Miércoles, 29 de abril de 2026
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Canto de esperanza por Ormuz
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Al cabo de la calle

Canto de esperanza por Ormuz

Publicado 25/04/2026 09:23

“Por favor, sacadnos de aquí” es el grito de cerca de 20.000 marineros atrapados por el cierre del estrecho de Ormuz a los que le falta la comida y el agua potable. Grito del que se hicieron eco el pasado domingo 19 los medios de comunicación y que nos recuerda a aquella desesperación que debieron padecer los soldados españoles allá por el 1622, cuando tras un asedio, con corte de agua potable incluido, España tuvo que ceder el control del estrecho de Ormuz a persas e ingleses.

Estos marineros llevan más de mes y medio atrapados en el Golfo Pérsico a causa de la guerra desatada por Estados Unidos (EE. UU.) e Israel contra Irán. Son tripulaciones enteras encerradas entre cascos de acero de sus buques, fondeados a millas de la costa, que consumen sus nervios viviendo el estruendo de los misiles y los drones a su alrededor, con la esperanza de que, de verdad, desaparezca el doble bloqueo hecho por Irán y EE. UU. y se abra la libre circulación por el estrecho que les libere a ellos de esa terrible carga emocional de incertidumbre, miedo y pánico por el peligro que están corriendo sus vidas.

Ansiedad y miedo en una larga espera que no se sabe cuándo acabará. Nos parece oportuno invocar el magnífico poema Canto de Esperanza, del ilustre poeta y amigo personal Luís López Álvarez, musicalizado por Nuevo Mester de Juglaría y convertido en himno popular coreado en Villalar (Valladolid) como reivindicación y lucha por los derechos, las libertades y la democracia, rememorando el espíritu de las Comunidades de Castilla en la revuelta de 1521, para lanzar un mensaje por la paz en el mundo.

Ay, la cultura, única cosa capaz de cambiar el mundo por el camino de la paz. Pero no es nuestro poeta amigo que acabamos de citar, sino Francisco de Quevedo, gran escritor español del siglo XVII quien sí vivió y plasmó en sus sonetos la importancia del estrecho de Ormuz a lo largo de los tiempos. A quien volveremos más adelante.

El conflicto de Oriente Próximo (Oriente Medio para los americanos y de otras latitudes) que estamos viviendo, parece que haya puesto en el mapa al estrecho de Ormuz y casi todos somos capaces de localizarlo, intuir y entender la valía de este punto estratégico que, con una anchura aproximada de 33 km en su parte más angosta, forma el vértice invertido de una uve, conectando el Golfo Pérsico con el golfo de Omán. Quedando al norte las tierras de Irán (antes Persia) y en el sur el cabo de Musandam (Ras al-Jaima) un peñasco omaní cercano a Dubái. En ese reducido brazo de mar se encuentran varias islas, siendo Qeshm la de mayor tamaño, y cerca de ella está la de Ormuz (que da nombre al estrecho) además de otros islotes que dificultan la navegación marítima.

Pero poco se oye hablar de su azarosa historia, disputas y pertenencias. Entre ellas y por citar la que más nos toca, los años que estuvo Ormuz bajo la jurisdicción de la Monarquía Española, desde Felipe II hasta su nieto Felipe IV que lo perdió en 1622. Teniendo en cuenta la consideración que el imperio español le daba a los territorios de su jurisdicción y algunos matices, se puede afirmar que, durante unos cuantos años, Ormuz y su entorno fue territorio español.

El estrecho de Ormuz siempre fue objeto de deseo, pero el interés por dominarlo creció exponencialmente con la primera globalización y la primera circunnavegación de la Tierra, vuelta al mundo, iniciada por Magallanes y coronada por Juan Sebastián Elcano en 1522. Así, a partir del siglo XVI Ormuz se convirtió en un punto estratégico de las rutas marítimas que comunicaban el Golfo Pérsico con el Océano Índico, una vía alternativa a la Ruta de la Seda para el comercio con las Indias por medio de la navegación.

