El emblemático quiosco Gabi, cerrará sus puertas a finales de julio tras 37 años de actividad por la jubilación de sus dueños.
Salamanca se prepara para despedir a uno de sus establecimientos más emblemáticos, ubicado en el número 17 de la avenida de Portugal. El quiosco Gabi, regentado por Gabriel Rodríguez, natural de Villoruela, y su mujer, María Asunción Martín, de Machacón, cerrará sus puertas a finales del próximo mes de julio. Tras casi cuatro décadas de dedicación ininterrumpida, los propietarios han decidido jubilarse, dejando atrás un negocio que se ha consolidado como el único de Salamanca en el que todavía se intercambian novelas.
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Durante 37 años, el matrimonio ha mantenido un horario exigente para atender a su fiel clientela. De lunes a viernes, levantan la persiana desde las 7:00 hasta las 15:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas, abriendo también los fines de semana por las mañanas. Los inicios de esta aventura empresarial surgieron de la necesidad tras un revés laboral. "Nos quedamos sin trabajo y nos metimos en un quiosco. No sabíamos de qué iba la cosa, pero ha salido muy bien", ha explicado el propio Gabriel Rodríguez.
A diferencia de los tradicionales quioscos de ventana, el formato de local comercial ha permitido a los propietarios ofrecer una mayor variedad de productos, como la venta de pan, lo que ha actuado como un gran reclamo para los vecinos. Esta cercanía diaria ha forjado un vínculo muy especial en la zona. "Esto tiene una repercusión en todo el barrio, todo el mundo te conoce, todo el mundo viene aquí al quiosco, todos los niños, los mayores, toda la clase de público", ha asegurado el quiosquero.

El sector ha experimentado transformaciones notables desde sus inicios. Gabriel recuerda cómo antes debían desplazarse hasta la Gran Vía para buscar periódicos, mientras que ahora la logística permite recibir todos los productos directamente en el local. A pesar de que el trabajo se ha vuelto más cómodo, la decisión de retirarse ha llegado. Gabriel confiesa haber prolongado su vida laboral un año más de lo correspondiente, admitiendo que le da pena despedirse porque la clientela "es como la familia".
Ante el inminente cierre, los propietarios han colgado el cartel de traspaso. Aunque ya hay varias personas interesadas, el futuro del local aún no se ha concretado. A pesar de que en Salamanca han cerrado recientemente cuatro o cinco quioscos de local, Gabriel defiende la viabilidad del negocio: "El negocio da para vivir, sí, yo he vivido de esto siempre y da para vivir de sobra, no hay ningún problema".
Además, según detallaba a SALAMANCArtv AL DÍA, se trata del único quiosco que queda en Salamanca para intercambiar novelas. Una práctica que, por lo tanto, desaparece en la ciudad charra.
A la espera de encontrar un sucesor que mantenga vivo este punto de encuentro vecinal, los planes del matrimonio se centran ahora en viajar y visitar a sus hijos. Como despedida, Gabriel Rodríguez ha querido lanzar un mensaje a sus vecinos: "Estoy muy agradecido a la gente, llevo muchos años con ellos".
