El restaurador Miguel García detalla las fases de elaboración sobre la piedra de Villamayor, los materiales empleados y desmiente mitos populares como el uso de sangre de toro
El proceso de creación de los históricos vítores universitarios mantiene una técnica estrictamente manual que rechaza el uso de aerosoles o plantillas. La elaboración requiere hasta dos semanas de trabajo y combina el diseño digital previo con la ejecución artesanal sobre la piedra de Villamayor.
Plasmar el triunfo académico en las fachadas de la institución salmantina es una labor que exige precisión, paciencia y un profundo respeto por el patrimonio. El doctor en Bellas Artes y restaurador Miguel García es uno de los especialistas encargados de mantener viva esta tradición centenaria. Lejos de ser una simple pintada, la creación de estos símbolos sigue un riguroso protocolo. El artista defiende la necesidad de preservar el carácter manual de la obra para garantizar su valor institucional y su perdurabilidad a lo largo de los siglos.
En la actualidad, la normativa universitaria establece que los nuevos doctores deben elegir entre seis modelos preestablecidos. Esta medida busca mantener una uniformidad estética en los muros de las diferentes facultades, integrando las nuevas incorporaciones con los emblemas históricos ya existentes.
El trabajo comienza lejos del muro, con una fase de diseño en el estudio. El pintor realiza una composición digital previa que incluye el nombre, los apellidos y el año de lectura de la tesis del doctorando, adaptándolos al modelo seleccionado.
Una vez que el cliente aprueba el diseño, se procede a la ejecución in situ. El proceso completo, desde que se recibe el encargo hasta su finalización, abarca entre una y dos semanas, aunque el trabajo directo sobre la pared suele completarse en una sola mañana o tarde.
El tiempo exacto de pintura depende directamente de las características de la piedra de Villamayor. Si la superficie presenta un poro cerrado y pocas imperfecciones, el trabajo fluye con rapidez. Por el contrario, si el muro tiene grietas o irregularidades, el artista debe incidir meticulosamente con el pincel para que la pintura penetre de forma adecuada.
La elección de los materiales es fundamental para asegurar la conservación de la obra. El restaurador rechaza categóricamente el uso de aerosoles y plantillas, ya que estos tienden a oxidarse con el tiempo, virando hacia tonos oscuros, violáceos o rosáceos que desvirtúan el resultado final.
En su lugar, utiliza pinturas testadas en comercios locales que contienen un mínimo del 80 % de pigmento original. Esta composición garantiza que el color resista la incidencia de la luz y las inclemencias meteorológicas, manteniendo la fidelidad a los tonos históricos.
Respecto a la composición tradicional, la leyenda popular sostiene que antiguamente se utilizaba sangre de toro. Sin embargo, el especialista aclara que este dato no está comprobado científicamente en la actualidad, por lo que proyecta realizar análisis de micropartículas en el futuro para confirmar o desmentir este mito.