Lunes, 20 de abril de 2026
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Será agua y no petróleo el iniciador de la próxima guerra mundial
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Será agua y no petróleo el iniciador de la próxima guerra mundial

Publicado 16/04/2026 10:39

Nuestra foto de portada corresponde al desierto de Atacama, en Chile, con una extensión de 100.000 km2 es el lugar con mayor aridez de la Tierra, que posee zonas en las que no ha llovido en siglos.

Pasemos de la geografía a la política, y ahí es dónde debemos empezar a preocuparnos: los líderes mundiales nos están demostrando a los ciudadanos normales de este mundo, que las razones por las que se toman más del 90% de las decisiones de política, están motivadas por la economía. Pero a pesar que es el petróleo el que desde el pasado 28 de febrero empezó a marcar la “temperatura del mundo” y el estrecho de Ormuz está siendo en las últimas dos semanas la fiebre de este “gran paciente” que somos todos, de estallar hoy una 3º Guerra Mundial sería sobre el agua.

Los Jinetes del Apocalipsis son los cuatro caballeros que se describen en la primera parte del capítulo sexto del Apocalipsis y que representan la ?guerra, el hambre, la peste y la muerte. Históricamente han representado los desastres, las tragedias y cualquier tipo de infortunio para la humanidad. Deberíamos incorporarle un “quinto jinete”: la terrible y alarmante escasez de agua. El agua es vida.

Durante los últimos años hemos sido advertidos por los meteorólogos de una media de temperatura que ha aumentado entre 1,34 y 1,55 grados por encima de los niveles de inicios del siglo XX a principios de 2026.

Pero no tenemos tiempo para lamentarnos, sino para ver qué acciones se van a tomar a escala global. El Planeta TIERRA se está secando y debemos poner sobre la mesa algunas reflexiones que nos ayuden (especialmente a la dirigencia política y empresarial mundial), a una toma de posición, ante un bien natural imprescindible para la vida, que es cada vez más escaso y que es responsable directo e indirecto de pueblos que han tomado las armas. No ha sido el único factor desencadenante, pero sí uno bastante decisivo.

¿Es que estoy exagerando? Les voy a poner sobre la mesa ciertas pruebas que nos indican por qué hay preocupación mundial por un posible conflicto que vaya escalando hasta convertirlo en una Guerra Mundial por el agua.

Si consideramos un portal como es YKA, que indica inmediatamente después del nombre que es el sitio dónde “Where Young India Writes” (dónde la joven India escribe), en el que ya se afirmaba en 2023 que: “si hoy estallara la Tercera Guerra Mundial, creemos que sería sobre el agua”. Agregaba unos datos escalofriantes:

“Ya se están librando terribles guerras por productos escasos como el petróleo. Teniendo en cuenta que una de cada cuatro personas en la tierra carece de agua potable y que nuestro uso del agua está creciendo el doble de rápido que la población mundial, es hora de que esta toma de conciencia sobre el agua marque la diferencia antes de que sea demasiado tarde”.

Y no hay duda que los signos de tal conflicto ya existen, si se tienen en cuenta, por ejemplo, que la revolución contra el ex -presidente sirio Bashar al-Assad, el comienzo de la Guerra Civil de Yemen en Taiz (la ciudad con mayor escasez de agua del país), el conflicto entre Turquía e Irak por el río Tigris, la disputa entre Israel y Palestina por el río Jordán: todos estos conflictos tienen sus raíces en las disputas por el agua.

Es evidente que, ante la delicada situación geoestratégica y geopolítica actual, derivada de la Guerra de Irán, y la gran inestabilidad que una vez más nos genera Medio Oriente, hace que la sensibilidad en la política está a flor de piel, y no menos preocupante, la dichosa inestabilidad e incertidumbre que nos afecta a todos.

Un elemento clave para la vida como es el agua, pueda cortocircuitar las ya tensas relaciones entre Oriente y Occidente, pero muy en concreto, los poco más de 2.200 millones de habitantes que no tienen acceso directo al agua potable. ¿O es acaso que los vamos a acusar de terrorismo?

Veamos otro caso que me ha sorprendido, que es el de Diva Envitec Pvt Ltd, una empresa de ingeniería con sede en Bombay, India, que se centra en una amplia gama de tecnologías de mejora de procesos para la industria. Hasta aquí todo normal, como la presentación de una organización más, pero en cuanto entras a leer, ves que dice que “nuestra filosofía se basa en una transición constante hacia la energía y los materiales renovables. Ayudamos a nuestros clientes a ahorrar millones de dólares a través de procesos ecológicos y energéticamente eficientes y la recuperación de productos de los flujos de desechos”.

E inmediatamente lanza la bomba: “las guerras por el petróleo dieron forma a la historia del siglo XX, pero está claro que la mayoría de los conflictos del siglo XXI serán por el agua. ¿El cambio climático, la creciente escasez de recursos hídricos y la creciente inestabilidad regional nos llevarán a la Tercera Guerra Mundial?”. ¡Contundente! Al mismo tiempo preocupante, porque en ambos ejemplos que he puesto, no corresponde a una charla de café.

