Martes, 14 de abril de 2026
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Hay más mascotas que niños
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Hay más mascotas que niños

En la Verbena de la Paloma, Sebastián le dice a Don Hilarión: “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Afortunadamente, casi siempre es cierto. Lo malo del caso es que, algunas veces, hay personas convencidas de que ese posible adelanto se pasa de frenada.

Una de esas controversias viene dada por la aparición en escena del movimiento ecologista. Efectivamente. Creo que en España hubo y hay episodios en los que el trazado de vías de comunicación –u otras infraestructuras- han sufrido demoras, incluso cancelaciones, porque perjudicaban alguna vegetación típica, asentamientos de aves o zonas de subsistencia de determinadas especies de animales.

Recuerdo que en la década de los 90 fue célebre la interrupción de las obras de la A-3 a su paso por las Hoces del Cabriel. Después de no pocas propuestas, se llegó a un acuerdo para aplacar los enfrentamientos ente las organizaciones ecologistas y el gobierno de C-LM (José Bono), por un lado, y el ministro de Obras Públicas (José Borrell) –los dos del mimo partido- por el otro. Esa solución intermedia supuso un retraso de casi 10 años y 13.000 millones más de los presupuestados. En el paraje de las Hoces del Cabriel existe una flora y una fauna muy similar a la de varios parajes en todo el país, alguno de los cuales también se han visto afectados por infraestructuras y siguen manteniendo sus mismas flora y fauna.

En la actualidad, ha saltado a los medios de comunicación otro enfrentamiento en la ciudad de Toledo. La antigua muralla en la bajada de la iglesia de San Martín necesita una rápida restauración, antes de que el problema se agrave. En ese paño de muro existen nidos de vencejos que, aunque lógicamente sean respetados, las obras pueden alterar la entrada y salida de las aves en sus nidos. El vencejo es una especie protegida y es lógico que se planifique el comienzo de las obras cuando los nidos ya estén vacíos. Si los trabajos se prolongan hasta la siguiente puesta de huevos, las aves son los suficientemente listas como para buscar otra ubicación de su nido. Lo hacen todas las aves. Parece ser que, según seguimientos hechos por los estudiosos del tema, un vencejo puede llegar a comerse mil insectos diarios, pero también lo es que hay multitud de aves insectívoras y la falta de unas docenas de vencejos nunca ocasionarían mayor problema que el que supone paralizar unas obras necesarias.

Hablando de aves, estoy pensando en dos ciudades en las que últimamente paso algunas temporadas: Madrid y Cádiz. Las dos están soportando una verdadera plaga de una especie de cotorra que está expulsando de los árboles a otras aves que los ocupaban antes. Hay que vivirlo para comprobar el verdadero “griterío” que montan a diario y que, por cierto, no paran ni un momento de saltar de un árbol a otro. Son francamente molestas y se han convertido en especie invasora. Supongo que, si los encargados de solucionar el problema no lo hacen, también debería oírse la protesta de las organizaciones ecológicas.

Cambiando el tercio, hablemos de la fiesta nacional. Soy aficionado a las corridas de toros, pero comprendo y respeto a quien no lo sea. Ahora bien, así como en los temas anteriormente citados los problemas afectan a toda la población, en este de caso la solución es mucho más fácil: el que no sea partidario de las corridas de toros, que no asista a ellas.

Existe, también, otro tema que está dando mucho que hablar: el aumento exponencial de los ataques del lobo a ganados que viven en el campo o en explotaciones al aire libre; y, por otro lado, la invasión de jabalíes que tanto daño están causando en las plantaciones, además del aumento de los accidentes de circulación o la ocupación de barrios enteros de algunas ciudades. En uno y otro caso el gobierno, por las presiones de grupos ecologistas, se ha opuesto a autorizar la caza de estas dos especies en las condiciones que se determinen y con la intensidad que sea necesaria. De paso, el ecologismo intransigente ya habla de prohibir toda la caza.

En todos estos episodios sale a relucir un cierto concepto de intransigencia. Es cierto que para unos se trata de una protección necesaria para conservar el patrimonio natural; pero para otros no deja de ser un obstáculo de la ideología y la burocracia que ocasiona el encarecimiento de los proyectos, el retraso de los mismos y, en algunos casos, un freno al bienestar y a la competitividad.

No sé si tiene algo que ver, pero el boom de las mascotas ha traído una nueva forma de entender la vida. Tal vez el confinamiento por el covid espoleó la necesidad de tener un animal de compañía. Cada cual deberá sopesar las ventajas de tener compañía frente a la molestia de tener a los animales aseados y “paseados”. Por desgracia, también está aumentando el abandono de mascotas cuando tienen demasiada edad o con la llegada de las vacaciones.

No obstante, insisto en que el ecologismo sensato es digno de alabanza en una sociedad tan susceptible como la actual. La degradación del mar y del medio ambiente es un tema lo suficientemente grave como para prestarle la debida atención. Se propone, y me parece lógico, la conveniencia de añadir en la escuela la enseñanza medioambiental, pero la realidad nos ha mostrado cómo se ha disfrazado incluyendo materias de otra índole para adoctrinar a la juventud en lugar de comprometerla en labores concretas como recogida de plásticos y limpieza de parques. Asociar capitalismo con ataques al medioambiente y progresismo con el verdadero ecologismo, choca con el hecho de que, a la hora de contaminar, nadie es amigo del sacrificio, ni de hacerse vegano por decreto ley. El desarrollo de los pueblos tiene sus inconvenientes y es en la sensata observancia de las normas donde reside la efectividad. De nada sirve marcar los límites que no se deben sobrepasar si las potencias con derecho a veto miran para otro lado.

Ahora bien, cuando las personas dispuestas a luchar a toda costa contra el medioambiente y el maltrato animal son también partidarias del aborto, da para pensar que, al menos, su moral deja mucho que desear. Anteponer el bien de los animales al de las personas tiene muy poco recorrido. El progresismo “gran reserva” empeñado en catequizar a la humanidad, por mucho que se manifieste, va contra natura. Pretender que el aborto llegue a ser un derecho de la mujer es justificar el asesinato. Se quiere imponer el hecho de que el feto no es una persona, y yo pregunto ¿cuando se realiza una cirugía fetal, no se hace sobre un ser humano? Hay intervenciones en las que el feto se extrae del útero de la madre para, después de la intervención, volver a introducirle en el seno materno. Indudablemente, ahí hay vida. A ese médico que se esfuerza en salvar la vida de un nasciturus ¿hay que “ficharle” por oponerse a interrumpir la vida de ese nuevo ser? Este gobierno tan progresista pretende atacar la libertad de conciencia.

Salvo en los casos extremos que ampara la ley, el aborto es la solución de personas egoístas y cómodas. Existen métodos para evitar el embarazo, pero fallan cuando hay falta de voluntad. Cada matrimonio debe decidir el número de hijos que puede sacar adelante, pero casarse con la decisión de no tener ninguno es adulterar el fin para el que fue creado.

Somos uno de los países con menor índice de natalidad y, a la vez, estamos entre los que tienen mayor número de mascotas. En España hay alrededor de 25 millones de hogares y más de 15 millones de mascotas, pero solamente 5 millones de niños menores de 5 años. Algo falla.

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