El municipio salmantino impulsa la renovación de sus redes de abastecimiento y la rehabilitación de su entorno urbano para combatir el reto demográfico y atraer empresas que fijen población
Situado en la comarca del Campo de Ledesma y bañado por las aguas del río Cañedo, el municipio de El Arco afronta el desafío de la supervivencia demográfica apostando por sus recursos naturales y patrimoniales. Con una extensión de apenas 12 kilómetros cuadrados, la localidad ofrece un entorno que combina monte de encina, ribera y terrenos de labranza, unas características que el Consistorio busca potenciar para atraer nuevos pobladores.
La realidad demográfica actual es compleja. La falta de relevo generacional se evidencia en las cifras locales, donde el habitante más joven está a punto de cumplir ocho años y se han registrado doce defunciones en los últimos tiempos. Ante esta situación, uno de los objetivos esenciales es ir logrando la participación activa y la implicación de los vecinos para el desarrollo municipal. Además, el equipo de gobierno municipal ha diseñado una estrategia basada en la mejora constante de la calidad de vida de los vecinos.
“Mi objetivo ha sido ofrecer una buena calidad de vida a los vecinos sin que se vean afectados los bolsillos”, explica el alcalde de El Arco, Manuel Castaño Pardo. Bajo esta premisa, el Ayuntamiento mantiene congelados los impuestos municipales, especialmente el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), mientras garantiza la prestación gratuita de servicios básicos como la limpieza.
El atractivo de El Arco se fundamenta en un legado histórico cuyas primeras referencias documentales datan de los años 1102 y 1136, momento en el que el rey Alfonso VII donó la localidad al obispo de Salamanca. El corazón del municipio se articula en torno a dos espacios principales: la plaza del frontón y la plaza del Toral.
En el primer entorno destaca la arquitectura tradicional de piedra en edificios como el Ayuntamiento, que históricamente albergó la casa del maestro y la cárcel local. Este espacio se completa con un frontón de pared única construido en 1929, la Fuente Buena de 1750 y una antigua fragua edificada en 1751, que funcionaba como tradicional lugar de encuentro vecinal.

Por su parte, la plaza del Toral concentra tres elementos patrimoniales fundamentales. El primero es la iglesia de San Félix, anterior a 1102 y cedida por el obispo de Zamora al de Salamanca en 1185, que conserva una pila bautismal de los siglos XVI o XVII. El conjunto se completa con la casa del cura, datada en 1897, y un moral monumental.
Este árbol, que sobrevivió a una enfermedad en los años setenta, forma parte de la “Ruta de catedrales vivas” y conserva nombres propios muy peculiares para sus ramas principales, conocidas popularmente como “la picuruta”, “la del tejado”, “la de las muchachas”, “la del sillón” y “la segunda”.

Para hacer el pueblo más atractivo, el Consistorio está ejecutando diversas obras de mejora urbanística. Asimismo, se ha fomentado la recuperación del patrimonio inmobiliario con la rehabilitación de cuatro casonas antiguas, tres viviendas nuevas y la reforma de antiguos pajares.
En el ámbito de los servicios básicos, el Ayuntamiento ha aprovechado las ayudas institucionales para renovar la red de abastecimiento de agua. Los trabajos han permitido sustituir los antiguos tramos de tuberías de uralita y ampliar la sección de las canalizaciones para garantizar un suministro de calidad.
Uno de los principales desafíos técnicos que afronta actualmente el municipio es la gestión de las aguas residuales, que vierten al río Cañedo. El proyecto para instalar una depuradora presenta un elevado coste debido al desnivel del terreno, lo que obliga a instalar hidropresores y prolongar la tubería varios cientos de metros. El regidor mantiene reuniones técnicas para buscar una solución que evite el impacto medioambiental sin asfixiar las arcas municipales.
En materia laboral, la falta de población activa obliga al Ayuntamiento a buscar trabajadores en los municipios cercanos para cubrir las contrataciones temporales financiadas mediante subvenciones. Una situación similar ocurre con el bar municipal; aunque existen ayudas para su apertura, las exigencias de mantenerlo operativo todos los días del año disuaden a los vecinos mayores, que temen perder sus prestaciones por jubilación por hacerse cargo del bar.

Para garantizar el futuro de El Arco, el alcalde reclama a las administraciones un apoyo efectivo que fomente la instalación de empresas generadoras de empleo real. Castaño Pardo advierte sobre la proliferación de proyectos que no fijan población en el territorio, como las plantas solares o las macrogranjas, señalando específicamente una explotación porcina ubicada en las proximidades del municipio.
“Nosotros queremos que venga gente nueva al pueblo y empresas para que podamos sobrevivir”, concluye el primer edil, quien reitera la necesidad de adaptar las exigencias burocráticas a la realidad de los pequeños municipios del medio rural salmantino.