Miércoles, 27 de mayo de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
Magnifica Humanitas y el futuro del ser humano
X

Magnifica Humanitas y el futuro del ser humano

«Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos».

León XIV

«El peligro no es que las máquinas piensen como humanos, sino que los humanos piensen como máquinas».

BYUNG-CHUL HAN

La primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, aparece en un momento histórico marcado por una pregunta inquietante: ¿qué ocurrirá con el ser humano cuando la inteligencia artificial, los algoritmos y el poder tecnológico comiencen a ocupar el centro de la vida social, económica y cultural? El documento quiere responder precisamente a esa cuestión y lo hace retomando la gran tradición de la doctrina social de la Iglesia inaugurada por León XIII con Rerum Novarum. Si aquella encíclica intentó afrontar las consecuencias humanas de la Revolución Industrial, Magnifica Humanitas busca interpretar la revolución digital y sus efectos sobre la dignidad humana. Desde sus primeras páginas el texto advierte que la humanidad se encuentra ante una elección decisiva: construir una nueva Babel tecnológica o reconstruir una Jerusalén fundada en la fraternidad y el bien común.

El concepto central de la encíclica es claro: la tecnología debe servir al ser humano y nunca sustituirlo ni dominarlo. León XIV insiste en que la inteligencia artificial no es neutral porque siempre refleja intereses económicos, culturales y políticos concretos. El riesgo aparece cuando el progreso técnico deja de estar guiado por criterios éticos y convierte a la persona en un simple dato, consumidor o pieza funcional dentro de sistemas automáticos. El Papa advierte sobre la concentración del poder digital en grandes corporaciones capaces de influir en la información, la política y hasta en la conciencia colectiva. Por eso escribe que “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma”, retomando una expresión de Francisco.

Entre los conceptos clave destacan también la dignidad del trabajo, la verdad como bien común, la necesidad de una “ecología de la comunicación”, la defensa de los migrantes y la crítica al paradigma tecnocrático. El documento denuncia que la automatización puede generar nuevas desigualdades, exclusión digital y precarización laboral, mientras las redes sociales y los algoritmos favorecen la polarización y la manipulación informativa. En el fondo, la encíclica sostiene que el verdadero progreso no consiste únicamente en aumentar la capacidad técnica, sino en proteger aquello que hace humana a la humanidad: la conciencia moral, la libertad interior, la compasión, el cuidado de los más débiles y la apertura al otro. “La verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades”, afirma el texto, sino de un crecimiento humano sostenido por la solidaridad.

La encíclica también se mueve dentro de un horizonte claramente antropológico y filosófico. Se perciben influencias del personalismo cristiano de autores como Emmanuel Mounier o Jacques Maritain, especialmente en la idea de que la persona posee una dignidad irreductible que ninguna estructura económica o tecnológica puede absorber. También aparecen ecos de la crítica contemporánea de la técnica presente en pensadores como Martin Heidegger, Jacques Ellul o Byung-Chul Han, sobre todo cuando el Papa denuncia la hiperconexión, la pérdida de interioridad y la transformación de la vida en rendimiento permanente. Al mismo tiempo, el texto mantiene continuidad con el pensamiento social reciente de Francisco, especialmente con Laudato si’ y Fratelli tutti, ampliando la preocupación ecológica hacia una especie de “ecología humana digital”.

Sin embargo, Magnifica Humanitas no ha quedado al margen de las críticas y los debates. Algunos consideran que el documento ofrece una visión excesivamente pesimista de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías, subrayando más los peligros que las posibilidades positivas. Otros creen que denuncia bien los problemas, pero propone pocas soluciones concretas sobre regulación tecnológica, empleo o economía digital. También han aparecido críticas desde ambientes tecnófilos y transhumanistas, que ven en la encíclica una defensa demasiado clásica de la condición humana frente a las posibilidades de integración hombre-máquina. Y, sin embargo, incluso muchos críticos reconocen que León XIV ha logrado abrir uno de los debates morales más importantes de nuestro tiempo: qué lugar ocupa el ser humano en una civilización gobernada por datos, algoritmos y automatismos.

La gran aportación de la encíclica quizá esté precisamente ahí. No se trata de un rechazo simplista de la tecnología ni de un miedo irracional al futuro. León XIV reconoce explícitamente que la técnica puede curar, conectar, educar y mejorar la vida humana. Pero insiste en que el problema aparece cuando el ser humano deja de preguntarse para qué sirve el progreso y termina subordinándose a él. En ese sentido, el documento constituye una llamada a recuperar una visión integral de la persona, donde la inteligencia no se reduzca a cálculo y la libertad no quede absorbida por la lógica de la eficiencia.

Y ahí aparece la segunda gran cuestión: ¿qué significa seguir siendo humano en la era de las máquinas inteligentes? Significa, ante todo, recordar que una persona no es un algoritmo sofisticado. Las máquinas pueden procesar datos, imitar conversaciones o producir imágenes, pero no poseen experiencia interior, conciencia moral ni capacidad de amar. Una inteligencia artificial puede redactar un poema sobre el dolor, pero no sabe lo que significa sufrir. Puede describir la alegría, pero nunca experimentarla. Esa diferencia es decisiva.

Ser humano no consiste únicamente en pensar o producir resultados. Significa habitar el mundo con preguntas, fragilidad, memoria y deseo de sentido. Significa poder contemplar, escuchar, dudar, perdonar y crear vínculos. En una cultura dominada por la velocidad y la hiperconexión, el gran peligro no es que las máquinas se vuelvan humanas, sino que los seres humanos comiencen a vivir como máquinas: midiendo constantemente su rendimiento, reduciendo las relaciones a utilidad y perdiendo la capacidad de silencio y profundidad. Como advierte Byung-Chul Han, la sociedad contemporánea corre el riesgo de convertir a las personas en sujetos agotados por la productividad permanente.

Seguir siendo humano implica también aceptar los límites. La cultura tecnológica actual sueña con eliminar la fragilidad, corregir biológicamente al ser humano o superar la muerte mediante técnicas futuras. Pero la condición humana no se comprende desde la perfección mecánica, sino desde la vulnerabilidad compartida. Precisamente porque somos frágiles necesitamos cuidado, comunidad y amor. Ahí reside una verdad profundamente antropológica: el ser humano no se realiza aislándose de los demás ni aumentando indefinidamente su poder, sino construyendo relaciones significativas.

Por eso la pregunta decisiva quizá no sea qué podrán hacer las máquinas dentro de cincuenta años, sino qué tipo de humanidad queremos conservar mientras avanzamos hacia ese futuro. La técnica seguirá creciendo. La inteligencia artificial será cada vez más poderosa. Pero ninguna innovación podrá sustituir aquello que hace única a una persona: la conciencia de existir, la capacidad de amar y la búsqueda inagotable de verdad y sentido. Como escribe León XIV, “el verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro”.

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.