"Siempre dispuesto y pendiente de todo lo que acontecía en el ruedo y en los callejones, Fermín no era solo un cronista, sino una institución en sí mismo"
La plaza de toros de La Glorieta ha perdido a uno de sus inquilinos más ilustres. Fermín González, el hombre de la gorra calada, la planta inconfundible y el verbo afilado, nos ha dejado, llevándose consigo una forma única de entender y narrar la fiesta nacional. Su vida estuvo intrínsecamente ligada a la pasión por la tauromaquia, una devoción que transmitía en cada conversación y en cada texto.
Siempre dispuesto y pendiente de todo lo que acontecía en el ruedo y en los callejones, Fermín no era solo un cronista, sino una institución en sí mismo.
Para quienes hacemos la información taurina, la Feria Taurina de la Virgen de la Vega ya no volverá a ser igual. Su presencia era imprescindible cada tarde en el Tendido 1, el lugar desde donde escrutaba cada detalle de la lidia rodeado de compañeros y con su inseparable libreta. Era él cronista de los de antes. Eso de apuntar notas con el móvil o en un ordenador, nunca lo entendió. En ese cemento es donde me demostró ser mucho más que un colega de profesión: era un amigo.
En lo personal, guardaré siempre el recuerdo de mis primeras ferias cubriendo festejos, cuando sus consejos dados de corazón me sirvieron de guía. Con paciencia y generosidad, compartía su sabiduría con los que empezábamos, enseñándonos a mirar el toreo con el rigor que merece. Esa misma generosidad la demostró con su lealtad inquebrantable a SALAMANCArtv AL DÍA, donde sus firmas en la sección de toros y sus columnas en la sección de opinión se convirtieron en lectura obligada para los aficionados.
Si algo caracterizaba la firma de Fermín González era su tono crítico y exigente. Entendía la tauromaquia desde la pureza y el respeto a los cánones antiguos. No le temblaba el pulso al plasmar en sus artículos su visión sobre la fiesta, mostrándose a menudo muy crítico con las derivas de la tauromaquia actual. Para él, el toro y el torero debían medirse bajo el prisma de la verdad y la ortodoxia.
Pero su pluma no era su única herramienta de expresión. Su otra gran pasión era la radio. Los oyentes salmantinos echarán de menos el espacio que cada Feria le dedicaba su gran amigo Pepe en Onda Cero Salamanca.
Fermín ya descansa tras no ganar esta última batalla. Este es su último paseíllo. Nos quedamos con su recuerdo imborrable: su tono característico al debatir sobre una faena, su inconfundible gorra asomando por los tendidos, su planta torera y, sobre todo, su calidad humana. Se le echará de menos este próximo septiembre. Siempre en el recuerdo.
*La misa funeral será a las 17:30 horas de este martes 14 de abril en la capilla del tanatorio San Carlos
