Miércoles, 15 de abril de 2026
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Si no tocaba, no creía
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Si no tocaba, no creía

Publicado 14/04/2026 09:52

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

“Paz a vosotros.”

Luego dijo a Tomás:

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”

Contestó Tomás:

“¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,26-29).

Tomás no era agnóstico. Tomás buscaba la verdad, quería creer, pero necesitaba signos. El agnóstico también busca, pero solo después de haber buscado adopta el agnóstico su postura: “No sé si existe Dios. Yo no encuentro razones ni para creer en Él ni para no creer”.

La postura de Tomás no es la de un agnóstico indiferente, sino la de quien busca reafirmar su fe en la propia experiencia. Por eso, cuando se encuentra con Cristo, se abre confiadamente a él: “Señor mío y Dios mío”.

A raíz de la muerte del Maestro, la fe de Tomás se tambaleó a tal punto de no creer en su resurrección, a no ser que pudiera meter sus dedos en las manos traspasadas de Jesús y su mano en el costado. Cuando sus amigos le contaron la aparición de Jesús, Tomás no les creyó. Tomás quería pruebas, quería ver en Jesús las verdaderas marcas de su Pasión. "Si no meto mi mano en el agujero de sus clavos, si no meto mi dedo en su costado..." Y no hubo forma. Tomás tenía la cabeza muy dura.

¿Qué hace Jesús con este Tomás incrédulo y testarudo?

Le consuela. Cumple exactamente con lo que Tomás pedía. Se ve que lo conocía bien.

Cuenta una hermosa leyenda que Tomás fue a predicar el evangelio a la India. Y el rey Vecius le dio dinero para que le edificara un palacio. Pero Tomás distribuía el dinero entre los pobres y les anunciaba la muerte y resurrección de Jesús. Los ricos traían sus riquezas y las distribuían entre los demás. Y muchos se hicieron cristianos.

Y le dijo al rey:

"Tu palacio está hecho de personas, que ya no son pobres y ahora creen en Jesús. Dios vive en ellos. Tu gente es un magnífico palacio".

Al leer ese evangelio en estos días caía en la cuenta en la cantidad de gente que necesita y pide ver, tocar y palpar como Tomás para creer.

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