La profesional participará este viernes en una mesa redonda organizada por ALCER para visibilizar el impacto de la enfermedad renal en las mujeres. En ella abordará los retos del diagnóstico precoz, las diferencias de género en el acceso a tratamientos y las claves para planificar un embarazo seguro
La enfermedad renal crónica constituye un importante problema de salud pública a nivel mundial. A pesar de su elevada prevalencia, muchas personas desconocen que la padecen porque en sus fases iniciales suele ser una patología silenciosa. En España, su aparición está estrechamente ligada a factores como la edad, la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y la enfermedad cardiovascular.
Para analizar esta situación, la nefróloga Celia Rodríguez, que acaba de finalizar su residencia en el Hospital Universitario de Salamanca, participará este viernes en una mesa redonda organizada por ALCER Salamanca. La especialista es representante médica en el grupo de la Mujer de la Federación Nacional ALCER y miembro del grupo de trabajo de género de la Sociedad Española de Nefrología (SEN).
El objetivo de estas iniciativas es impulsar la visibilización de las necesidades femeninas en las consultas. Según explica la doctora, se busca detectar barreras en la comunicación entre médico y paciente para avanzar hacia una atención más integral, humanizada y adaptada a cada etapa de la vida.
El sexo biológico, las hormonas y los factores sociales influyen de manera determinante en la evolución de la enfermedad. Las estimaciones actuales muestran que la patología es más frecuente en mujeres. Sin embargo, paradójicamente, los hombres llegan con mayor asiduidad a tratamientos como la diálisis o el trasplante.
Esta disparidad plantea interrogantes sobre posibles diferencias biológicas, retrasos diagnósticos o desigualdades en el acceso a los tratamientos. Además, el rol tradicional de la mujer como cuidadora provoca en muchas ocasiones que su propia salud quede relegada a un segundo plano.
El riñón femenino se enfrenta a diferentes retos según la etapa vital. En la adolescencia pueden aparecer alteraciones menstruales asociadas a la enfermedad avanzada. Durante la menopausia, los especialistas deben prestar especial atención al riesgo cardiovascular, óseo y metabólico de las pacientes.
Un aspecto crítico en la consulta es el abordaje de las mujeres jóvenes con enfermedades autoinmunes. Patologías como el lupus eritematoso sistémico afectan mayoritariamente a mujeres en edad fértil y pueden comprometer el riñón en forma de nefritis lúpica.
Estas pacientes se enfrentan a decisiones complejas sobre fertilidad, deseo gestacional, anticoncepción y la seguridad de los tratamientos inmunosupresores. En la práctica clínica habitual, los profesionales no siempre disponen del tiempo suficiente para abordar de forma espontánea la salud sexual o el impacto emocional de la enfermedad.
A pesar de los temores habituales, muchas mujeres con enfermedad renal pueden tener embarazos exitosos, incluso aquellas que se encuentran en diálisis o trasplantadas. El riesgo real depende del grado de función renal, la presencia de hipertensión, el nivel de proteínas en la orina y si la enfermedad está activa o estable.
Durante la gestación, estas pacientes presentan un mayor riesgo de desarrollar hipertensión, preeclampsia, deterioro de la función renal, parto prematuro o bajo peso del recién nacido. Por ello, el pronóstico varía radicalmente entre una enfermedad leve frente a una patología avanzada.
El mensaje principal de la doctora Rodríguez para las mujeres jóvenes es claro: "No se trata de decir 'no puedes', sino de decir 'vamos a valorar tu situación, vamos a planificarlo bien y vamos a tomar decisiones contigo'". Este proceso requiere un seguimiento multidisciplinar imprescindible entre Nefrología, Obstetricia y Atención Primaria.
La prevención y el diagnóstico precoz son herramientas fundamentales para frenar el avance de la patología. En este sentido, Atención Primaria actúa como la puerta de entrada al sistema sanitario y desempeña un papel esencial en la detección de los factores de riesgo.
En las fases iniciales, los profesionales pueden controlar la tensión arterial, detectar proteínas en la orina o cambios en la creatinina, y derivar a Nefrología cuando sea necesario. La coordinación entre ambos niveles asistenciales resulta vital para actuar antes de que la enfermedad avance y mejorar así el pronóstico.
La doctora Rodríguez hace especial hincapié en que la enfermedad renal sigue siendo una gran desconocida para la población general. Dado que los riñones no suelen doler, la patología puede avanzar de forma silenciosa sin mostrar síntomas evidentes hasta alcanzar fases muy avanzadas.
Para combatir esta situación, la especialista lanza un mensaje directo y sencillo a los lectores, recordando que no siempre son necesarias grandes pruebas médicas para detectar alteraciones en etapas iniciales, momento en el que todavía es posible prevenir complicaciones y frenar la progresión.
"El riñón no siempre avisa, pero una analítica de sangre, una muestra de orina y la tensión arterial pueden darnos las primeras señales", concluye la nefróloga del complejo asistencial salmantino.
Los datos confirmados sobre la mesa redonda son los siguientes:
Fecha: Viernes, 22 de mayo de 2026
Organiza: Asociación ALCER Salamanca
Ponente destacada: Dra. Celia Rodríguez (nefróloga del Hospital de Salamanca)
