A la postre, esa clave, que de manera figurada entendemos como una llave, servirá para abrir la puerta del conocimiento.
El pizarrón (pizarra), todas y todos lo hemos visto en las aulas y las calles. Refleja un contenido, que orienta al espectador para saber adónde dirigir su entendimiento. Las piezas blancas o coloridas para escribir se llaman gis, tiza. Aunque ese contenido se borra fácilmente con el borrador o la palma de la mano, su imagen queda impresa en el alma de quien ve.
En otro lugar, hemos escrito que un significado obvio de la palabra «enseñar» significa precisamente eso, enseñar, mostrar, poner de relieve algo. Ahora añadiremos a ese concepto acuñado por el sentido común otro más, que quizá no resulte tan claro en un principio. «Enseñar» también significa diseñar un contenido pedagógico de antemano, para saber por dónde discurrir durante los minutos de clase hasta dar con aquello que desde un principio se ha pretendido comunicar.
Si representamos de manera abstracta el pizarrón de un aula, podemos decir que consiste en un rectángulo dentro de un cubo alargado, es decir, un prisma rectangular. La o el docente hace lo más por interferir lo menos: consiste en una virtud la capacidad por no obstruir lo enseñado debido a la interferencia de la propia persona. Esto lo saben quienes escriben, que no obstruyen el curso natural del escrito con ninguna aparición ajena al discurso letraherido representado.
Si echáramos mano de otra puesta en escena abstracta, para hablar de lo mismo, podríamos recurrir a la mención de las moléculas y las células que componen los organismos vivos de las personas reunidas en la celebración de la clase. Por razones obvias asimismo, tales conjuntos moleculares resultan imposibles de contarse y describirse con exactitud, pero no por ello no sabemos que se encuentran ahí, con su orden natural y su dosis de voluntad impresa por el alma de cada individuo. La clase está viva.
Cuando un contenido pedagógico está bien elaborado, el docente calla. No necesita las palabras. La clase, desde antes, sabe de qué se habla y dispone de antemano de los recursos suficientes para comprender lo que se dirá a continuación. Por ese mismo motivo, bastará con una indicación sencilla en la pizarra, o la lámina del PowerPoint, para indicar la clave del asunto. A la postre, esa clave, que de manera figurada entendemos como una llave, servirá para abrir la puerta del conocimiento.
Son esas estructuras geométricas las que transmiten el significado de las cosas. El marco del rectángulo, triángulo, cuadrado, círculo, sirve de mensajero para disponer en la superficie de la mente lo que un entendimiento poroso cobrará para sí. Probablemente por este motivo se dice en la poesía china que el agua serena de un lago refleja sin distorsión a la luna. El lago sería otro círculo más.
Las emociones —nos ha instruido Mark Rothko—, opera de esa forma, contenidas en moradas del espíritu sensibles a su interrelación con el intelecto y lo inefable. Una experiencia de ese tipo constituye un viaje al interior de uno mismo, con el reflejo externo de un estímulo personal acaso imposible de poner por escrito. Por este mismo motivo, el aprendizaje intelectual abreva del caudal de las emociones inestables como el tiempo.
La mirada de cada estudiante ofrece una perspectiva diferente de la representación dramática. También goza de una luz distinta, según si acude a la obra pedagógica sentado en la ventana, al otro lado, detrás o en primera fila. El primer plano, en este caso, lo roba el estudiante, para desplazar al docente a un segundo plano menos nítido. A veces, suena la puerta y entra alguien más.
El movimiento de la escena termina con el timbre de la campana. La dosis de existencia erudita ha topado con el fin. La pizarra queda ahí, con sus palabras rayadas sin cuidado. Con los renglones torcidos como nuestras razones. Con una ambigüedad que muchas veces parece el reflejo de la persona que se para frente al grupo sin nada preparado, ni nada entendido todavía.
La imagen de la columna representa de manera figurada la clase que toda madre y padre de familia desea para su descendencia: una donde se enseñe la verdad, a pesar de nosotros mismos. Por eso le hemos puesto por nombre, camino a la clase.
La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.
Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.
La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.
En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.