“La Global Sumud Flotilla (GSF), organizadora de la expedición humanitaria para romper el bloqueo israelí en la Franja de Gaza, aseguró que sus navíos recibieron disparos entre lunes y martes. Todos los barcos de la campaña ya han sido interceptados, según los organizadores y detenidos sus ocupantes. (…) El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, publicó un video el miércoles 20 de mayo en el que se observa a decenas de activistas de la GSF detenidos, caminando arrodillados, maniatados y con la frente contra el suelo mientras suena el himno de Israel de fondo y el ministro los insulta y veja en voz alta jactándose altivamente de ello”. (De la prensa, 21 de mayo de 2026)
1. Mientras, en Gaza, hoy mismo, los cadáveres y los cuerpos mutilados son sacados de entre los escombros y el hambre avanza como un animal oscuro por los campamentos de desplazados y las calles de escombro y sangre, demasiados gobiernos calculan intereses y conveniencias diplomáticas y no hacen nada, demasiados medios de comunicación reducen el horror a titulares, a comparaciones y a fotografías epatantes que venden periódicos, y demasiadas personas cambian de canal para no incomodarse durante la cena.
2. Hay heridas que no solo desangran pueblos, sino que desnudan la miseria moral del mundo que las contempla. Hay tragedias tan hondas, tan insoportablemente inhumanas, que deberían detener la respiración y que, sin embargo, apenas alteran el murmullo cotidiano, las musiquillas estúpidas de nuestras ciudades iluminadas con neones de desprecio, y ni mueven nuestras pavorosas indiferencias saturadas de frivolidad en pantallas de colores y tiernos crepúsculos, mientras millones de personas en Gaza huyen, lloran, entierran a sus hijos y agonizan de hambre y sed bajo un cielo de bombas que desde aquí miramos con la obscena indiferencia que se ha convertido, que hemos convertido en la musiquilla de fondo de la barbarie.
3. Gaza es hoy una herida abierta en la conciencia de la humanidad, una inmensa extensión de ruinas donde la infancia aprende el lenguaje del miedo y la desesperanza, donde las familias sobreviven entre tiendas desgarradas por la lluvia, rodeadas de aguas residuales, basura y enfermedades. Un crimen permanente, una ofensa a todos nosotros que no cesa, una vergüenza innoble, un pecado imperdonable.
4. Noches sin reposo, repletas de angustia y temor, bajo el rugido de las bombas que alimentan el terror a que el amanecer sea aún peor, y que aprietan sus zarpas asfixiantes contra niñas, niños, viejos, mujeres, hombres que apenas dormitan ahogados por el hambre y la sed, mientras los héroes sin nombre, los supervivientes, intentan limpiar con polvo las heridas de sus hijos porque ya no queda agua limpia, ni medicinas; donde ya no queda casi nada.
5. ¿En qué momento la muerte, la crueldad, el crimen y la injusticia dejó de escandalizarnos? ¿Cuándo dejamos de pensar en Gaza? ¿Cuántos cadáveres de niños hambrientos, despedazados y tirados en la tierra hacen falta para romper definitivamente nuestra indiferencia? ¿En qué rincón del pensamiento dejamos la humanidad, la solidaridad, la conciencia del otro y la fraternidad? ¿Qué, quién, cómo cambió lo que somos por esta piedra fría del desdén y del desprecio?
6. El verdadero espanto no es la guerra ni el crimen; el verdadero espanto es la costumbre del crimen, la rutina del sufrimiento, la normalización del exterminio transmitido en directo.
7. El horror de ser como ahora somos, surge en ese instante en que la imagen de un hospital destruido en Gaza pasa por nuestros ojos sin que pestañeemos; en que la imagen de un padre abrazando el cadáver de su hijo o esos pequeños bultos blancos de tela que tapan cuerpecitos recién muertos nos parecen cosa vista y deja de conmovernos, y aceptamos el horror como quien acepta la lluvia.
8. Cuando dejamos de estremecernos ante el sufrimiento humano, empezamos lentamente a desmoronarnos por dentro. Cuando la indiferencia reemplaza a la solidaridad, cuando la saturación sustituye a la empatía, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en espectadores pasivos de la tragedia.
9. Y no debe bastar con lamentarse, es preciso romper el silencio, leer, escuchar, compartir, denunciar, exigir responsabilidades políticas y apoyar a quienes arriesgan su vida llevando ayuda humanitaria a las ruinas, como es el caso de las flotillas humanitarias que están siendo diezmadas por el ejército criminal israelí.
10. Es preciso negarse a aceptar la barbarie, denunciar un día y otro día y otro día la muerte de inocentes y rebelarse cada hora, cada palabra, cada mirada contra el olvido. Recordar, gritar, denunciar para que, al menos, nuestro silencio no sea otra forma de violencia.
ÁNGEL GONZÁLEZ QUESADA. Mayo 2026.
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