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Observación, razonamiento y desempolvar la verdad
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Observación, razonamiento y desempolvar la verdad

Publicado 30/04/2026 11:02

En nuestra foto de portada que la he compuesto de dos momentos distintos en latitudes también diferentes, tienen un denominador común: sufrimiento humano por la pobreza. Y esta es una verdad que no admite concesiones.

Los que ya me conocen por mis escritos a lo largo de tantos años, conocen de mi pasión por los clásicos y en general, por aquellas mentes privilegiadas que con su paso por este mundo nos ayudaron a que la vida de las generaciones que les sucedieron fuera mucho mejor.

Alexis Carrel (1873-1944) fue un biólogo, médico, investigador científico y escritor francés. En 1912 fue galardonado con el premio Nobel de Medicina. Como tantos otros premios Nobel de las ciencias, se caracterizó por pensamientos directos, concretos e incluso con frecuencia, pareciera que están desprovistos de emociones, aunque en realidad su alcance llega a la fibra más íntima.

Carrell como casi todos los grandes científicos era un escéptico, pero el escepticismo no está desprovisto de una mayor aproximación a la verdad que un exceso de optimismo, o lo que es menos aconsejable, un optimismo estúpido.

Afirma que un poco de observación y mucho razonamiento (análisis) pueden conducir al error; muchas observaciones y poco razonamiento (análisis) puede llevarnos a la verdad. ¿Qué quiere significar? En realidad, la insistencia en la ecuación prueba-error de los científicos (o sea la evidencia empírica) finalmente va a prevalecer para establecer cuál es el comportamiento de una determinada variable.

Pero esta mente científica no le hacía perder su sensibilidad como persona, es el caso, por ejemplo, cuando afirma que “aquellos que desean elevarse tan alto como lo permita nuestra condición humana, deben renunciar al orgullo intelectual, a la omnipotencia del pensamiento claro, a la creencia en el poder absoluto de la lógica”. Todo un Nobel de medicina sosteniendo que hay momentos en los que hay que hacer prevalecer los sentimientos y la dosis de humanidad necesaria que se supone caracteriza a nuestra especie. Reitero: ¡se supone que nos caracteriza!

También creía que los grandes líderes a lo largo de la historia siempre han tenido el don de la intuición, por ello su afirmación “saben lo que tienen que conocer sin análisis ni razonamiento”.

Bien cabría en el fenómeno de los refugiados de las guerras actuales el pensamiento de Carrel sobre la renuncia al orgullo de sociedades avanzadas y de los logros obtenidos, si de ellos no se deriva una acción eficaz que evite el sufrimiento humano en otras regiones del planeta, o peor aún, a escasos metros de nuestras costas cuando un puñado de personas arriesga todo por cumplir el sueño de pisar suelo europeo.

Carrel cree que “el hombre no se puede reconstruir a sí mismo (hoy hablaríamos de reinventarse) sin sufrimiento, porque él es simultáneamente el mármol y la escultura”. También dice que “la vida salta como un géiser para aquellos que perforan la roca de la inercia”, apelando a la actitud y la acción, jamás el renunciamiento, la cobardía o no hacer nada.

Carrel sostiene que es mucho más importante la calidad de vida que la vida en sí misma y vaya verdad que es, cuando vemos que al menos 2.800 millones de personas en el mundo viven en el umbral de la pobreza con menos de 2 dólares al día y habida cuenta que unos 2.200 millones carecen de acceso a servicios de agua potable segura, lo que representa una triste estadística de 1 de cada 4 personas que sufren esta calamidad.

Y para ello podemos redondear con otro de sus pensamientos cuando dice que “aquellas cosas que no son medibles (no sujetas a medición como los sentimientos, el dolor ajeno, etc.) son muchas más en cantidad que aquellas que sí pueden ser cuantificadas”.

En realidad, el gran intangible humano que representamos hombres y mujeres del mundo sólo con nuestra presencia, debería ser más poderoso y motivar las acciones políticas necesarias para que puedan evitarse justamente todo ese sufrimiento, peripecias y calamidades que a diario sufren millones de seres en todas las latitudes.

En el ámbito de las ciencias sociales, es mucho más difícil de medir aún que en los tubos de ensayo en laboratorio. Los miles de observaciones no hacen más que reflejar los comportamientos y conductas humanas predeterminando sus propias reglas de juego que antes o después debieran ser tenidas en cuenta en la legislación vigente en un país.

En suma, cuando se legisla, lo que se ha hecho es poner nombre y definir una cuestión que atañe a una sociedad y que es ese gran intangible que Carrel afirma no se puede medir, pero, que en los hechos es la medida más importante para comprender los movimientos sociales y actuar (medidas de política) en consecuencia.

Por tanto, cuando he titulado mi aportación de hoy “Observación, razonamiento y desempolvar la verdad” estoy pretendiendo evocar no solo la mente privilegiada de grandes líderes que su poderosa intuición les surgía de un humanismo a veces contrario a su saber científico, pero suficiente para con sus ideas provocar ese punto de inflexión en el que empiezan a cambiar las cosas. Siempre la verdad es un hecho que no admite discusión. Llegar a ella es posible siempre que se haya estudiado (observación), vista las consecuencias factibles de una decisión (análisis) y entonces, se termina reforzando la verdad que es única, que, por supuesto no admite zonas grises, solo apoyarse en los principios y valores que la sustentan. Desde una perspectiva ética y moral, la verdad no es solo un hecho objetivo, sino que se asienta sobre bases que guían el comportamiento humano.

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