, 05 de abril de 2026
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Procesión de La Vela: Una tradición propia de Peñaranda que vuelve a iluminar el Viernes Santo
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SEMANA SANTA 2026

Procesión de La Vela: Una tradición propia de Peñaranda que vuelve a iluminar el Viernes Santo

Publicado 03/04/2026 15:41

La emocionante despedida de los crucificados se repetía un año más en la previa a la entrega de las velas en la Ermita del Humilladero

La emoción y la devoción multitudinaria han marcado la mañana de este Viernes Santo en Peñaranda, en una jornada en la que la tradición ha vuelto a ocupar un lugar protagonista.

Las calles y plazas de la ciudad se llenaron por completo para vivir la Procesión de la Vela, un desfile único y profundamente autóctono que no solo forma parte de la Semana Santa peñarandina, sino que la define. Miles de vecinos y visitantes se dieron cita para acompañar un acto que combina devoción, identidad y un ambiente difícil de encontrar fuera de Peñaranda.

La procesión daba comienzo pasadas las once y media de la mañana desde la Ermita de San Luis, con la salida de las imágenes del Santo Cristo de San Luis y el Santo Cristo del Humilladero. Desde allí iniciaban un recorrido cargado de simbolismo que les conducía hasta la Plaza de la Constitución, epicentro de uno de los momentos más esperados.

En este punto tenía lugar la tradicional y emotiva despedida entre ambas imágenes, un instante que cada año conmueve a los presentes y es una de las estampas más retratadas de estos días. Tras ello, separaban sus caminos: el Santo Cristo de San Luis continuaba hacia la iglesia parroquial, mientras que el Cristo del Humilladero emprendía su regreso a su ermita, acompañado en todo momento por una multitud que no dejó de arroparle.

Ya en la Ermita del Humilladero, y tras una breve oración pronunciada por el párroco de Peñaranda, Lauren Sevillano, se abrían las puertas para que las miles de personas que aguardaban pacientemente pudieran acceder al interior. Allí, en un ambiente de alegría y marcado carácter familiar, los cientos de familias fueron depositando sus velas ante la imagen del crucificado, dando sentido pleno a una procesión que convierte este sencillo acto en ejemplo de fe compartida.