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Grupos de presión, Lobby, Cabildeo, Grupos de interés
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Al cabo de la calle

Grupos de presión, Lobby, Cabildeo, Grupos de interés

Publicado 23/05/2026 08:51

No nos referimos a varias cosas al hablar de grupos de presión, lobby, cabildeo, o grupos de interés, son distintas maneras de llamar a una misma cosa: la presión que se ejerce sobre los políticos y las Administraciones Públicas en la búsqueda de intereses privados en la mayoría de las ocasiones.

Por supuesto que existen matices en las diferentes nomenclaturas, alguno de los cuales abordaremos en estas líneas, pero responden a localizaciones, lenguajes o comunidades sociales, más que al fondo de la cuestión de un tema inmenso que afecta a las formas de gobierno, el comportamiento de los individuos en sociedad y a una profesión que se consolida.

A escala mundial, Washington D.C. y Bruselas son las dos ciudades con mayor concentración de profesionales de la representación de intereses. En Washington, la cifra de cabilderos o lobbystas registrados a escala federal supera los 14.000 profesionales, aunque las estimaciones de expertos y politólogos piensan que la cifra real de trabajadores en el área de la influencia, está entre las 90.000 y las 100.000 personas.

En el Registro de Transparencia de la Unión Europea hay más de 12.000 organizaciones registradas, que declaran que unas 25.000 personas están involucradas en actividades de cabildeo o lobby. Además, según la percepción ciudadana, seis de cada diez ciudadanos europeos piensan que su Gobierno está gravemente influenciado por intereses particulares, o que éstos se han apropiado completamente del Gobierno.

Por lo que a España se refiere, no contamos con registros al efecto, pero se estima que los profesionales de los Asuntos Públicos, se concentra en Madrid en más del 76 %. El resto estarían repartidos por la geografía española, dado el parlamentarismo multinivel de la España autonómica con parlamentos en las comunidades autónomas.

Para mejor entender la cuestión, acudamos a lo que el Diccionario de la lengua española nos dice sobre los dos conceptos centrales utilizados en el idioma inglés y en el español. Dice que la voz inglesa lobby se refiere a un grupo de presión cuya actividad tiene por objetivo influir en la toma de decisiones en el ámbito público o privado en favor de intereses determinados. Nos da como sinónimo la palabra “vestíbulo”, poco o nada relacionada con el caso que nos ocupa .

Y, dice el Diccionario sobre el concepto de “cabildeo” utilizado en español, que es la acción y efecto de cabildear, definiendo este verbo como “hacer gestiones con actividad y maña para ganar voluntades en un cuerpo colegiado o corporación”, apunta al grupo de cabildeo que, a su vez, nos lleva al grupo de presión como “conjunto de personas que, en beneficio de sus propios intereses, influye en una organización, esfera o actividad social”. Nos llama la atención la agresividad de los sinónimos de cabildeo que cita: conciliábulo, conspiración, intriga y que, por otro lado, no incluye ningún antónimo, como es habitual.

Salvando los matices, ambos conceptos (lobby y cabildeo) nos remiten a uno nuevo que es “grupo de presión”, por lo que no es de extrañar que, en la práctica, se utilice este término como sinónimo de aquellos. Nos quedaría por aclarar aquí el cuarto concepto que incluimos en el titular: “grupo de interés”, no contemplado en el Diccionario, pero sí muy utilizado en la práctica dentro del ámbito que nos ocupa de las relaciones con las administraciones públicas y de la RSE (Responsabilidad Social de la Empresa).

Los cuatro conceptos: lobby, cabildeo, grupos de presión o grupos de interés, se utilizan indistintamente en el ámbito de la comunicación y las relaciones con las administraciones públicas y entidades privadas ¿cuál es el más apropiado? Según Fundéu (Fundación del Español Urgente) vinculada a la Real Academia Española (RAE) cuyo objetivo es colaborar con el buen uso del español, y de acuerdo con la definición del “Diccionario panhispánico de dudas”, se recomienda optar por las expresiones españolas de “grupo de cabildeo” o “grupo de presión” más que por la voz inglesa de lobby. Si bien, este anglicismo se considera aceptable dado el amplio uso que tiene, especialmente en los medios de comunicación, siempre que se escriba en cursiva. Pero no debemos olvidar que la expresión “grupo de cabildeo” se utiliza mucho en América Latina. De igual forma, se recomienda utilizar cabildear, presionar, ejercer presión, antes que hacer lobby, o, cabildero antes que lobista, lobbysta, lobbyist.

