Las 29 aves acuáticas de los parques de La Alamedilla y Los Jesuitas han regresado a sus estanques tras casi medio año de aislamiento preventivo por la gripe aviar. Un trabajador municipal detalla el exhaustivo cuidado diario durante su cautiverio y hace un llamamiento ciudadano para evitar alimentarlos con pan, una práctica letal para los pollitos.
Los emblemáticos patos ya nadan en los recintos de La Alamedilla y Los Jesuitas tras permanecer casi medio año en el vivero del Ayuntamiento de Salamanca. La medida preventiva frente a la gripe aviar concluye con la exitosa aclimatación de los animales, cuyo mantenimiento en cautividad ha supuesto un verdadero reto logístico para los operarios encargados de garantizar su bienestar.
El departamento de Sanidad Animal de la Junta de Castilla y León ha levantado oficialmente las restricciones que mantenían a las aves alejadas de su entorno natural. La decisión permite que los céntricos parques recuperen a sus inquilinos más populares justo para el inicio de la primavera, poniendo fin a una cuarentena que comenzó el pasado 14 de noviembre.
La retirada de los animales se ejecutó en estricto cumplimiento de las directrices emitidas por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ante el riesgo de expansión de la enfermedad. Tal y como ha explicado un trabajador municipal encargado de su cuidado diario, la acción se tomó "por iniciativa propia del Ayuntamiento" y "simplemente para prevenir", ya que no existía ningún ejemplar contagiado en las instalaciones.
Durante este periodo de ausencia, el Consistorio ha aprovechado para realizar labores de limpieza y mantenimiento integral en los recintos acuáticos. El proceso de llenado se ha llevado a cabo por tramos durante las últimas semanas para asegurar el correcto funcionamiento de las instalaciones hídricas antes de recibir nuevamente a los animales.
El cambio de un estanque abierto a un entorno cerrado en el vivero municipal alteró por completo las rutinas de los animales y de sus cuidadores. "El trabajo se ha multiplicado", ha señalado el operario, explicando que en un espacio confinado las aves se ensucian con mucha mayor rapidez al pisar sus propios excrementos. Para garantizar unas condiciones higiénicas óptimas, el personal tenía la obligación de baldear el suelo con la manguera todos los días.
La alimentación también experimentó modificaciones sustanciales para suplir las carencias del encierro. El cuidador ha detallado que se les aumentó la dosis de comida diaria porque en su hábitat natural los patos "salen y ramonean por los jardines, beben agua y comen hierba". Al no disponer de estos recursos naturales, la dieta tuvo que ser reforzada artificialmente para mantener su estado de salud.

La climatología jugó un papel fundamental en la logística del invernadero, obligando a adaptar el entorno a las necesidades térmicas de los ejemplares de forma constante. Durante los meses de frío, los trabajadores instalaron depósitos con agua para que las aves pudieran bañarse y mantener sus costumbres. Por el contrario, en los días de mayor calor, el personal procedía a duchar directamente a los animales para ayudarles a bajar la temperatura corporal.
Asimismo, se implementaron medidas de seguridad adicionales en las instalaciones municipales. El equipo procedió a la colocación de redes en todas las ventanas, con el doble objetivo de evitar que los patos más jóvenes volaran al exterior y de impedir la entrada de depredadores, como aves rapaces o azores, garantizando así la integridad de toda la bandada.
En la actualidad, la población de aves acuáticas se sitúa en 29 ejemplares en total, repartidos entre los estanques de La Alamedilla y Los Jesuitas. El empleado municipal ha confirmado que durante este tiempo algunos animales han fallecido por causas naturales, ya que varios residían en los parques desde el año 2018 y habían desarrollado problemas propios de la vejez, como la artrosis.
Aprovechando el regreso de las aves, el cuidador ha querido hacer especial hincapié en una costumbre ciudadana muy arraigada pero altamente perjudicial. "Muchos de los pollitos se mueren porque a la gente le hace mucha gracia darles pan, que no son más que hidratos vacíos, entonces no comen las proteínas que deben comer", ha advertido el trabajador con preocupación.
Además de perjudicar gravemente el desarrollo y la supervivencia de las crías, el experto ha recordado que los restos de comida en el estanque se pudren y estropean el ecosistema del agua. Esta situación genera malos olores y obliga a desperdiciar agua pública para limpiar las instalaciones antes de lo previsto, por lo que ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de los visitantes.

La reintroducción en su hábitat natural ha resultado un éxito rotundo. Según ha relatado el operario encargado del traslado, la aclimatación fue inmediata desde el primer momento en que se abrieron las puertas del transporte. "Les sacamos del camión y se metieron al agua y todos se bañaron. Luego yo les estuve observando un rato y por la tarde otro rato, y ahí andaban colocándose plumas y limpiándose", ha rememorado con satisfacción.
Este regreso ha evidenciado el profundo arraigo que estas aves tienen entre los vecinos de Salamanca. Durante los meses de ausencia, el cuidador ha experimentado de primera mano la preocupación ciudadana. Entre las anécdotas más entrañables, destaca la de dos niños que le preguntaban con insistencia por la vuelta de los animales al verle con la ropa de trabajo, o la de un hombre mayor que, antes del confinamiento, "los tenía controlados a todos" y sabía perfectamente dónde se escondía cada ejemplar.
El día de la suelta, la emoción fue palpable en el céntrico parque. "Mucha gente decía 'ay, mira, ya están los patos, vamos a verlos'", ha concluido el trabajador, confirmando que la normalidad ha regresado por completo a uno de los espacios verdes más visitados de la capital del Tormes.