Esta semana les traigo a una autora muy joven, Lana Corujo, nacida en Lanzarote en 1995, cuya primera novela, Han cantado bingo, publicada en 2025, supuso una irrupción volcánica (nunca mejor dicho, como luego podrán comprobar) en el panorama literario español, con recepción clamorosa de la crítica y entusiasmo lector.
El libro se organiza en ciento seis capítulos muy breves, en muchos casos de una sola página, a veces de algunas -pocas- líneas. No hay en ellos un desarrollo narrativo lineal sino que la trama se construye a partir de pasajes fragmentarios de la infancia de la narradora, que constituyen el núcleo sustancial de la novela, cruzados por leves apuntes, tenues referencias -una frase, una reflexión- a etapas posteriores -los diecinueve años, los veintidós- de su joven vida.
En Lanzarote, dos niñas -la narradora y su hermana dos años menor, Alejandra (Aleja)- viven con su abuela y unos padres en más de un modo ausentes. Cada sábado, tras la cena, Abuela (así se la nombra) se va al garaje de una vecina a jugar al bingo. Desde que se va hasta que el Tío Félix regresa de faenar, las niñas quedan solas unos minutos que dedican a su juego favorito: salen por la puerta trasera, saltan el muro y caminan por la arena volcánica hasta El Ahorcado, volcán de formas redondeadas y vagamente humanas. Una vez ante él, lo miran con una mezcla de encantamiento y aprensión. Entonces dan comienzo a un juego de normas sencillas: 1. No podemos usar la linterna a la vuelta. 2. Corremos de la mano. 3. Contamos hasta tres. 4. Si El Ahorcado alcanza a una de las dos, la otra sigue jugando sola.
Así se fija el escenario y, sobre todo, el clima emocional de la historia. Entre episodios de esa vida infantil -hecha de magia y encanto, de temores y misterio, de curiosidad y desconcierto, de ternura, descubrimiento y dolor- un acontecimiento trágico, nunca explicitado, solo intuido mediante elipsis y sugerencias, pondrá fin para siempre a ese tiempo inocente, a la vez feliz y vulnerable, del que una narradora sensible, cálida, poética, lúcida y melancólica da cuenta con belleza arrebatadora.
La singularidad de esa voz, su tono, la opción estilística elegida por la autora es, con diferencia, el elemento más destacado del libro, el que lo hace especialísimo e inolvidable. El relato de la hermana mayor, el recuerdo de los días y años infantiles, la evocación, a medias memoria, a medias recreación, del tiempo vivido con su hermana, está repleto de emoción, de sensibilidad, de ternura, de cercanía e intensidad. Es imposible avanzar por el libro sin detenerse a cada poco, fascinado el lector por el modo en que se nos cuenta la historia, conmovido por la emotividad de la prosa, exaltado por la maravilla de los muchos hallazgos léxicos, subyugado por la genialidad de ciertos recursos tipográficos, deslumbrado por la hondura y la belleza de las metáforas, por la potencia simbólica de ciertas imágenes (el Ahorcado, el volcán, el Mundo Adulto, el bingo, los monstruos), exultante y también perturbado por la recurrencia de ciertos elementos que desbordan su realidad y se abren a significaciones ocultas que describiendo los sentimientos, los miedos, los afectos, las sensaciones, los anhelos, las inseguridades de las niñas, los trasciende para tocar profundamente el alma del lector.
Son numerosos los ejemplos de esta innovadora peculiaridad formal. Una niña que habla como tal. Unos símiles rezumando poesía. Unas descripciones en las que predomina lo sensorial, ampliando el sentido de lo narrado. Un lenguaje que trasciende la mera exposición de los hechos. Unas observaciones que se abren a mil inesperadas ramificaciones. Unos títulos de los capítulos llenos de ambigüedades, de misterios, de densidad lírica. Una desbordante, riquísima, encantadora, entrañable y muy fecunda utilización del léxico canario que obliga al lector, encandilado y gozoso, a consultar una y otra vez el diccionario. Un uso muy original de los recursos tipográficos, que no se queda en una mera exhibición de las habilidades y la formación en diseño de la autora, sino que responden a una voluntad narrativa: las palabras de Aleja aparecen subrayadas; las de la narradora cuando no forman parte del propio relato en primera persona sino que se refieren a intervenciones en hechos o momentos “externos” de los que se da cuenta, en cursiva; las del resto de los personajes, entre llaves. Una configuración muy especial de alguna página. Y todavía dese el punto de vista formal, quiero destacar el uso de los tiempos, con el juego combinado de la redacción en presente y en pasado.
A través de estas particularidades y de una trama leve, fragmentaria, compuesta por momentos a veces relevantes y a veces banales, pero siempre significativos, la historia configura un mosaico cuya conjunción final ofrece una representación lúcida, tierna y trágica de la infancia, hecha de realidad y fantasía, de reflexión y memoria, en la reconstrucción conmovedora de una niñez marcada por un suceso dramático.
En ella aparecen la inocencia, la ternura, la difícil relación con los padres, el dolor, el miedo, el juego, el asombro, el amor, las inseguridades, la incomprensión, la extrañeza del Mundo Adulto (así, con mayúsculas), el misterio, la amistad, el deseo y la angustia del crecimiento, el miedo a elegir, los recuerdos y el olvido, la sombra de la muerte, la culpa y las expectativas.
La inteligente mediación de estos recursos expresivos dibuja una fotografía de la infancia donde conviven su dimensión realista -rituales cotidianos, silencios familiares, ambigüedad entre hermanas, padres distantes, complicidad de la abuela, amistades adolescentes- y, sobre todo, su universo mágico y simbólico, presentado con lirismo conmovedor: monstruos, temores nocturnos, apariciones, ceremoniales, conjuros, tarot, conversaciones con los muertos, y una misteriosa “herencia” familiar: {En esta familia ocurre algo a lo que nadie da explicación. Lo llamamos «herencia». Cuando una persona muere, se presenta a su ser querido más cercano. Eso quiere decir, mi niña…} Sé que se dirige a Aleja, aunque no sepa dónde mirar para ubicarla. {… que estás…} Abuela va a romperse. {… estás muerta}).
Una novela maravillosa, en todos los sentidos de la palabra, que les recomiendo muy vivamente
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Lana Corujo. Han cantado bingo. Editorial Reservoir Books. Barcelona, 2025. 184 páginas. 18.90 euros
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