Compartimos la opinión de quienes piensan que los grupos de presión no deberían existir, para que cada uno sea realmente libre en sus decisiones. Pero la realidad es que existen pocos filósofos entre los políticos y que la mayoría de ellos necesitan que les informen a cerca de la situación o el interés de la ciudadanía en los asuntos sobre los que han de tomar una decisión, porque ellos, los políticos, no están obligados a saber de todo.

En cualquier caso, la existencia de los grupos de presión no es algo malo per se, ni tampoco todos ellos tiene intereses exclusivamente económicos, por ejemplo, la presión de la mayoría de las ONG busca directamente el bienestar social. Además, si se prohibieran, seguirían operando de manera clandestina. Luego, es mejor regularlos y limitar sus posibles excesos, facilitando así la detección de irregularidades. La acción de cabildeo requiere de una regulación seria y suficiente como la mejor forma de luchar contra la corrupción y prever que ocurra. Aunque esta es un asunto complejo, con muchas variables interviniente, incluida la falta de ética como punto de partida.

La presión sobre quienes han de tomar decisiones para el ordenamiento de la sociedad siempre se ha dado. No es una práctica ilegal, aunque sí cuestionada por algunos sectores. Y, es el ejercicio oscurantista del cabildeo o lobby el que abre la puerta a las desigualdades y a la corrupción. Lo que pone de manifiesto la necesidad de una regulación del mismo que de luz al diario acontecer y ponga ciertos límites a fin y efecto de garantizar la imparcialidad y el bien hacer de políticos o dirigentes.

El cabildeo o lobby como una práctica presente en las relaciones entre los dirigentes políticos y los intereses privados viene del siglo XIX. En los años noventa del siglo pasado cayó en nuestras manos el libro “Pressure Groups” (Grupos de Presión) editado por Oxford University Press, que dedica la segunda parte a los grupos de presión o grupos de interés en un buen número de países, entre los que no aparece España. Y, es que, nuestro país, aún ahora en el 2026, está falto de una ley integradora para el ejercicio y las acciones de cabildeo o lobby, aunque no es el único, hay otros cuantos países que también carecen de ella.

El informe ‘Lobbying in Europe’, elaborado por la delegación europea de Transparencia Internacional, analiza la legislación de 19 países europeos y las instituciones comunitarias, y toma como referencia estándares internacionales reconocidos en cuestión de regulación del lobby. España saca malos resultados: suspende en los tres aspectos fundamentales del cabildeo o lobby: 10 % en transparencia, 35 % en integridad, 17 % en igualdad de acceso. La organización destaca que «no hay una normativa que garantice conocer en todos los casos quién influye, cómo, sobre quién, con qué resultados y con qué medios económicos lo hace», respuestas fundamentales que requiere una buena administración.

Regularizar el cabildeo o lobby no implica demonizarlo, es una actividad legítima en cualquier democracia. El derecho a participar en las políticas públicas es un derecho reconocido a la sociedad civil, tanto en el ordenamiento jurídico de la Unión Europea como en España y en nuestra Constitución. Y es, además, una cuestión de calidad democrática el establecer reglas claras que garanticen que esa influencia se ejerce de forma visible, con trasparencia y bajo control. Sin un marco regulatorio claro la sospecha de opacidad y posible corrupción es inevitable.

La Asociación de profesionales de las relaciones institucionales APRI y la Universidad de Navarra han presentado el pasado 12 de mayo la “Radiografía de los asuntos públicos y el lobby en España 2025”, un informe que pone de manifiesto la necesidad de aprobar con urgencia el proyecto de Ley Estatal que regula el sector y que se encuentra en trámite parlamentario. Una normativa homologable a los estándares internacionales que exigirá la inscripción de los grupos de presión en un registro público. A ver si es verdad que sus señorías, los políticos, se ponen de acuerdo y sale adelante. Buena falta hace.

Escuchemos Primavera | Antonio Vivaldi:

https://www.youtube.com/watch?v=guTxqiiNKlY&t=1s

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© Francisco Aguadero Fernández, 23 de mayo de 2026

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