Se trata de la iglesia de San Martín de Tours. El templo del siglo XII destaca por su valor arquitectónico y presenta un detallado perfil de accesibilidad en sus diferentes entradas
En pleno corazón de Salamanca, escondida pero llamando la atención, se encuentra la iglesia más antigua de la provincia de Salamanca: la iglesia de San Martín de Tours. Levantada en el siglo XII sobre una edificación anterior, la iglesia se ubicó originalmente en el barrio de los toresanos durante la repoblación de la ciudad. La iniciativa de su construcción correspondió al conde Martín Fernández, dejando un legado patrimonial que perdura hasta nuestros días.
De marcado origen románico, el templo está considerado como uno de los edificios más importantes de este estilo en la ciudad, compartiendo este honor con la Catedral Vieja. Comenzó su construcción en el año 1.140 y se realizó durante los 30 siguientes, finalizando en el 1.170. Es propiedad del Obispado de Salamanca, fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931.
Su ubicación estratégica junto a la Plaza Mayor ha motivado recientes intervenciones arquitectónicas. Los trabajos se han centrado principalmente en recuperar el acceso al templo desde el ágora salmantina, destacando la restauración de la bóveda de la Puerta Norte. Además, en la actualidad, es la sede canónica de la Hermandad Franciscana, que cada Sábado de Pasión parte de ella para recorrer el centro de la ciudad y horar a su imagen: el Santísimo Cristo de la Humildad.
A lo largo de su historia, este emblemático edificio ha sufrido importantes reformas, así como entradas y salidas en la Lista Roja del Patrimonio, de la que salió definitivamente en 2017. Está formada por tres naves, no tiene crucero, y cabecera rematada en tres ábsides semicirculares siendo el central de mayor entidad (siguiendo el mismo modelo que la Catedral Vieja de Salamanca). Coro localizado en el hastial de los pies y camarín. Conserva dos portadas románicas y diversos capiteles corridos del mismo estilo, así como arcosolios de enorme interés.
Esta iglesia tiene tres entradas. El acceso habitual al templo por la calle Quintana, ya que la puerta de la plaza del Corrillo permanece cerrada al público por obras en la zona interior. Para acceder al recinto, los visitantes deben superar un tramo de cinco escalones de granito pulido antideslizante que carecen de contraste cromático con la acera, la cual es del mismo material.
Las características técnicas y de accesibilidad de esta entrada principal son las siguientes:
La entrada posterior se encuentra actualmente cerrada al público debido a los trabajos en el interior. Este acceso no dispone de rampa alternativa, aunque cuenta con un espacio previo de 1,50 metros para maniobrar.
Los detalles de esta entrada son:
El interior recibe a los visitantes con un vestíbulo diáfano que permite hacer el giro adecuadamente sin obstáculos en ningún punto. En este espacio destacan varios retablos en la pared a una altura muy elevada, provistos de espejos que producen reflejos por la ubicación de la iluminación. La iluminación artificial es escasa para la amplitud de la sala.
La puerta que da acceso a la iglesia mide 92 centímetros y tiene muelle recuperador. Es de color oscuro y contrasta con la pared, pero su manilla no contrasta, se sitúa a 1,20 metros de altura y no es de fácil agarre.
Una vez en la iglesia, el espacio presenta las siguientes características:
Para planificar la visita a este histórico monumento salmantino, es necesario tener en cuenta los siguientes detalles: