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La vida precaria
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TANTOS LIBROS POR LEER

La vida precaria

Publicado 01/05/2026 09:59

Hoy, Día del Trabajo, quiero recomendarles un libro que supone una aproximación muy interesante al mundo laboral, a la explotación y la precariedad que tan a menudo conlleva. Se trata de El muelle de Ouistreham, una muy sugestiva publicación de la periodista francesa Florence Aubenas que, aunque surgida en una realidad económica y social bastante distinta a la actual -la que dibujó en Francia, y en el mundo entero, la crisis de finales de la primera década de este siglo-, continúa sin embargo -y por desgracia- resultando tristemente vigente en nuestros días.

Aubenas -una reportera con una sólida carrera profesional a sus espaldas y que había conocido una cierta repercusión mundial cuando en la guerra de Irak, en 2005, fue capturada como rehén durante algunos meses- se plantea una experiencia que resulta en la actualidad bastante habitual en los medios de comunicación: la inmersión del periodista en una determinada situación conflictiva o problemática para conocer de primera mano, sin la distancia que sobre los hechos y sus protagonistas siempre impone la presencia de un micrófono o una cámara, determinadas realidades sociales.

Florence se desplazará a una ciudad de provincias; se teñirá de rubio y se “esconderá” tras unas gafas, aunque conservará su identidad; se inscribirá en el paro con un mero título de bachillerato; advertirá a los funcionarios de empleo que, recién separada de un hombre con el que había convivido durante veinte años, carece por tanto de experiencia laboral, por lo que tampoco puede acceder a subsidio alguno; y se lanzará a la consecución de un empleo. Su propósito es investigar sobre esa experiencia, que no dará por acabada hasta conseguir un contrato indefinido. La búsqueda, que duró casi seis meses, de febrero a julio de 2009, se narra en el libro cuya lectura ahora les sugiero.

Durante ese medio año, Florence Aubenas -reconvertida en trabajadora de la limpieza- vivirá en sus carnes las penosas experiencias a las que habitualmente se ven sometidos quienes se mueven en los márgenes de un sistema económico que, casi en cualquier época, deja nuevos desamparados a su paso.

Cuando quienes tenemos la fortuna de tener trabajo leemos en los medios de comunicación, un mes tras otro, las terribles y siempre crecientes cifras del desempleo, tendemos a “digerirlas” sin demasiado dramatismo, las integramos de manera rutinaria en nuestra normalidad, y raras veces vemos más allá de la frialdad de los datos, raras veces pensamos en que las estadísticas despiadadas, los dígitos desmesurados, los números rotundos y brutales no son más que la gélida exteriorización de los padecimientos de innumerables vidas humanas, de infinidad de personas que sufren, día a día, las calamitosas condiciones en las que desenvuelve su existencia un porcentaje muy alto de nuestros conciudadanos.

Y por ello resulta imprescindible este El muelle de Ouistreham, porque nos muestra, de un modo descarnado y sin paños calientes, aunque también de manera neutra y objetiva, sin formular juicios de valor, la fidedigna fotografía de quienes viven enredados en una permanente búsqueda de trabajo; de quienes deambulan interminablemente y sin esperanza por las salas de espera de los servicios públicos de empleo; de quienes transitan como zombies por los escasamente acogedores despachos de las empresas de trabajo temporal; de quienes, por efecto de un expediente de regulación de empleo, han visto reducida a una nada sin valor su experiencia de décadas de trabajo; de quienes se someten a diario a innumerables pruebas y genuflexiones de todo tipo, sobre todo morales, para conseguir una contratación por breves y mal pagadas horas; de quienes soportan mordiéndose la lengua, sumisos, las respuestas inclementes de los empleadores: es demasiado mayor, no tiene experiencia, lleva mucho tiempo sin trabajar; de quienes aceptan ofertas muy precarias, condiciones laborales pésimas, sueldos ínfimos por poder llevarse algunos euros a casa; de quienes reinciden, con apatía y desinterés, sin motivación ni estímulo algunos, en los absurdos y burocratizados e insulsos e irrelevantes cursos de supuesta formación ocupacional; de quienes acuden con ya solo un ligero atisbo de ilusión a una nueva entrevista de trabajo para ser rechazados una vez más incluso antes de entrar.

Y todo ello, la descripción de la experiencia personal de quienes buscan ocupación, aparece complementado con atinadas observaciones acerca del funcionamiento del sistema: la crudeza de los directivos de los servicios de empleo cuando aconsejan a los orientadores; las exigencias políticas para incrementar los objetivos y aumentar los anuncios de puestos; las triquiñuelas para maquillar los datos del paro, convocando a los demandantes a cursos ficticios a sabiendas de que su ausencia o su baja de los cursos, incide en las estadísticas, pues los infractores son borrados transitoriamente de ellas; la proscripción de ciertos términos que revelan de modo demasiado evidente la crudeza de la crisis y su sustitución por eufemismos neutros; la vacuidad de los bienintencionados lemas de los asesores; el pánico generalizado provocado por la crisis; el aumento de los suicidios entre la población trabajadora y, sobre todo, desempleada; el radical y desolador escepticismo de los parados de larga duración; la tristeza que acompaña a los mayores de cuarenta y cinco años, que han interiorizado su permanente convivencia con el paro.

Y en paralelo a todo ello, la vida de la propia Florence resulta relativamente afortunada, encadenando diferentes contrataciones, algunas simultáneas, la principal como limpiadora de los transbordadores en el muelle de Ouistreham que da título al libro. Pero entonces aflora la otra gran verdad de la obra: junto a las miserias del desempleo, las sevicias que han de sufrir las víctimas del trabajo precario: contratos fugacísimos, jornadas interminables, salarios rácanos, intemperancia y mala educación de los jefes, abusos y explotaciones sin cuento, competencia insolidaria entre compañeros, exigencias desmesuradas de los capataces y encargados y mandos intermedios, exprimidos a su vez por sus superiores, incertidumbre, inestabilidad, tensión, angustia…

Un libro necesario que, más allá de reflejar una determinada coyuntura temporal, sirve aún de referencia para iluminar los aspectos más oscuros del mercado laboral en nuestros días.

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Florence Aubenas. El muelle de Ouistreham. Editorial Anagrama. Barcelona, 2012. Traducción de Francesc Rovira. 240 páginas. 20.90 euros

Alberto San Segundo - YouTube

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