Sentada junto a un joven ucraniano en el estudio. Se la ve con la mirada perdida y la piel de la cara tatuada bajo el ojo con una cruz.
Me pide el educador si puedo hablar con ella porque la ve siempre muy drogada. Le pregunto si quiere hablar conmigo y me contesta que sí porque así se libra del estudio. Esta chica tiene diecisiete años y está obligada a venir al proyecto Kairós de centro de día.
Sólo la he visto un día en el rellano de la escalera. Me dice que siempre se droga para soportar su vida, hoy va puesta de “tusi”, cóctel de cocaína, ketamina, etc.
Me deja mirar sus antebrazos con surcos de cortes profundos. Ha estado mucho tiempo ingresada en psiquiatría. Cuando sin conocerla le digo que le veo talento y encanto me dice que estoy bobo.
Le pregunto por quién se animaría a vivir y me dice por su hermana pequeña. Consigue ir a nadar con una educadora que no le cae mal, participa en aéreos y me compra intentar un grado básico. Todavía no se atreve a soñar un futuro. El joven de al lado la acompaña de tiempo libre. En mi prevención de recaída le recuerdo que dijo que era más fácil lo que ha vivido en la guerra que un desengaño amoroso. Con su primer beso a los diecisiete años a una niña negra se apartó del nazismo, en el segundo se intento quitar la vida porque aguantaba mejor la amputación de una pierna. Con él habíamos planificado llegar al beso 100, alternando paraísos e infiernos . Ahora quiere salvarla y sólo se puede salvar ella así misma.
En nuestro empeño con estos jóvenes queremos crear vicios sanos. Partimos la próxima semana para Portugal en una expedición con diez furgonetas de nueve plazas cada una. Dos de las viviendas de León, dos de Mojados Valladolid y seis de Salamanca, dos educadores por furgoneta y siete niñas y niños, noventa personas.
Es una escuela viajera donde las enseñanzas siguen rumbo a Lisboa, Oporto, Sintra, Estoril, Nazaret, Aveiro, Algarve… Hablar idiomas, orientarse, historia, geografía, vegetación, y sobretodo convivencia y diversión sana.
Para hacer las listas tenemos la suerte que salen educadores voluntarios para viajar y quedarse sin escatimar los turnos laborales. Los menores tienen preferencia las consideradas más vulnerables. Si fuera por esfuerzo objetivo serían los más pequeños y varios con discapacidad reconocida. Tenemos la tesitura que la sociedad es más sensible con discapacidad y tierna infancia. Nosotros tenemos mejores resultados de integración. Pero a veces esas niñas que aparentan ir de divas, que se han fugado, que son víctimas de abusos consentidos, pueden adivinar una ruta de vida en una semana de vida alternativa. Por eso van al viaje sin merecerlo, para romper círculos del mal .
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