En la actualidad hay 270 usuarios y 77 viviendas divididas entre Salamanca, Ciudad Rodrigo, Peñaranda de Bracamonte, Béjar, Vitigudino, Alba de Tormes y Santa Marta
Hace cuatro décadas, el destino de muchas personas con discapacidad era la exclusión institucional. Hoy, gracias al impulso incansable de las familias y al servicio de vivienda de ASPRODES en Salamanca, miles de ciudadanos han conquistado su independencia, demostrando que la verdadera inclusión comienza por tener las llaves de un hogar propio. Entre ellos, conocemos la historia de Jorge, Antonio y Alejandro, tres chicos de Salamanca que viven en psiso semitutelado en la capital.
La directora del servicio de vivienda, Emilia Cruz Sánchez, recuerda con crudeza una época desoladora en la que "gente que a los ocho años fue al psiquiátrico solo por tener discapacidad". Frente a esa tragedia, un grupo de padres valientes decidió cambiar la historia y alquiló un primer piso en la calle Ayala.
Fue el germen de un modelo pionero basado en una premisa inquebrantable que se mantiene intacta cuatro décadas después: "Es hacer con las personas, pero no por las personas". El objetivo de la organización nunca ha sido crear instituciones cerradas, sino verdaderos hogares integrados en la trama urbana. En la actualidad hay 270 usuarios y 77 viviendas divididas entre Salamanca, Ciudad Rodrigo, Peñaranda de Bracamonte, Béjar, Vitigudino, Alba de Tormes y Santa Marta.
"No solo es estar en la comunidad, sino que es formar parte de ella"
Para lograr esta normalización, las viviendas se eligen con el mismo criterio que utilizaría cualquier ciudadano. Se buscan espacios que cuenten cerca con un supermercado, una carnicería o una parada de autobús, elementos fundamentales para tejer una rutina diaria independiente.
Los apoyos que reciben los usuarios se adaptan milimétricamente a cada individuo. El abanico abarca desde la atención continuada las 24 horas para quienes requieren mayor supervisión, hasta acompañamientos puntuales en pisos semitutelados para fomentar la máxima autonomía posible.
El éxito de ASPRODES trasciende la puerta de casa y busca un impacto directo en la sociedad salmantina. "No solo es estar en la comunidad, sino que es formar parte de la comunidad. No solo es que yo esté como un pegote ahí en el edificio, sino que yo también soy un vecino", subraya Cruz Sánchez.
Atrás quedan los miedos iniciales de muchas familias que temían dar el paso hacia la independencia de sus seres queridos. El tiempo y el trabajo de los profesionales han demostrado que este recurso no solo ofrece un techo, sino que devuelve la dignidad, fomenta la toma de decisiones y consolida el derecho fundamental a ser, simplemente, un ciudadano más en Salamanca.