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“He sido una persona honesta que se ha volcado con la entidad"
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ERNESTO MORONTA SE DESPIDE DE LA PRESIDENCIA DE CAJA RURAL TRAS 32 AÑOS DE DEDICACIÓN

“He sido una persona honesta que se ha volcado con la entidad"

Publicado 14/05/2026 12:35

El histórico presidente de la entidad salmantina hace balance de más de tres décadas defendiendo el modelo de cercanía y se despide para dedicarse plenamente a su familia “a la que tanto tiempo le he robado”

Ernesto Moronta Vicente, a sus 68 años, se quita la corbata. Literal y metafóricamente. Atrás quedan los despachos, las reuniones de alto nivel y las cifras macroeconómicas que han marcado su vida durante las últimas tres décadas. Tras 32 años en el Consejo Rector de Caja Rural de Salamanca —diez como vicepresidente y 22 como presidente—, ha decidido dar un paso a un lado. Su despedida trasciende el fin de una era en el cooperativismo de crédito español, tras 14 años al frente de la Asociación Española de Cajas Rurales. Avalado por la tranquilidad del deber cumplido, su paso a un lado simboliza la dedicación plena a su esencia.

“A mi familia le he robado mucho tiempo. Mucho. A mis hijas, y especialmente a mi mujer, a Loli”, confiesa con la voz teñida de una mezcla de gratitud y nostalgia. Durante todos estos años de trajes, viajes y responsabilidades financieras, Moronta mantuvo una doble vida que pocos altos ejecutivos podrían sostener. Cuando las luces de la oficina se apagaban, él volvía a su explotación de ovino de leche y vacuno de carne. “Si yo estoy de viaje en Madrid, en la noche, cuando vengo, tengo que ir a mi explotación”, relata con la naturalidad de quien entiende que el verdadero arraigo no entiende de horarios ni de cargos. Llegar a casa, quitarse el traje, ponerse el buzo de trabajo y ser, simplemente, uno más.

En esa exigente dualidad, la figura de su esposa ha sido el pilar maestro que sostuvo el edificio de su carrera. “Sin el apoyo de mi familia, esto hubiera sido imposible. Siempre que yo faltaba, mi mujer me ha suplido, me ha guardado la espalda en la explotación, no solo físicamente”, reconoce emocionado. Una granja de ovino de leche exige una dedicación absoluta, y ella asumió esa carga para que él pudiera pilotar los ahorros de miles de salmantinos. Ahora, dejando una entidad completamente saneada, siente que ha llegado el momento exacto de devolverles todas esas horas de ausencias.

El vértigo de los inicios y el rescate de una caja arruinada

Para entender la magnitud del legado de Moronta hay que remontarse 32 años atrás. Por aquel entonces, él era el presidente fundador de la cooperativa ganadera (COGALAD), con sede en Valderrodrigo. Jamás buscó el cargo; fueron a buscarle directamente a su finca. Necesitaban a alguien de fiar, con arraigo en la zona, para intentar salvar una institución que se asomaba al abismo.

“La Caja estaba arruinada. Teníamos 17 millones de pesetas de reserva”, recuerda el expresidente, rememorando aquella primera reunión en la plaza de Las Torres que describe como vertiginosa donde le propusieron, sin esperar nada, que para él sería la vicepresidencia. El reto era titánico, pero gracias a una ayuda inicial de la Asociación nacional de Cajas Rurales y a una gestión basada en el sentido común, lograron revertir la situación en un tiempo récord.

“Te puedo asegurar que en el primer año habíamos devuelto la ayuda”, afirma con orgullo. A partir de ahí, el crecimiento fue constante. Moronta destaca que la clave de aquella resurrección no fue un milagro financiero, sino humano: la unión inquebrantable entre el Consejo Rector, la dirección general y, sobre todo, una plantilla de trabajadores que decidió remar en una única dirección, soportando reuniones de madrugada y tomando decisiones difíciles pero necesarias.

