Este reportaje exclusivo desvela el misterio sobre las cruces que recuerdan cada tarde de Viernes Santo a los congregantes fallecidos.
La Congregación de Jesús Nazareno y Santo Entierro mantiene viva una de las tradiciones más conmovedoras de la Semana Santa salmantina. En el frontal de su paso titular, decenas de insignias acompañan a la imagen titular, demostrando que el vínculo de los cofrades con su hermandad trasciende la propia vida y se renueva cada primavera. SALAMANCArtv AL DÍA se adentra en exclusiva en uno de los tesoros mejor guardados de la Congregación. Se trata de un detalle que a menudo pasa desapercibido para el gran público, pero que encierra el verdadero sentido de la hermandad para quienes visten la túnica en la tarde del Viernes Santo.
El hermano mayor de la Congregación, Antonio José Caballo Lorenzo, ha abierto las puertas del camarín de la iglesia de San Julián y Santa Basilisa para explicar el significado de esta íntima costumbre. "Nosotros somos nazarenos hasta después de la muerte", afirma con rotundidad al referirse a la presencia simbólica de aquellos que ya no pueden cargar con el paso físicamente.
De este modo, los congregantes fallecidos continúan su estación de penitencia por las calles de la capital del Tormes. Lo hacen a través de una medalla prendida en el frontal paso, una forma de asegurar que su memoria siga ligada a la imagen que veneraron en vida.

Para encontrar las raíces de este homenaje hay que remontarse a mediados del siglo pasado. Fue entonces cuando Juan Calderón, quien ocupaba el cargo de hermano mayor en aquella época, decidió instaurar esta práctica para enriquecer el sentido espiritual del desfile. "Quiso darle un toque más solemne a nuestra procesión y se le ocurrió la idea de que los hermanos fallecidos pudieran salir procesionando", relata Antonio Caballo. El objetivo era aportar una esencia más puramente nazarena al recorrido penitencial.
El diseño de este recuerdo es muy específico. Consiste en una insignia de tamaño reducido rematada con una aureola. En su interior, cada pieza lleva grabado el nombre del fallecido, sus apellidos y la fecha exacta de su defunción, convirtiendo el frontal del paso en un auténtico memorial en movimiento.
El cuidado de este patrimonio emocional requiere dedicación. El año pasado, dos hermanas de la congregación asumieron de forma altruista la labor de limpiar las medallas individualmente, una por una, y realizar una actualización exhaustiva del censo de insignias.
Fruto de este trabajo, este Viernes Santo saldrán a la calle 221 cruces de difuntos. Una cifra que, como reconoce el actual hermano mayor, es especialmente alta debido a las recientes pérdidas que ha sufrido la institución penitencial. "Lamentablemente este año hemos tenido que despedir a siete hermanos", lamenta Antonio. Entre ellos destaca la figura del sacerdote Antonio Matilla, "conocido por todos como capellán de la congregación". Su medalla será prendida en el paso de Jesús Nazareno en un sencillo acto de homenaje que tendrá lugar antes de la procesión del Viernes Santo para acompañar a sus hermanos en la inminente procesión.

Portar estas cruces supone para los cofrades un motivo de orgullo y, al mismo tiempo, una inmensa responsabilidad. Esta carga emocional se traduce en una reflexión que el hermano mayor suele compartir con los suyos: "Siempre digo en tono de 'humor' que el paso de Jesús Nazareno, lamentablemente, todos los años pesa más, y es porque siempre tenemos que despedir a algún hermano".
Los instantes previos a la salida de la iglesia constituyen el clímax de esta tradición. Cuando se coloca el tablero con las cruces en el paso, se produce un profundo recogimiento entre todos los presentes que se preparan para iniciar la marcha. "Todos nos acercamos a ver a nuestros seres queridos, a nuestros abuelos, a nuestras abuelas, a nuestros padres, a nuestras madres, a nuestros hijos", describe con emoción Antonio Caballo Lorenzo. Es un momento de silencio absoluto en el que cada cofrade busca y toca la cruz de su familiar.
Ese breve instante de conexión, en el que se respeta el silencio de cada persona, resulta fundamental para el desarrollo de la procesión. Son momentos que, según concluye el hermano mayor, "te evocan a salir con más ganas a las calles todavía".

FOTOS: David Sañudo