La localidad de La Encina comienza los preparativos para celebrar el IV centenario de su conversión en villa en 1629. Para conmemorarlo, los vecinos han organizado una exposición en los balcones del municipio. La historia se remonta a cuando la aldea compró su independencia al rey Felipe IV por casi dos millones de maravedís para evitar caer en manos de un señor feudal, emancipándose así de la jurisdicción de Ciudad Rodrigo.
La localidad de La Encina ubicada en la subcomarca del Campo del Robledo conmemora este 19 de mayo un hito histórico fundamental para su comunidad: el aniversario de la firma de las escrituras que la convirtieron de aldea a villa en 1629. Como parte de los preparativos para el cuarto centenario de este acontecimiento y coincidiendo con el Día Internacional de los Museos, los vecinos han engalanado las calles con una exposición en los balcones del municipio.
Los vecinos han aprovechado la festividad de San Celestino para comenzar con los preparativos de cara al 2029 en los cuales el historiador José Ignacio Martín Benito, natural de la localidad está elaborando junto a Jesús Molinero, Javier Cortés, Ángel Mateos y la alcaldesa de la localidad Mª José Corvo en representación del Ayuntamiento.
La celebración de esta jornada está íntimamente ligada a la festividad de San Pedro Celestino. Fue exactamente un 19 de mayo de hace casi cuatro siglos cuando dos representantes del pueblo viajaron a Madrid para concertar la compra de su propia jurisdicción, motivo por el cual el santo se convirtió en el patrón de la localidad.
Los documentos históricos revelan que, hasta 1629, La Encina era una aldea dependiente de la jurisdicción real de Ciudad Rodrigo. La situación cambió cuando el rey Felipe IV decidió sacar a la venta varios lugares y vasallos de la Corona para financiar los gastos de la Monarquía hispánica, especialmente las guerras en Europa. Inicialmente, la aldea fue adquirida por Martín de Cáceres Pacheco, vecino de Ciudad Rodrigo, lo que convertía a los habitantes en vasallos de un nuevo señor.
Ante el temor a posibles abusos, los vecinos se reunieron en concejo y tomaron una decisión histórica: acogerse al derecho de tanteo para comprar al rey su propia independencia. Para lograrlo, solicitaron un préstamo en Salamanca que supuso un desembolso total de 1.926.385 maravedís, una cantidad que endeudó a la villa durante más de cien años.
El proceso de emancipación se materializó a lo largo del mes de junio de 1629 mediante los siguientes actos oficiales:
Como símbolos de su nueva jurisdicción, se autorizó al concejo a levantar la horca y las insignias de azote y cuchillo. El lugar elegido para su instalación fue el Teso de la Boyada, que desde aquel momento histórico pasó a denominarse Teso de la Horca.
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