, 26 de abril de 2026
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Pepo Paz escribe sobre la Transición en una novela imprescindible: 'Comenzar el olvido'
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Los libros son para la primavera

Pepo Paz escribe sobre la Transición en una novela imprescindible: 'Comenzar el olvido'

Publicado 24/04/2026 09:02

Editor y escritor de viajes, publica en Reino de Cordelia una magnífica novela sobre nuestra historia más reciente.

Dos asesinatos, una impunidad policial que propicia el poder. Un tiempo de carencia en ese Madrid que tan bien conoce Pepo Paz. “Comenzar el olvido” es una de esas novelas necesarias que tan bien nos hacen entender nuestro presente y nuestro inmediato pasado. Un pasado que no fue modélico en absoluto y que tuvo a las mujeres en su punto de mira. Esas mujeres que el autor rescata mientras Manu, el protagonista, mira hacia atrás.

Conocí al Pepo Paz editor de la mano de su espléndido proyecto, Ediciones Bartleby, al Pepo Paz autor de libros de viaje para Anaya Touring, incluso tuve el honor de darle alguna sugerencia salmantina para esa maravilla de libro que es “Un país de novela. 15 destinos literarios de España”, en el que viajaba por la novela de Carmen Martín Gaite y las calles de la ciudad letrada, pero lo que verdaderamente me sorprendió del autor madrileño fueron sus cuentos publicados en el 2018 bajo el título de “Las demás muertes”, en los que ya aparecían las constantes que trabajará en su actual novela: la ciudad conocida hasta el último y marginal rincón y su apuesta por los olvidados, los que viven y caminan la capital lejos del éxito y de las grandes noticias. Pepo Paz es un cronista de los que no tienen voz, y de ahí que su novela recupere dos nombres olvidados en la historia reciente, los de Natividad Romero y María Luz Nájera. Sus muertes, que según el autor, no tuvieron el consuelo de la justicia, sí lo tienen en la literatura.

Magníficamente publicada, como todo lo que hace Reino de Cordelia, con ese mimo editorial de papel, portada, color… la novela se inicia en un poblado de chabolas de trabajadores que tratan de ganarse la vida en la gran ciudad. El abuelo de Manu, carpintero, y su mujer, viven en esas Cárcavas que tan bien describe el autor, viajando por sus casitas de uralita y madera, por esa precariedad de frío, calor, bares paupérrimos, personajes empecinados y víctimas como la mujer que aparece muerta y que suscita la curiosidad de los niños, niños como Manu, que juegan al balón en los descampados, que estudian, que salen a vivir esa ciudad que les consuela con sus grandes calles y sus luminosos. Un Manu que guarda en su memoria a una niña que, años después, será la segunda víctima de esta historia nuestra contada sin relatar el daño, sin reconocer a las víctimas. Víctimas siempre pobres, olvidadas, mujeres que no parecen valer nada. Y si es la miseria y el secreto de la lucha la dolorosa marca de los años de posguerra, la violencia policial de las cargas contra los estudiantes tiñe de sangre también los primeros tiempos de la democracia, en los que Manu, periodista, asiste desde la evocación del pasado y la inmersión en el presente.

Y todo con una prosa certera, realista pero no expresionista que ya luciera Pepo Paz en sus cuentos. El detalle significativo, la pintura de ambientes, de personajes, el diálogo necesario… y todo sin el menor dogmatismo. El autor no nos dice qué pensar ni hace una denuncia a gritos. Sencillamente narra, y lo hace con tanta solvencia que consigue que seamos los lectores los que denostemos a aquellos que quedaron impunes. Utiliza Paz una cita de la poeta Rosana Acquaroni muy reveladora “De la obediencia no se sale inmune”, de ahí que Manu se vea inmerso en esta historia de abuso e impunidad que alumbrará después nuestra modélica Transición que describe tan bien el autor iniciando la novela con otra cita certera de alguien que también sabe muy bien de sociedades moldeadas con la violencia, Juan Gabriel Vásquez: “Es una de las paradojas de la violencia: para olvidar el daño, nuestra primera tarea es recordarlo correctamente”.

Y eso hace Pepo Paz, recordarnos, correctamente, ese daño ejercido sobre los más débiles de forma horrenda e impune. Y hacerlo sin dogmatismos, eficaz, costumbrista, de pincelada honda: “A Manu se le difícil vivir en el ocaso de los días” afirma del adolescente fascinado por la literatura que le enseñan en el instituto y que no comparte con sus padres que “llevan ganándose la vida desde niños, trabajando para que las perras lleguen a la paella del domingo y los hijos puedan estudiar en el universidad”. Y uno no puede por menos que sentirse identificado por lo que cuenta el autor. El abuelo que pierde la guerra y vive en una chabola mientras trabaja para salir de la precariedad, el padre laborioso, el hijo que observa… Y mientras, la España de la posguerra, de los policías todopoderosos y violentos, el inicio tímido de la democracia con las cargas policiales, la matanza de los abogados de Atocha –magnífico el recurso de hacer a Manu periodista para verlo todo desde esa barrera-, el Madrid sin más brillo que el de sus gentes, “es una bodega con solera y roña: con sus mesas y sillas de formica donde acuden los parroquianos cada tarde a echar una partida al tute”. A Pepo Paz, el viajero, el cronista urbano de una realidad silenciada le sale la vena galdosiana de esa ciudad y de ese país que no sabe recordar su pasado y por ende, comenzar el olvido, aunque es este libro una buena manera de romper el silencio, dignificar a las víctimas, hacer vencer a los perdedores y, sobre todo, no rendirnos al olvido que con autores como él, valientes y excelentes narradores, no seremos. No solo recomendable, necesaria.

Pepo Paz escribe sobre la Transición en una novela imprescindible: 'Comenzar el olvido' | Imagen 1

Charo Alonso.