No, no son castillos en el aire a los que nos vamos a referir, sino castillos físicos, asentados y con una función concreta. Castillos que son testigos de la historia, cada uno tiene tras de sí la suya propia, vinculada a secretos, leyendas o a la propia realidad de su entorno. De ahí que cada uno tenga su propia ubicación y arquitectura, los hay parecidos, pero ninguno es igual a otro.
Solo hay un denominador común a todos los castillos y es que son patrimonio histórico, sin perjuicio de su función, particularidades, humildad, suntuosidad, consideración o grado de protección que les otorgue la administración pública correspondiente. Otra de las características comunes a la mayoría de los castillos es su carácter funcional, hechos para la defensa. Y decimos la mayoría porque hubo algunos, especialmente en la última etapa renacentista y posteriormente, que se hicieron para hacer el amor y no la guerra, el de Manzanares el Real de los Mendoza es un buen ejemplo de estos últimos.
Cuando vemos un castillo nuestra mente suele emigrar directamente a la Edad Media, y, ciertamente, es el período clásico por excelencia en el que los castillos y sus moradores controlaban el mundo, aunque este no estuviera globalizado. Pero los castillos ya existían con anterioridad y han evolucionado a lo largo de la historia, tanto en su diseño y materiales como en su función. Han pasado de ser construcciones simplemente defensivas a ser y percibirse como símbolos de poder, prestigio y singularidad, dejando una huella y una presencia imborrable en la historia de la humanidad, como iremos viendo.
Es de interés recabar el contexto histórico del medievo en el que se da el auge de los castillos más emblemático. No es fácil el estudio de los grandes períodos históricos, máxime cuando de la historia universal se trata como es el caso de los castillos. Pero nos atenemos a los consensos establecidos por la historiografía que nos indica que la Edad Media abarca unos 1.000 años, desde el siglo V, tras la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476, hasta el siglo XV que llega el Renacimiento e incluso algunos historiadores le ponen la fecha de 1453 con la caída de Constantinopla y otros la de 1492 con el encuentro de dos mundos y la primera globalización.
En la escuela y en la universidad nos han enseñado que este periodo tan largo y para un mejor estudio, lo dividimos en dos grandes etapas conocidas como: la Alta Edad Media, entre los siglos V y X, y la Baja Edad Media entre los siglos XI y XV. Pero hay historiadores que consideran tres etapas: la ya citada Alta Edad Media, la Plena Edad Media entre los siglos XI al XIII y la Baja Edad Media de ahí al final. Sea como fuere y para el caso que nos ocupa, se trata de una clasificación teniendo en cuenta lo que ocurría en aquellos tiempos en Europa y Oriente Medio.
La Alta Edad Media fue un período con grandes cambios culturales, políticos, religiosos y sociales. Se la considera una etapa de transición entre la Antigüedad clásica de Grecia y Roma y el nuevo orden feudal, la consolidación del cristianismo como religión con poder transversal en Europa y el surgimiento junto con la expansión de la religión islámica por Oriente Medio y el norte de África. Los cambios establecidos durante este período sentaron las bases de una sociedad feudal, y, al final del mismo, allá en el siglo X, se inició el feudalismo en Europa. Es el momento propicio en el que surgen los primeros castillos en la Europa occidental, promovidos por los señores feudales y organizaciones religiosas como las Cruzadas a Tierra Santa (siglos XI al XIII).
Los primeros castillos europeos tienen como principal objetivo dar protección, por parte del señor feudal, a las comunidades locales que le prestaban vasallaje ante los constantes ataques e invasiones de la época. Eran construcciones sencillas y funcionales, hechas con estructura de madera y tierra, poca memoria social queda de ellos y menos ejemplares. Pero pronto evolucionaron en consonancia con el tiempo, avance de la tecnología y las nuevas necesidades de la defensa. Así, los castillos dieron un salto cualitativo y cuantitativo. Comenzaron a construirse con piedra y esto marcó el inicio de una nueva etapa para ellos en cuanto a la construcción, la estética y la omnipresencia, aunque no cambió su función orientada a la defensa, pero esta pasó a ser más resistente ante los ataques enemigos, ofreciendo mayor seguridad a los habitantes y resistir asedios más prolongados, lo que socialmente vino a reforzar los vínculos de vasallaje entre el señor feudal y la población.
