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La mirada y el instante: entre fotografía y poesía
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DESDE LA CIUDAD DE LA LUZ

La mirada y el instante: entre fotografía y poesía

Publicado 15/04/2026 12:00

El poeta clásico veía en el paisaje una señal de un orden divino; el romántico encontraba en las cosas un reflejo de sí mismo. El poeta-fotógrafo, en cambio, no interpreta: mira. No busca símbolos ni explicaciones, sino que delimita un campo donde algo puede aparecer. Su trabajo no es traducir el mundo, sino dejar que el mundo se muestre. Por eso, el poema no le ocurre al poeta: le ocurre al paisaje.

Hay instantes difíciles de nombrar. Se resisten a las palabras, a las explicaciones, incluso al tiempo que los contiene. Son momentos que parecen detenerlo todo, como si el flujo de la vida se interrumpiera por un instante y algo se volviera intensamente visible.

Cuando alguien mira su entorno para pensarse, para entenderse o para recordarse, ya está transformando ese instante. Intentar retenerlo es también perderlo. Pero ahí empieza lo poético: no en conservar el instante tal cual fue, sino en recrearlo. La imagen no guarda el momento, lo vuelve a construir.

Por eso, la imagen poética tiene algo doble: es un registro de algo concreto que ocurrió, pero también parece salirse del tiempo. Lo cotidiano, la memoria, la evocación, todo eso pertenece al tiempo real, pero en la imagen se reorganiza. Cosas separadas se juntan. El instante deja de pasar y empieza a existir de otra manera.

La fotografía trabaja con la idea de registro. Dice: esto estuvo aquí. Muestra una especie de esqueleto de los días, una huella del tiempo y de la mirada. La poesía, en cambio, no puede registrar así. No fija lo que vemos, sino que muestra lo que se escapa. No guarda el momento: deja ver su pérdida.

Más allá de los archivos, de los dispositivos donde guardamos imágenes, aparece la misma pregunta: ¿se puede conservar una emoción? Buscamos algo definitivo, una forma de fijar lo vivido, pero lo que encontramos muchas veces es quietud, casi vacío. Y entonces surge la duda: ¿es eso la imagen de nuestros días?

El sujeto poético no es solo quien mira. Surge en la relación entre lo que se ve y las palabras que intentan decirlo. Es ahí donde aparece la mirada, no como algo propio, sino como algo que se forma en ese encuentro.

En toda imagen hay memoria, pero no como acumulación, sino como algo que permanece de forma latente. Una voz recorre lo que ve, se detiene, y más que contar una historia, deja constancia de un instante.

Por eso, la poesía no depende tanto de los objetos que elige, sino de cómo se los mira. Los paisajes que aparecen pueden ser cercanos, habitables, pero el poeta no los posee. Se mantiene a cierta distancia. Y en esa distancia aparece algo importante: cuando el mundo se convierte en algo que observamos, también se vuelve, en cierta forma, imposible de poseer.

La mirada y el instante: entre fotografía y poesía | Imagen 1

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