Los políticos (de cualquier signo que sean) que ostentan el poder en un país, o los que están liderando los máximos organismos supranacionales, caso Naciones Unidas, FMI, Banco Mundial, etc., saben lo preocupante que puede llegar a ser para el futuro del planeta, lo que se conoce en la ciencia política como “la maldición de los recursos”. La historia nos ha puesto de relevancia una y otra vez en diferentes épocas, la paradoja que países con abundancia de recursos naturales muy valiosos, terminaban experimentando mayores índices de corrupción, más conflictos y que tenían gobiernos menos democráticos. Basta estudiar un poco la historia del siglo XIX y XX y ver qué es lo que ha ocurrido en África y Latinoamérica. Los recursos importantes como los minerales, el petróleo, trigo, carne, sal y los diamantes (entre muchas otras materias primas), siempre han estado vinculados con guerras y conflictos locales, a veces regionales, y por supuesto, una gobernanza en base a corruptelas, que eran sostenidas siempre por las potencias coloniales que seguían haciendo gala de su fuerza con la rentable contrapartida de negocios internacionales de materias primas.

Pero actualmente, cuando se trata del agua, el recurso más comprometido de todos, la teoría de la ciencia política descrita cambia: e indica que la creciente escasez de agua generará conflictos violentos a medida que el acceso al agua se agote para ciertas comunidades.

¿Y por qué irán creciendo situaciones de conflictos que lleven a guerras más extendidas? Por la sencilla razón, que, frente a este panorama de corruptelas mundiales, de oportunistas políticos y de líderes mediocres, puede ocurrir que muchas organizaciones poderosas puedan luchar por la disminución de los suministros de agua, aumentando las tensiones. Esto implica, por supuesto, financiar y sostener a políticos corruptos y naciones de cuyo ejercicio democrático (las llamadas democracias blandas), solo tienen el nombre.

La falta de agua ya afectaba a finales de 2015 a un 40% de la población mundial, estimándose que en un cuarto de siglo más, o sea, llegando a 2040, podría estar por encima del 60% (algunos indican que más). ¿Ojo al dato? Lo veo más claro cada vez que ese “quinto jinete” no debe galopar jamás. Debemos evitarlo si pretendemos defender la existencia de nuestra especie.

Las sequías se van extendiendo por el globo, lo que convierte suelos fértiles en áridos, y poblaciones que se podían sostener (aunque en la pobreza) disponiendo de los mínimos básicos, pero que poco a poco la situación va dando paso a la falta de alimentos, hambre, pestes y enfermedades endémicas.

Qué es lo que se debe hacer

1º) No ceder en la lucha contra el cambio climático.

2º) Evitar la contaminación de los ríos y demás acuíferos.

3º) La gestión responsable del agua debe ser por partida doble: consumidores (formar y concienciar a la población en un consumo responsable) y las administraciones, en cuanto al tipo de obras que se liciten que puedan afectar de manera directa o indirecta el suministro y la disponibilidad de agua. Esto implica una educación para el cambio de modelos de consumo y estilos de vida.

4º) Para hacer frente a las sucesivas etapas de falta de agua y sequías, es imperativo que se lleven a cabo cambios en todas las formas de consumo, sea a nivel individual y familiar, como el de las grandes empresas que demandan por su tipo de producción ingentes cantidades de agua.

5º) Aprovechamiento del agua de lluvia y mejora sustancial en las canalizaciones y almacenaje.

6º) La reutilización de aguas residuales, haciendo de ellas un recurso.

7º) El 70% del agua dulce se utiliza en todo el planeta con finalidades de riego y prácticas agrícolas. Si se hacen mejoras tecnológicas se puede reducir de manera importante el desequilibrio que se produce entre la demanda y oferta de alimentos básicos derivados del campo.

Pero una vez explicitadas algunas de las medidas que han de tomarse, la cuestión es meramente política, como sigue:

- ¿Qué tienen que hacer los gobiernos locales, regionales y nacionales?

- ¿Existe una legislación adecuada para impedir el derroche y/o el mal uso del agua?

- ¿Se están generando los marcos institucionales internacionales y la cooperación entre naciones, por ejemplo, con acuerdos nacionales transfronterizos para compartir de manera racional este recurso vital?

- ¿Se está llevando a cabo una política fiscal que promueva el ahorro y consumo responsable del agua, penalizando el derroche?

Lo que sí queda claro, es que hay un camino de solución para que evitemos llegar a una Tercera Guerra Mundial como consecuencia de la escasez de agua: compatibilizar concienciación de los ciudadanos, las corporaciones industriales de todo tipo, así como los sistemas de producción y las medidas de gobierno de medio y largo plazo.

Este pensamiento es el que debe inspirarnos para diferenciar siempre entre la acción humana y las medidas de gobierno. Jamás podremos superar el problema del agua (como tantos otros conflictos casi irresolubles que tenemos en el mundo), si no se compatibiliza el principio económico de la escasez con la utilización racional del recurso AGUA.

Si esto se hubiera hecho con cabeza (buen criterio y sentido común) desde hace al menos tres décadas, no estaríamos en la situación que estamos actualmente. El tema se ha agravado porque se ha llegado demasiado lejos en el deterioro. Es hora de actuar y concienciar. Podemos evitar algo tan fatídico como UNA TERCERA GUERRA MUNDIAL y algo más dramático aún: la desaparición de nuestra especie.

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