Lejos de los banquillos, Vicente del Bosque y su hijo Álvaro repasan su historia familiar de superación y amor incondicional alegando a “una sociedad más justa, humana e inclusiva”
La normalización no es solo una palabra en el vocabulario de la familia Del Bosque; es una forma de vida y una reivindicación constante. El exseleccionador nacional, Vicente del Bosque, ha defendido en numerosas ocasiones que el apoyo a la discapacidad representa el “mínimo compromiso social que todas las personas debemos tener”. Con esta firme convicción, el técnico visitó la redacción de SALAMANCArtv AL DÍA acompañado de su hijo mediano, Álvaro, que nació con síndrome de Down y ocupa un lugar muy especial en la dedicación y el discurso de ese padre.
Durante la entrevista, el artífice de los mayores éxitos de la selección española de fútbol se despoja del traje de entrenador para mostrar su faceta más íntima. Una conversación pausada sobre los miedos iniciales, las decisiones vitales y las lecciones que un hijo con síndrome de Down puede enseñar a quien lo ha ganado todo en el deporte de élite.
Para entender la historia de la familia hay que remontarse a agosto de 1989. Vicente del Bosque recuerda con nitidez aquellos primeros días tras el parto, cuando los médicos confirmaron las sospechas. “Es un choque al que te vas a enfrentar, algo emocional”, confiesa el técnico. Sin embargo, la incertidumbre inicial pronto dejó paso a la acción: “La verdad es que luego no hemos tenido dudas”.
El camino no venía con un manual de instrucciones. “Esa toma de decisiones, para alguien que no está instruido en qué hacemos o cómo lo hacemos, ha sido una incógnita que hemos ido resolviendo de la mejor manera posible. Yo creo que hemos acertado en casi todo”, reflexiona el exseleccionador con la perspectiva que da el tiempo.
Uno de esos grandes aciertos fue la apuesta innegociable por la educación ordinaria. “Desde pequeñito buscamos la integración escolar. Para nosotros era vital evitar que fuera a un colegio de educación especial”, detalla. Álvaro asiente con un rotundo “sí” al recordar su paso por el colegio Sagrado Corazón de Madrid, un centro pionero en este modelo.
Allí, Álvaro fue uno más. “Cuando había cumpleaños de Álvaro o de otro compañero, todos venían o íbamos. Estaba integrado perfectamente. Esa fue una de nuestras mayores preocupaciones”, subraya el padre, destacando que la verdadera inclusión comienza en las aulas.
La integración de Álvaro ha abarcado todas las esferas de la vida, incluida la deportiva. Fiel a la herencia familiar, el fútbol ocupa un lugar central en su rutina. “Tiene su equipo, juega todos los fines de semana. Nos ponen los peores horarios muchas veces, pero no importa porque lo que nos interesa es que él juegue”, afirma Del Bosque entre risas con orgullo de padre
Esa convivencia diaria con la discapacidad ha moldeado también la forma en que el técnico entiende las relaciones humanas. Al ser preguntado sobre cómo Álvaro ha influido en sus valores y en su reconocida capacidad para gestionar grupos, Del Bosque traza un paralelismo directo con la gestión de un equipo de fútbol.
“Para nosotros era vital que el vestuario funcionara, y no hay nada más importante que unas buenas relaciones personales. Yo creo que Álvaro tiene esa capacidad para entender”, reflexiona. La seriedad, el respeto y la empatía que el técnico siempre ha exigido a sus jugadores son, en gran medida, un reflejo del ambiente de comprensión que se respira en su propio hogar.
El compromiso de Vicente del Bosque con el tercer sector es innegable. A lo largo de los años, ha cedido su imagen y sus recursos a múltiples causas. Sin embargo, es consciente de que aún queda mucho camino por recorrer en la sociedad “aunque se ha avanzado muchísimo”.
Durante la charla, se pone sobre la mesa un dato revelador: en España, apenas el 22 % de las personas con síndrome de Down tienen empleo. “Son datos que evidencian una falta de inclusión real”, se comenta en la mesa. Del Bosque reconoce la dificultad, pero también valora los pasos que se están dando desde las instituciones y el sector privado para fomentar la contratación.
Resulta imposible conversar con el único entrenador español campeón del mundo sin hacer una parada en el césped. El recuerdo del 11 de julio de 2010 sigue imborrable en la memoria colectiva. “La verdad es que ha sido un hecho histórico”, reconoce con su habitual modestia, atribuyendo el éxito al trabajo colectivo: “Las cosas suceden porque se hacen bien”.
Esa misma filosofía la aplica al analizar el momento actual de la selección española absoluta bajo la batuta de Luis de la Fuente. Del Bosque se muestra confiado en el relevo generacional y en la calidad del grupo. “Confiemos, tenemos muy buen equipo y buen entrenador”, asegura con firmeza.
El técnico salmantino destaca la profundidad del banquillo nacional como una de sus grandes virtudes. “Tenemos una plantilla muy amplia, incluso con dificultades para acertar en la confección, pero eso nos deja en buen lugar”, analiza, consciente de los benditos problemas que supone para un seleccionador tener exceso de talento.
Del Bosque también quiso poner en valor el crecimiento estructural del fútbol en España, haciendo una mención especial al desarrollo de la categoría femenina, hoy referente mundial. “Hace 15 años te dabas cuenta del trabajo que se estaba haciendo y cómo ahora, al cabo del tiempo, se están recogiendo los frutos”, añade.
Más allá de los terrenos de juego y los títulos, el verdadero legado que la familia Del Bosque desea transmitir a través del apadrinamiento de esta publicación un llamamiento a la empatía ciudadana.
Huyendo de discursos complejos, Vicente del Bosque apela a la mirada limpia y a la aceptación natural de la diversidad como pilar de convivencia. “Lo importante es que se vea la discapacidad con buen espíritu y no como algo negativo”, sentencia el técnico, resumiendo en una sola frase la esencia de un proyecto editorial que busca, precisamente, construir una sociedad más justa y humana.