Jueves, 04 de junio de 2026
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La Pampa
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La Pampa

Publicado 04/06/2026 10:59

De todas las descripciones geográficas hasta hoy escritas sobre la República Argentina, dos son las que han sido para mí como un faro guía: la primera corresponde a la excelsa pluma de un sanjuanino llamado Domingo Faustino Sarmiento que en su obra “Facundo” hace una descripción física muy precisa; la segunda corresponde a Eduardo Mallea en su “Historia de una pasión argentina”, otro estilo, otro tiempo…pero al igual que la anterior llega a los sentimientos.

Por ello, al intentar una nueva descripción lo que pretendo es otra visión del mismo paisaje, pero que además sirva de homenaje a los grandes narradores argentinos.

Cuando la América del Sur, ese gigante marrón y verde, delinea su angostura continental para dar cabida en su vientre al Atlántico Sur, se dibuja claramente la República Argentina, dando la sensación al mirarse el globo terráqueo que es una figura de mujer enfundada entre la Cordillera de los Andes por el poniente y el Océano Atlántico por el oriente, como si desde el extremo sur del continente, en la isla de Tierra del Fuego, se estuviese tirando hacia abajo y modelando tal esbelta figura femenina.

Por el norte serpentean lechos y cauces de ríos como el Bermejo y el Pilcomayo, que nos separan de Paraguay y aún más al oeste, en ese mismo norte, Salta y Jujuy con quebradas y montañas nos diferencian del Altiplano Boliviano. Por momentos se confunde en estas latitudes el norte del sur, ya que de una misma masa geológica se trata.

Del mismo modo, la Mesopotamia argentina, nos hace compartir una larga frontera con Brasil desde la provincia de Misiones hasta que comienza más al sur, a la altura de la provincia de Corrientes la frontera con Uruguay que se extiende hasta el Río de la Plata.

Existen dos mesopotamias en el mundo: la del Éufrates y el Tigris ubicada en el Oriente Medio, abarcando principalmente los territorios de los actuales Irak, Siria y el sudeste de Turquía y la Mesopotamia argentina. Pero ésta última es imperfecta, ya que, si bien etimológicamente significa tierra entre dos ríos, existe una zona en la región más oriental de la misma, en su extremo norte limitando con Brasil donde la frontera es seca.

Todos los grandes espacios al norte del Río de la Plata y al este del Río Uruguay pertenecen a las regiones más meridionales del macizo brasilero, del período secundario y cuya omnipresencia llega hasta el Amazonas. La tierra misionera penetra en ese macizo como un machete en los Estados de Pará y Río Grande do Sur, los dos más australes de los Estados Federativos de Brasil.

Recostada en nuestra columna vertebral de América del Sur, la Cordillera de los Andes, la tierra chilena, extremadamente longilínea e irregular se extiende entre las Altas Cumbres y el Pacífico, y de forma abrupta la tierra entra en el océano. En el caso argentino, lo hace suavemente hacia el Atlántico, conformando una de las mayores plataformas continentales del mundo. En medio, es decir entre Cordillera y Atlántico, uno de los territorios de la Tierra con más baja densidad de habitantes por kilómetro cuadrado: la Patagonia. Tierra de valientes no solamente en el pasado, sino también en la actualidad, ya que la inclemencia del tiempo y las grandes distancias la hacen difícil para vivir, aunque fascinante para los coterráneos de las provincias de Santa Cruz, Chubut, Neuquén y Río Negro.

Argentina es casi como un continente ya que cuenta con cerca de 3.000.000 km2 en su parte continental, que sumada a los espacios insulares y a nuestro sector antártico los posicionan como el octavo territorio del mundo.

La palabra argentina deriva del latín argentum que significa plata. Y la argentina viene a simbolizar la tierra de plata. Pero más que por aquellos tesoros precolombinos, el verdadero valor que atesora hoy día, está en su tremendo potencial de recursos aún no explotados en gran parte.

¡Sí! La verdadera riqueza comienza por las dimensiones que encierra. Dimensiones y distancias de gigante. ¡Cómo puede si no entenderse el concepto de Pampa! Pampa es sinónimo de llano, amplitud, pastos, tierra negra, agua en abundancia y fauna y flora únicas. ¿Cómo es que pueden existir mares de trigo y girasol ondeantes hacia los cuatro puntos cardinales, hasta donde la vista alcanza? ¿En qué otra región de la tierra puede verse en la línea del horizonte un crepúsculo que sangra sobre las chalas de maíz y refleja en el cielo el milagroso sentimiento de la grandiosidad de las distancias y de los espacios infinitos?