A lo largo de los siglos XI y XII, los castillos se convirtieron en lo que ya conocemos y la idea que tenemos de ellos: auténticas fortalezas, con imponentes murallas a su alrededor, torres de vigilancia, la majestuosidad de la torre del homenaje y fosos que dificultaban el acceso a ellos. En su construcción se aplicaron nuevas técnicas para la defensa, como la abertura de las saeteras que son esas pequeñas ventanas verticales abocinadas en las paredes, que permiten lanzar flechas o proyectiles hacia los atacantes sin que estos puedan responder por el mismo trayecto.
Mas allá de esta evolución vinculada a la defensa y en la misma medida en que la sociedad feudal se consolidaba, los castillos se fueron transformando en símbolos del poder feudal y prestigio social de sus dueños. Así, pasaron a ser lujosas residencias, con jardines personalizados, grandes salones para banquetes sociales y hasta con capillas privadas, poniendo de manifiesto la connivencia entre el poder feudal y el religioso de la época. Ninguna mejora orientada al común de la sociedad.
Ya en el Renacimiento, durante los siglos XV y XVI, y de acuerdo con el signo de los tiempos, los castillos evolucionaron orientándose aún más en su función social. La defensa dejó de ser su principal objeto y pasó a serlo la representación del estatus social y cultural de sus propietarios. Ejemplo de la evolución a la que hacemos referencia es el caso del Castillo de los Duques de Alba en Alba de Tormes (Salamanca) una fortaleza del siglo XV, reconstruida sobre una simple atalaya para la defensa del siglo XII, que más tarde el rey Sancho IV convirtió en castillo (en el cual cabían hasta 6.000 infantes) y que evolucionó como residencia renacentista de la Casa de Alba, por la que pasaron y pernoctaron las personalidades del mundo de la cultura, las ciencias y las artes del momento. Tras la reforma que en 1429 iniciara Don Gutierre Álvarez de Toledo, primer señor de Alba de Tormes, además de prelado y noble castellano, obispo de Palencia, arzobispo de Sevilla, y primado de Toledo, convirtiendo la fortaleza en castillo-palacio. La reconversión del castillo en un suntuoso palacio la continuaría el III Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, más conocido como el "Gran Duque de Alba", decorándolo con mármoles, tapices y pinturas.
Al igual que el caso que acabamos de describir, o parecido, muchos castillos fueron remodelados, siguiendo los usos y tendencias arquitectónicas o decorativas de la época, incorporando elementos renacentistas como columnas, arcos de medio punto, detalles ornamentales, jardines u otros. Aunque algunos castillos siguieron conservando la idea de la defensa, cual es el caso del Castillo de la Mota en medina del Campo (Valladolid) mandado construir a mediados del siglo XV y que se hizo teniendo en cuenta el avance de la artillería, cuyos cañonazos rompían o agrietaban las paredes de piedra, por eso se sustituyó la piedra por el ladrillo en su construcción, para evitar esos efectos y seguir cumpliendo, también, la función de la defensa.
Al perder su función principal de la defensa, muchos castillos se han derruido tras siglos de abandono y otros han logrado sobrevivir como palacios o adaptándose a los tiempos. Muchos han sido restaurados a partir del siglo XIX, transformándose en hoteles o en atracciones turísticas, preservando su existencia, su valor histórico, cultural y patrimonial.
Hay miles y miles de castillos repartidos por toda la geografía terráquea, pero de eso y de sus peculiaridades hablaremos en otro momento. Mientras, hagamos lo posible por su conservación.
Escuchemos MUSICA MEDIEVAL EN LOS CASTILLOS :
https://www.youtube.com/watch?v=pFtuTc07byA&t=42s
© Francisco Aguadero Fernández, 16 de mayo de 2026
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