Las crisis superadas y el valor innegociable de la cercanía

Treinta años en el puente de mando dan para atravesar tormentas económicas de todo tipo. Moronta señala la burbuja inmobiliaria como la crisis más larga y compleja a nivel financiero, pero sitúa la pandemia de la COVID-19 como el momento humanamente más difícil. “Nuestros empleados estuvieron ahí cada día, manteniendo el tipo desde el primer momento sin cerrar las puertas”, subraya con profundo agradecimiento.

Frente a la brutal reestructuración bancaria que supuso la desaparición práctica de las cajas de ahorros tradicionales y el cierre masivo de sucursales en la España vaciada, Caja Rural de Salamanca apuesta por quedarse. “Confío totalmente en el modelo. Somos una cooperativa y sabemos muy bien lo que es estar al lado de la gente en los momentos difíciles”, explica.

Esta filosofía de cercanía no ha estado reñida con la modernización. La entidad ha invertido fuertemente en tecnología, pero manteniendo siempre la atención humana como bandera. “Lo importante en una entidad financiera, y en la vida, es poder elegir. Habrá gente que no pise la oficina, pero hay mucha gente que todavía necesita que la escuchen, que la asesoren y sentir que alguien respalda su futuro”, argumenta con convicción.

Radiografía de Salamanca: el campo, la universidad y la industria pendiente

Desde su privilegiada atalaya financiera y su experiencia a pie de campo, Moronta tiene una radiografía exacta del tejido productivo provincial. Considera que Salamanca se sostiene sobre dos grandes pilares: el campo y la universidad. Sobre el sector primario, rompe una lanza a favor de los profesionales actuales, alejando viejos estigmas y definiéndolos como personas “muy preparadas, con vocación y que aplican las nuevas tecnologías”.

No obstante, identifica un lastre histórico que la provincia aún debe superar con urgencia. “Sabemos producir muy bien, pero la comercialización es nuestra asignatura pendiente”, advierte. El reto, según su análisis, pasa por cerrar los ciclos productivos dentro de la provincia. “No sirve criar unos buenos terneros para que luego vayan a otros y le saquen el último valor en la tienda. Hay que apoyar marcas como Tierra de Sabor, porque tenemos muy buen producto y eso da valor añadido”, sentencia.

Un relevo natural, cifras históricas y el legado de la honestidad

Moronta deja una entidad en pleno crecimiento, avalada por los últimos datos presentados correspondientes al ejercicio 2025, los últimos bajo su presidencia. La entidad financiera ha cerrado el año con un volumen de negocio histórico de 2.616 millones de euros, lo que representa un incremento del 8,6 % respecto al ejercicio anterior.

Asimismo, el beneficio neto ha alcanzado los 27,6 millones de euros, superando en un 31,5 % los objetivos previstos por la entidad. Estos resultados se complementan con una ratio de solvencia CET1 del 34,9 %, un indicador que consolida la posición de Caja Rural de Salamanca entre las entidades financieras más capitalizadas del sector.

Esta excelente cuenta de resultados permitirá ampliar ese 10 % de beneficios destinado al Fondo de Educación y Promoción. Un fondo del que se siente especialmente orgulloso por su apoyo a los más vulnerables, a la investigación médica, y, muy especialmente, al deporte base. “Cada segundo que seamos capaces de apartar a uno de nuestros chicos de ciertas cosas a través del deporte, es un gran éxito”, reflexiona.

El relevo en la presidencia lo asume Casimiro Martín, con quien ha compartido trinchera durante los últimos 18 años. El consejo que le ha transmitido a su sucesor es tan breve como profundo: “Sé tú mismo”. Confía plenamente en que la transición será orgánica, un proceso que define como “lo mismo, pero mejorado”.

Al apagar la grabadora y hacer balance de toda una vida dedicada a proteger los ahorros de su tierra, Ernesto Moronta tiene muy claro cómo le gustaría que la historia y sus compañeros le recordaran. “Sin lugar a duda, por la honestidad. Que he sido una persona honesta que se ha volcado con la entidad”, reflexiona con la voz pausada. Se despide sin miedo al vacío del día después, sabiendo que le esperan sus animales, su mujer y sus hijas, y llevándose consigo el mayor de los patrimonios: “Me voy con lo más grande que me puedo llevar, que es un montón de gente querida y un montón de amigos”, concluye.

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