Captar nuevas familias es un reto cada vez mayor para la asociación, una falta de relevo es un problema a nivel general y no una situación exclusiva de Salamanca
La Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Salamanca (AMPUSASA) ultima los preparativos para la llegada de los menores este verano. La iniciativa solidaria logra estabilizar su participación tras la pandemia, aunque se enfrenta a retos cada vez mayores para encontrar nuevos hogares y cumplir con los estrictos plazos administrativos exigidos por las instituciones.
El programa de acogida estival reunirá este año a 14 familias que abrirán sus puertas a un total de 15 menores. Estas cifras suponen mantener exactamente el mismo nivel de participación que en la edición anterior, consolidando la iniciativa en la provincia.
La responsable de AMPUSASA, Amparo Giménez, ha detallado que inicialmente contaban con 15 hogares confirmados. Sin embargo, "por motivos de salud, en el último momento y ya con toda la documentación", una de las participantes no ha podido continuar en el proceso.
Ante este contratiempo imprevisto, otra de las familias veteranas ha dado un paso al frente y asumirá la acogida de dos menores. El programa cuenta además con la incorporación de dos familias nuevas, que recibirán a niños que también viajan a España por primera vez.
La previsión oficial sitúa el aterrizaje de los niños a principios de julio. No obstante, desde la organización se muestran cautelosos ante esta fecha debido a los problemas logísticos experimentados en ediciones recientes. "Cuando vengan, no te lo digo hasta que no los tenga a mi lado", ha señalado Giménez, recordando que llevan dos años sufriendo retrasos significativos. El verano pasado, los menores no llegaron a la provincia hasta el 19 de julio.
Estas demoras suponen "una faena" para el desarrollo del programa. Por un lado, restan días de descanso a los pequeños y, por otro, alteran la planificación de las familias de acogida, que habitualmente organizan sus vacaciones durante la segunda quincena del mes y han sufrido "un desastre" organizativo en los últimos dos años.
Captar nuevos participantes es un reto cada vez mayor para la asociación. "Cuesta muchísimo, cada vez más", ha reconocido la responsable de AMPUSASA, quien aclara que esta falta de relevo es un problema a nivel general y no una situación exclusiva de Salamanca.
Desde la paralización obligada por la pandemia, las cifras de acogida se han mantenido estancadas y la iniciativa solidaria "no acaba de remontar" hasta los niveles previos a la crisis sanitaria.
A esta escasez de voluntarios se suman los estrictos plazos administrativos. La burocracia exige cerrar la campaña con mucha antelación, obligando a presentar toda la documentación requerida durante el mes de febrero.
Esta rigidez institucional provoca que algunas personas interesadas se queden fuera. De hecho, la asociación ya cuenta con familias apuntadas para el próximo año que deseaban acoger en esta edición pero llegaron tarde a los plazos, a pesar de las campañas de difusión realizadas a través de las redes sociales.