Los hermanos Sergio y José Antonio Martín enseñan en su taller Caireles indumentaria tradicional y bordado charro a cerca de 60 alumnos en Salamanca. Además de preservar el patrimonio etnográfico de la provincia, este espacio formativo se ha convertido en un refugio terapéutico y de convivencia para sus participantes.
Durante los últimos 13 años, los hermanos Sergio y José Antonio Martín han consolidado un proyecto fundamental para la conservación de la cultura local. En su taller Caireles, ambos artesanos dedican sus esfuerzos a transmitir los secretos de la indumentaria tradicional a una comunidad que ya alcanza las 60 personas inscritas de forma regular.
Esta labor docente no se limita únicamente a la capital, sino que los hermanos han extendido sus enseñanzas por diversos puntos de la provincia de Salamanca, acercando el conocimiento etnográfico a los municipios y facilitando el acceso a estas disciplinas artísticas.
El sistema de enseñanza diseñado en Caireles permite la integración de cualquier persona interesada, independientemente de sus conocimientos previos. "Da igual el nivel que tengas, se enseña desde cero la labor que quieran hacer", ha explicado Sergio Martín sobre el enfoque pedagógico del taller.
El proceso de aprendizaje suele comenzar con un muestrario de pequeñas dimensiones. A partir de ahí, los profesores animan a los participantes a avanzar progresivamente hacia proyectos más ambiciosos. No obstante, el taller se adapta a los objetivos individuales de cada asistente.

El catálogo de labores que se imparten en el aula abarca la práctica totalidad de los adornos históricos. Entre las técnicas más demandadas, el bordado con mostacillas destaca especialmente. "Suele llamar mucho la atención por lo vistoso que es y gusta mucho", ha señalado el charro. Sin embargo, el currículo va mucho más allá, incluyendo el bordado de mantones, el bordado a realce, los deshilados y las vainicas.
El interés por estas clases surge a menudo de hallazgos familiares. Una de las alumnas ha relatado cómo llegó al taller tras un descubrimiento en su hogar: "Yo descubrí una manta de muertos en casa de mi bisabuela de 1890, y, entonces, me puse en contacto con ellos porque quería recuperar las técnicas de bordado".
Más allá de la preservación cultural, las sesiones de bordado han adquirido una importante dimensión social y psicológica. Las asistentes coinciden en destacar el ambiente de compañerismo que se respira en el aula mientras confeccionan piezas como mandiles para trajes charros.
"Nos llevamos todas bien y nos ayudamos en lo que podemos, y gracias a los profesores, pues avanzamos bastante bien", ha destacado una de las participantes. Para muchas, este espacio de dos horas semanales se ha convertido en una vía de escape de la rutina diaria.

"Me ayuda a olvidarme del mundo que hay fuera, los problemas que hay, y me relaja el hecho de estar con ellas y poder aprender todo lo que saben", ha confesado otra alumna, quien ha asegurado que el tiempo pasa enseguida y que está "deseando que llegue el viernes por la mañana".
Incluso aquellas personas que se consideran menos hábiles con la aguja encuentran valor en la experiencia. "Soy mala cosiendo pero me relajo mucho, me divierto mucho y lo paso muy bien. Nos enseñan de todo y, sobre todo, a pasárnoslo bien", ha añadido otra de las asistentes.
Sergio Martín ha corroborado esta realidad del taller: "Están dos horitas en un grupo, conviven, hablan, charlan, ríen, lloran si hace falta, y se pasan el rato y, aparte, aprenden".

El objetivo último de la iniciativa es garantizar que este legado etnográfico sobreviva al paso del tiempo. Las propias alumnas son conscientes de esta responsabilidad. "Esto no se debe de perder, aunque solo sea porque puedan decir tus hijos o tus nietos qué es lo que se hacía o cómo se hacía", ha reflexionado una de ellas.
Por su parte, los hermanos Martín mantienen su compromiso a largo plazo con la cultura salmantina. "Esperamos estar muchos años, y esperamos que de aquí a tiempo, pues vaya viniendo más gente, porque es patrimonio nuestro, es cultura nuestra, y de alguna forma hay que mantenerlo y conservarlo", ha concluido Sergio Martín.
VÍDEO: Toni Sánchez
FOTOS: David Sañudo