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“El peor fracaso es no intentarlo”, asegura esta psicóloga salmantina sobre el dejar de fumar
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DECLARACIONES

“El peor fracaso es no intentarlo”, asegura esta psicóloga salmantina sobre el dejar de fumar

Publicado 28/05/2026 12:51

La psicóloga Sara Batanero forma parte de un pilotaje nacional que busca convertir la deshabituación tabáquica en el cuarto pilar del tratamiento contra la enfermedad

Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora el próximo 31 de mayo, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Salamanca ha reforzado su compromiso con la salud integral de los enfermos.

Esta entidad, consolidada como el principal referente provincial en el apoyo psicológico, social y de investigación para los pacientes oncológicos y sus familias, cuenta con un programa de deshabituación tabáquica adaptado a la compleja realidad médica de cada afectado.

El proyecto, que actualmente se e n c u e n t r a en fase de p i l o t a j e , adapta las terapias psicológicas a la compleja realidad física y emocional de los enfermos, abordando de frente el estigma que a menudo acompaña a esta adicción durante el proceso médico.

Los profesionales de la psicooncología han detectado una necesidad vital de crear un enfoque especializado y profundamente humano para quienes ya se encuentran inmersos en la lucha contra la enfermedad. “Lo que estamos haciendo ahora es un pilotaje del protocolo de un programa para dejar de fumar dirigido a población oncológica. Hemos diseñado el programa y lo estamos pilotando a ver cuál es la efectividad que tiene”, explica una de las psicólogas de la asociación en Salamanca, Sara Batanero.

El objetivo de este diseño es evaluar su impacto real en un grupo de pacientes que se enfrentan a una doble batalla. Los datos médicos respaldan esta urgencia, ya que abandonar el hábito mejora notablemente la calidad de vida, la eficacia de los tratamientos y los resultados de las intervenciones quirúrgicas a las que deben someterse los afectados.

La ambición de la asociación va mucho más allá de ofrecer un simple taller de apoyo. “Lo que estamos intentando desde la asociación es que el programa para dejar de fumar sea el cuarto pilar del tratamiento del cáncer. Es decir, que esté contemplado como se contempla la cirugía, la quimioterapia o la radioterapia”, detalla Batanero.

La magnitud de los beneficios justifica plenamente esta integración en el sistema sanitario. Según indica la especialista, la investigación científica ha demostrado que dejar el tabaco aumenta un 50 % la supervivencia de los pacientes. De hecho, en determinadas situaciones clínicas, este paso “puede ser más efectivo que el propio tratamiento médico”.

Por ello, desde la organización defienden que el consumo de tabaco debería abordarse de forma natural en la historia clínica de cualquier persona. Lo idóneo sería que se preguntara sobre este hábito desde la primera consulta en el centro de salud hasta el momento de afrontar una intervención quirúrgica en el hospital. Paradójicamente, el t a b a q u i s m o sigue siendo un tema difícil de tratar en las consultas oncológicas. Batanero señala que, a menudo, los especialistas no preguntan al paciente si fuma, lo que genera un silencio perjudicial. “Nos encontramos con que hay un vacío ahí, hay como un poco de tabú. En algunos casos se vive con vergüenza por parte del paciente y con culpa, y eso hay que abordarlo mucho”, reconoce la psicóloga.

Esta profunda culpabilidad se suma al hecho de que muchos enfermos han utilizado el cigarrillo como una herramienta de gestión emocional desde la adolescencia. Ante el inmenso estrés que supone recibir un diagnóstico de cáncer, el recurso habitual es fumar, creando una falsa sensación de alivio que, en realidad, los introduce en un bucle de emociones negativas.

Por este motivo, las primeras sesiones del programa se centran en trabajar la autocompasión y desmontar el estigma. Muchas personas llegan a fumar a escondidas por miedo a las reprimendas de sus familiares, lo que aumenta su angustia en un momento de extrema vulnerabilidad.

“Que esté legal, que esté regulado y que esté aceptado no significa que no sea una adicción, y el tabaquismo es la adicción más potente que hay”, subraya Batanero. En este sentido, el programa ayuda a

los pacientes a entender cómo funcionan las adicciones y a reconocer las agresivas estrategias de marketing que la industria tabacalera ha utilizado históricamente para captarlos.

El perfil de los participantes varía significativamente según la etapa de su enfermedad. Algunos acuden al finalizar sus tratamientos, sintiendo que dejar de fumar es el último paso hacia su recuperación. Otros, especialmente aquellos con diagnósticos muy vinculados al tabaco como el cáncer de pulmón, llegan durante el tratamiento activo, sintiendo una mayor presión por abandonar el hábito rápidamente.

Para abrazar estas diferentes realidades, el programa ofrece una reducción gradual del consumo, acortando los plazos cuando la urgencia médica lo requiere. Además, la modalidad online ha supuesto un gran avance organizativo y humano. Este formato telemático permite agrupar a pacientes a nivel nacional, evitando angustiosas listas de espera de meses.

Al mismo tiempo, se mantiene una atención cercana para las personas de Salamanca y su provincia. “Siempre decimos que el peor fracaso es no intentarlo, que es una adicción y que es complicado. Hay gente que ha necesitado varios intentos, gente que no lo ha conseguido a la primera y gente que sigue en el proceso”, concluye la psicóloga.