Cuando el día apaga sus luces y el lucero y las estrellas reflejan ciudades y pueblos distantes entre sí por cientos de kilómetros, nuestra mente se pregunta cosas, leyendas, hechos que, durante los últimos 500 años ocurrieron y aún hoy ocurren en ese desierto “fértil” que es La Pampa, en esa inmensidad que incluso es como si se agigantara durante el silencio de la noche.

La Pampa compite con la llanura ucraniana, por el primer puesto en calidad de tierra fértil. Por las famosas tierras negras. La Pampa es sinónimo de libertad, de tiempo, de lucha, de sacrificio. Por ella transitaron todas las religiones y todas las razas. En ella se establecieron sociedades diversas. Pródiga y vasta, amplia y fecunda, cobijó generaciones de criollos y colonos. Su perfume se huele en la distancia y en los ceibos, – la flor del ceibo es la que tiene el rango de nacional- paraísos, sauces, algarrobos, chañares, eucaliptos, y cuántas otras especies que, como vigías de la distancia, hacen de las delicias de los espacios arbolados que tanto refresco significan para la siesta del ganado y del viajero ante el fuerte sol del verano, implacable pero vital. El árbol se levanta en La Pampa como una promesa de reposo para el trabajo, de descanso y frescura, para hombres y bestias.

A la Pampa la recorren cientos de ríos y arroyos, que en sus meandros delimitaron tierras, atestiguaron batallas por la independencia y alimentaron la cimiente de una tierra mágica. ¡Qué decir que más del 50% de la riqueza generada por la Argentina se produce en esta región! ¡Qué pensar en cuanto a la distribución poblacional de la Argentina, cuando en esta región se aloja más del 40% del total de habitantes del país! ¡Cómo no va a ser así, cuando su territorio se extiende por las provincias de Buenos Aires, sur de Córdoba, sur de Santa Fé, San Luis y su provincia homónima La Pampa!

La Pampa es el nudo, a su vez, del cual surgen en todas las direcciones otras realidades geográficas, y consecuentemente sociales y económicas. Por el norte, en su extremo oriental la Mesopotamia, por el centro los llanos santafecinos y las últimas llanuras cordobesas que dejan paso así a sus serranías, muriendo los primeros en las provincias de Chaco y Formosa y las segundas en la aridez de Santiago del Estero y los Valles Calchaquiés en el norte, en las provincias de Tucumán, Salta y Catamarca.

Por el oeste, las tierras puntanas, último cobijo de su poniente para rematar en las ricas tierras cuyanas, por el sur la colosal Patagonia con sus recreos fértiles en toda la zona del Alto Valle del Río Negro, una de las zonas de mayor producción de frutas del mundo.

Todas estas derivaciones de La Pampa hacia el norte, el sur, el este y el oeste, son dependientes geológicamente de ésta, como consecuencia de movimientos geológicos que en sucesivas etapas de la evolución de la tierra las condicionaron. Esta mutua dependencia por diferencias temporales geológicas ha determinado una superficie casi única, incluso con algunas depresiones, pero absolutamente inigualable en distancias, tamaños, formas, luz solar, pureza del aire, verde de la flora, tamaño de los cereales y calidad de las carnes en ella producida.

Lo decía Nino Bravo en su canción de América, que “cuando Dios hizo el Edén pensó en América”. Y una necesaria aclaración: desde Canadá hasta la tierra del Fuego que comparten chilenos y argentinos, todo es América. Por ello, siempre me he sublevado a ese prurito de los estadounidenses que cuando dicen, por ejemplo, “soy un ciudadano americano”, en realidad perfectamente podría decirlo un ecuatoriano, un colombiano o cualquier otra nacionalidad de las que conforman este vasto continente.

Y otro reconocimiento que no puedo dejar de lado: hablamos el español que los españoles nos enseñaron. Y no hay capital de provincia en Argentina que no tenga una Plaza Mayor, una Iglesia y un Cabildo, porque aún hoy está viva en todo Iberoamérica lo que España nos legara. Es un vínculo históricamente indisoluble, ya sea por lengua, cultura y también y no menos importante, religión.

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