Yo creo como Rousseau que la gente en su mayoría es buena y comparto su creencia en que "el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe". Por eso, en mi opinión la mayoría de los políticos españoles son personas honradas, responsables y con vocación de servicio público, el problema es que otros no, y son estos los que hacen más ruido.
Entre nuestra clase política hacen tiempo comenzó la progresiva aparición de personajes que anteponen a los intereses de los ciudadanos los suyos particulares y los de su partido. Con ellos, el griterío político comenzó a normalizarse lo que ha ido provocando una no menos peligrosa desafección ciudadana por la política y aumentando de mala prensa, en ocasiones injusta, de aquellos que debieran ser servidores públicos. Ahora ya algo huele mal.
Las declaraciones y contradeclaraciones, las faltas de respeto, la impunidad de ciertas acusaciones carentes prueba alguna, los insultos, etc.; han trasformado la vida política de este país en algo parecido, aunque con mucha menos gracias, que eso que Don Ramón María del Valle-Inclán calificó como esperpento[1] produciendo podredumbre en la clase política y también en nuestra democracia y eso son palabras mayores.
Los juicios a altos cargos del Partido Popular y del Partido Socialista por corrupción, huelen mal. El tema de la pareja de la Presidenta de la Comunidad de Madrid; huele mal. Las numerosas causas por acoso sexual o laboral en las que están implicados responsables públicos; huelen mal. La destitución del Fiscal General García Ortiz o la absolución por parte de una jueza de la agitadora que difundió el bulo de que la esposa del presidente Sánchez era transexual, a la llamo “Begoño” y de la que afirmó que estaba involucrada en temas de narcotráfico con marroquíes. Todo ello no huele mal.
La politización de todo lo sucedido con el crucero MV Hondius y el brote hantavirus. La estupidez de Santiago Abascal diciendo que se trataba de una cortina de humo del gobierno para que no se hable de sus corrupciones. Tanto la presencia como “las fotos de posado” de los Ministros socialista en el puerto, que en mi opinión fue postureo. Las presuntas ratas “nadadoras” temidas por el Presidente canario, fue algo delirante. Que se alabara la gestión del operativo desde fuera de nuestras fronteras y se criticara con dureza desde dentro, es frustrante. Todo ello ha sido un despropósito que ya no sólo huele mal, apesta.
El caso de Isabel Diaz Ayuso, enfrentando innecesariamente al gobierno mexicano con el español. La manipulación interesada y las acusaciones al Ministerio del Interior con relación al accidente de dos lanchas de la Guardia Civil en el que murieron dos personas, lo cual siempre es lamentable, pero un riesgo que los miembros del cuerpo asumen por su trabajo. Todo se tiño de interese políticos que no sólo huele mal, apesta.
La ausencia de información sobre la guerra de Ucrania, el genocidio en Gaza o las barbaridades que el ejercito israelí sigue cometiendo en el Líbano. La escasa critica e inacción de la Comunidad Europea frente a las amenazas del impresentable Presidente de Estados Unidos, todo ello también apesta.
Lo que me resulta incomprensible es que estemos normalizando esta nauseabunda situación que está poniendo en peligro una democracia que ha costado mucho construir y que si no se sanean sus instituciones terminará por pudrirse por la inacción colectiva.
Las generaciones más jóvenes deberán hacer frente a este grave problema y yo tengo confianza en que serán capaces de hacerlo si no dejan que llegue a un punto crítico y sin retorno, como creo que si llegará a suceder con la crisis climática.
Sería bueno que todos recordáramos las palabras del poeta y dramaturgo francés Víctor Hugo: El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
[1] El esperpento es un género literario y teatral creado por Valle-Inclán que deforma sistemáticamente la realidad para retratarla de manera grotesca, absurda y satírica
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