En aquella época, dos grandes imperios de la zona se disputaban el control tanto del Mar Rojo como del Golfo Pérsico: los otomanos (suníes) bajo el reinado de Solimán el Magnífico, y el antiguo Imperio persa safávida (chií) bajo el mando del shah Abbás I el Grande. Ambos imperios de carácter musulmán. Por otro lado, una vez concluidas las cruzadas religiosas, con la nueva concepción y conocimiento del mundo, los avances técnicos en la navegación y con las también ansias conquistadoras, los cristianos europeos decidieron centrar sus esfuerzos en buscar riquezas por vías marítimas.

Así, Países como Portugal se lanzaron a buscar especias y otros productos de interés en el lejano Oriente, tocando solo algunos puntos terrestres donde establecer fortificaciones para asegurar el abastecimiento de sus navíos allende los mares y, una vez controlados esos puntos estratégicos, cobrar peajes a los barcos extranjeros que por allí pasaran. Estos puntos se convirtieron en centros claves del comercio internacional, entre ellos el de Ormuz.

En 1515 y después de varios intentos, Ormuz pasó a ser plaza portuguesa y levantó el fuerte de Nuestra Señora de la Concepción, convirtiéndose en un enclave cristiano estratégico entre chiíes y suníes, para el tráfico marítimo y como aduana muy rentable de la que la corona obtenía ingentes beneficios. La plaza fue de soberanía y pleno dominio portugués durante casi un siglo.

Con la unión ibérica, es decir, la integración de Portugal en la Monarquía Hispánica (1580-1640) Felipe II se convirtió en rey de Portugal con el nombre de Felipe I y el imperio colonial portugués acabó formando parte de los intereses estratégicos de la corte española, Ormuz era español.

A principios del siglo XVII, los ingresos procedentes de la aduana de Ormuz superaban con mucho los de otros puntos. Pero los intereses de la corona española se orientaban más al dominio del Mediterráneo y a las riquezas procedentes de América. Motivo por el que no le prestó a Ormuz la atención debida y este fue decayendo como puerto comercial a la vez que se incrementaban las sublevaciones en la zona y la presión del shah de Persia aliado con la flota inglesa de las Indias Orientales, sitió el alcázar, dejando a los habitantes de Ormuz sin recursos y entre ellos sin agua potable, hasta que se rindieron en febrero de 1622.

Con la pérdida de Ormuz, se iniciaba la decadencia del imperio español, aquel en el que se decía que “no se ponía el sol”. La Monarquía Hispana y la unión ibérica perdía la influencia sobre las rutas comerciales euroasiáticas que pasaban a manos de persas e ingleses. La mala gestión de gobierno de Felipe IV y su valido, también ocasionó pérdidas en otras partes del imperio. Sería un hombre de la cultura, Francisco de Quevedo, quien con sus críticas evidenciara las incapacidades de aquellos en un poema titulado “Al mal gobierno de Felipe IV” y que comienza así: Los ingleses, Señor, y los persianos / han conquistado a Ormuz / las Filipinas, del holandés, padecen grandes ruinas…

Si Quevedo levantara la cabeza y viera lo que está pasando en la zona, tal vez pensara que el estrecho de Ormuz es un lugar propicio en el que se inicia la caída de los imperios.

Cerramos con la esperanza común a una gran parte de la población mundial, de que se liberen los marineros atrapados y se levanten sendos bloqueos del estrecho de Ormuz sobre el que tiene fijada su mirada todo el mundo, ya que el bloqueo del mismo repercute negativamente en la economía mundial y en el bienestar de los ciudadanos.

Escuchemos "QUE SE APAGUE EL FUEGO” Un HIMNO por la PAZ MUNDIAL:

https://www.youtube.com/watch?v=PX8kvpdUaps&list=RDPX8kvpdUaps&start_radio=1

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© Francisco Aguadero Fernández, 25 de abril de 2026

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