de la Iglesia un papado que en menor tiempo haya conseguido más influencia e impacto en el tablero geopolítico mundial, que la conseguida por León XIV.
La gestión de Prevost Martínez en y desde la Santa Sede durante este primer año de pontificado que acaba de cumplirse, goza de un gran consenso global positivo, aunque, como no podía ser de otra forma, no esté exenta de polémica, críticas y detractores. Amén de cuestiones pendientes de abordar profundamente como los casos de abuso sexual a menores cometidos por miembros del clero o la situación de la mujer en la Iglesia.
Fuera de la organización eclesiástica y sin él pretenderlo, León XIV se ha erigido como líder mundial no solo entre los 1.406 millones de almas que profesan la religión católica o los más de 2.600 millones de cristianos que representan el 31 % de la población mundial, también entre una gran parte de la población atea, agnóstica o no creyente, que no profesan ninguna religión. Le ha bastado un año para ser reivindicado, sino por todos, por la inmensa mayoría de la población.
León XIV se erige como un líder propio para el siglo XXI, haciéndole frente al signo de los tiempos que le ha tocado, que nos ha tocado vivir, como lo evidencia la publicación y el contenido de su primera encíclica Magnífica Humanitas (Magnífica Humanidad) de la que hablaremos en otro momento.
Internamente, su desafío en este segundo año de mandato que ya ha comenzado, es mantener la continuidad sinodal, sin romper la unidad de una Iglesia que, tras un año del cónclave que le nombró Papa, aún está aprendiendo a reconocerse en su nuevo Santo Padre. Externamente, la paz y el estar al lado de los pobres están entre sus principales apuestas. Paz y Bien.
Les dejo con el Himno del Papa León XIV:
https://www.youtube.com/watch?v=Xsl-ArfGgdE&list=PLz6MsIAfzh1b-su4WKpyBmwWEsJ-U-745&index=9
© Francisco Aguadero Fernández, 6 de junio de 2026
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