El hombre cuya fama y porvenir está hoy en entredicho nació en Valladolid y se crio en León. Con 16 años asistió a un mitin de Felipe González, y se alistó en el PSOE con la mayoría de edad. Acabó la carrera de Derecho en la ciudad del Bernesga y comenzó a ganarse sus primeros euros como profesor asociado en la facultad de León. Muy dado a figurar en todas las fotos, se dio a conocer en la Federación Socialista local escalando los puestos sin prisa, pero con tal constancia que con tan sólo 26 años obtuvo el escaño de diputado por León. Sucesivamente pasó por los cargos de secretario provincial hasta llegar al de secretario general del PSOE con 40 años. Resulta curioso comprobar cómo Zapatero fue alcanzando los sucesivos cargos “de rebote”, es decir, como desconocido que se coloca entre dos facciones opuestas de su propio partido, en un intento de evitar males mayores.
El joven confuso que fue bautizado como el nuevo Bambi de la política, comenzó a cambiar de táctica y degeneró en un rápido halcón, no peregrino sino más bien con una mezcla de urraca acostumbrada a llevar a su nido los objetos valiosos y brillantes, a la vez que se muestra pendiente de todo el que intenta pisar sus terrenos. Se desprendió de esa careta y de sus famosos comentarios descafeinados y alejados de cualquier parecido con la realidad. Casi sin despeinarse se vio como jefe de la oposición. Así pasó a no perder la ocasión de declarase contrario a cualquier proposición del gobierno de turno. Sus intervenciones públicas seguían sin convencer a propios y extraños y el partido daba la sensación de estar esperando el momento que justificara su sustitución. Famoso fue su desplante ante el paso de la bandera norteamericana en el desfile de nuestro Día de las FAS. Toda la tribuna de invitados, menos él, se puso en pie. Zapatero siguió sentado, mirando a las nubes. Su maleducado intento de castigar al presidente Aznar por alinearse – que no por combatir - con EE.UU se convirtió en un “zapatazo” en el trasero de todos los norteamericanos.
De cara a las elecciones generales del 14 M (2004), el aparato de propaganda de la izquierda -siempre muy superior que el de la derecha- comenzó a “trabajar” la opinión pública en contra de la intervención de tropas españolas en la guerra contra Irak ,presentando a su candidato como el regenerador de “todos los males acarreados por la derecha”. Tres días antes de la votación, varios atentados contra trenes de la estación de Atocha pusieron de luto a toda España por la muerte de 202 personas y cerca de 2000 heridos. En esos momentos, ETA seguía golpeando a España y no era raro pensar que habría sido la responsable. El gobierno pensó lo mismo que algunos importantes cargos del PSOE -entre ellos, el mismo Zapatero. Pronto se supo que la autoría estaba entre individuos yihadistas residentes en España o venidos desde fuera. Aquel error en la autoría fue arteramente utilizado por esa misma oposición -que también se equivocó- pregonando que el gobierno tenía datos para saber que no era un atentado de ETA y que lo que pretendía era salvar el posible resultado de la votación. Muchos lo entendieron así y, contra todo pronóstico, el balcón de Ferraz pudo comprobar la cara de un nuevo aspirante a presidente del gobierno, que no acababa de creérselo.
Además de los frecuentes lapsus y “meteduras pata de”, en el mandato de Zapatero hubo decisiones que hicieron daño a los interese de España como nación integrada en la UE y en la OTAN y otras que siguen golpeando los derechos y libertados de no pocos españoles. Cuando aún no habían tomado posesión sus primeros ministros, Zapatero anunció su intención de repatriar las Unidades militares integradas en el despliegue de la OTAN en Irak. Fue su primera firma como presidente y nuestras FAS organizaron el repliegue, tragándose su amor propio y aguantando los desprecios de las Unidades que seguían en Irak cuando hacían comentarios insinuando resabios de cobardía de los nuestros. Ni hubo “ruido de sables” ni nadie dudó a la hora de ser disciplinado.
Para no caer en sus mismas maniobras, no quiero referir aquí las acciones y comentarios del presidente Zapatero que, en el ejercicio de su mandato, fueron motivo de rechifla por parte de más de un gobernante extranjero, por diversos medios de comunicación y por muchos españoles con sentido común. Lo verdaderamente triste fueron las decisiones que vulneraron la paz y la concordia interna, el injustificado ataque a la religión católica, la pésima administración de política social y económica, el improcedente trato dado a terroristas e independentistas o los recortes sufridos por la mayoría de funcionarios y pensionistas. Estando en activo fue un verdadero desastre, pero aún nos quedaba lo peor.
No conforme con las condiciones protocolarias y económicas de que disfrutan los expresidentes, ahora están viendo la luz las “hazañas” del nuevo halcón (le viene bien el apelativo por aquello de ser un buen ave rapaz). Dos legislaturas fueron suficientes para que Zapatero pasara a la historia como el peor presidente de todos los gobiernos democráticos anteriores (a pesar de lo cual mucho me temo que hay otro esperando para quitarle el puesto).
Abandonado el cargo, Zapatero ha descubierto sus cartas y resulta ser un tahúr de mucho cuidado. Algo muy claro debe haber en su contra para que un juez le haya procesado y, sobre todo, para que sus compañeros de partido tengan esa cara de sobresalto a la vez que los medios de comunicación afines han vuelto a tocar a rebato en una campaña de apoyo al encausado. Y lo más grave, ya comienzan a dudar de su inocencia sus propios compañeros de partido y los socios que soportan a su gobierno.
Aquel presidente que acudió a la Casa Blanca, un poco en visita de desagravio y acompañado de toda la familia, ahora sigue interesándose por ella -y de qué manera. Sus dos hijas han abandonado su uniforme de “góticas” y, con su reciente planta “górdica” han montado una floreciente empresa que, con un solo empleado, parece ser que ha recibido donaciones por valor de más de cinco millones de euros, procedentes de las cantidades que ha acumulado su progenitor como consecuencia de las presuntas comisiones alcanzadas en intermediaciones de dudosa legalidad. También están en entredicho las cantidades empleadas en liquidar “de un plumazo” una hipoteca, o en la adquisición de su desproporcionado patrimonio urbanístico.
No me extraña que el PSOE, y especialmente Sánchez, vean amenazada su estabilidad y su inmediato futuro. Se aproxima todo un rosario de comparecencias ante la Justicia, por mucho que se ataque a sus representantes. Basta observar las primeras “estaciones” de este “via crucis”. Los “primeros espadas” de la nueva cuadrilla progresista ya están en capilla. Reconozcámoslo: “¡Qué sola se queda la capilla de “San Ferraz!”
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