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“Esta mierda produce cáncer”: El duro testimonio de Ana, una salmantina que lucha por dejar el tabaco
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31 DE MAYO | DÍA SIN TABACO

“Esta mierda produce cáncer”: El duro testimonio de Ana, una salmantina que lucha por dejar el tabaco

Publicado 28/05/2026 12:50

A través de terapias grupales especializadas, esta salmantina busca herramientas para apagar su último cigarrillo y superar el sentimiento de culpa que le acompaña

Afrontar la dependencia a la nicotina después de vencer una enfermedad oncológica supone un reto mayúsculo que mezcla barreras físicas y un profundo desgaste emocional. Ana Peralvo tiene 52 años y fuma desde los 16. Su historia es la de muchas personas que se enfrentan a una adicción fuertemente arraigada, pero con un condicionante vital que lo cambia todo: es paciente oncológica. Tras someterse a una operación para extirpar un tumor, esta salmantina ha decidido plantar cara al tabaquismo de la mano de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

En el Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora cada mes de mayo, su testimonio visibiliza una realidad a menudo silenciada por el estigma social. Actualmente, Ana participa en un grupo de deshabituación tabáquica creado específicamente para personas que han atravesado un proceso oncológico, una iniciativa coordinada por la psicóloga de la asociación, Sara Batanero.

La experiencia en este entorno especializado resulta radicalmente distinta a sus intentos anteriores. A lo largo de su vida, la salmantina ha probado multitud de métodos,

desde cursos e hipnoterapia hasta tratamientos farmacológicos con pastillas, logrando abstinencias máximas de apenas diez días. Ahora, la comprensión mutua entre los asistentes crea un espacio seguro donde no hay juicios. “Estar recuperándote de un cáncer y seguir fumando es algo que solo lo entendemos los fumadores”, confiesa.

“A mí me da mucha vergüenza que me hayan operado de un cáncer y que siga fumando. Es vergonzoso”, relata Ana con crudeza. La paciente reconoce que asimilar esta realidad es extremadamente compleja, especialmente cuando ha logrado superar situaciones vitales muy duras en los últimos años. “No es normal que haya superado todo eso y que no sea capaz de superar un cigarro, quitármelos todos y decir se acabó, y respirar”, reflexiona. A sus 52 años, observa cómo su entorno ha ido abandonando el hábito. En su centro de trabajo apenas quedan fumadores y en sus recientes vacaciones era una de las pocas personas de su grupo que mantenía la adicción. Esta sensación de aislamiento y culpabilidad se ve agravada en ocasiones por la incomprensión del propio entorno sanitario.

Por este motivo, destaca que la terapia grupal de la AECC resulta vital para su avance. El grupo le proporciona un refugio donde sus compañeros comprenden que esta adicción no es algo que se pueda dejar “de hoy para mañana”. Para Ana, el verdadero reto no reside en la abstinencia de la sustancia, sino en los hábitos adquiridos durante décadas.

“Yo creo que es más la adicción psicológica que la de la nicotina. Al final, la nicotina la puedes sobrellevar, pero la psicológica es la que está ahí, que hace que recaigas, que vuelvas, que te apetezca, que te engañes”, detalla con sinceridad. Aunque todavía no ha logrado fijar la fecha definitiva para apagar su último cigarrillo, los avances en su tratamiento son notables. Ha conseguido reducir su consumo diario de un paquete completo a una horquilla de entre seis y ocho cigarros. Encontrar el momento exacto para dar el paso definitivo resulta difícil porque, tal como admite, “siempre hay alguna mala excusa”. En este proceso de reducción y concienciación, el respaldo de su círculo más cercano juega un papel fundamental. “Tengo muchísimo apoyo, sobre todo mis hijos, mi familia, mis amigos. Toda la gente me anima, nadie me juzga”, agradece la paciente, quien subraya que este esfuerzo también lo realiza por ellos, para devolverles el cariño recibido.

El objetivo final está claro y la motivación se renueva cada día. Para Ana, la perspectiva de la vida ha cambiado radicalmente. “Respirar todas las mañanas para alguien que ha superado un cáncer es un regalo divino”, asegura. Esta toma de conciencia le hace replantearse sus actos diarios: “Si estoy respirando y estoy metiendo mierda, qué es lo que estoy haciendo”, se cuestiona,reafirmando su voluntad de lograr una salud integral.

Con la mirada puesta en el momento en que finalmente logre superar esta adicción, la salmantina ya tiene preparado un mensaje para su yo del futuro: “Cuando lo consiga le diré que fue muy valiente, porque esto es una auténtica guerra mental”, concluye.