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El Cristo Crucificado procesiona con las cinco llagas entre entrañables calles mirobrigenses
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Ciudad Rodrigo | Semana Santa

El Cristo Crucificado procesiona con las cinco llagas entre entrañables calles mirobrigenses

Publicado 01/04/2026 02:38

La iluminación artística y la puesta en escena de la comitiva con la vestimenta roja y antorchas envolvieron la ciudad en un ambiente lóbrego

La ciudad del Águeda vivió en sus calles céntricas y llenas de historia una noche de Martes Santo caracterizada por el recogimiento, la sobriedad y un carácter lúgubre que define esta procesión de Las Cinco Llagas desde que comenzó su andadura en el año 2018. El Cristo de la Buena Muerte, talla del siglo XVI y de autor desconocido, protagonizó el desfile acompañado por sus 240 cofrades, la mayoría muy jóven de la Ilustre Cofradía de la Santa Cruz,que lo portaron desde su sede, la iglesia de San Pedro y San Isidoro.

La puesta en escena del séquito y los espacios recorridos marcan una diferencia perceptible con respecto a otras procesiones. Aquí se buscan marcos emblemáticos del conjunto monumental y calles que parecen sustraídas al tiempo: callejones recónditos, pasajes íntimos o angostas vías apartadas del bullicio, que guardan entre sus fachadas el susurro persistente de otros siglos.

Acompañaban el Coro de San Andrés y el sacerdote Fernando Dias-Bailón, deteniéndose en distintos puntos para la lectura de las cinco llagas a lo largo del recorrido, en una cadencia que acentuaba el carácter meditativo del cortejo. También el sonido grave de los tambores de la banda de la propia Cofradía contribuía a la atmósfera, mientras abría la comitiva un muñidor al son de campana, marcando el paso y el silencio.

Cabe destacar que las estampas fotográficas no fueron de las mejores. El fuerte viento apagaba una y otra vez las antorchas, pese al empeño de los cofrades por reavivar el fuego, en una lucha constante contra los elementos. Ese mismo viento enfrió los cuerpos de mirobrigenses y forasteros que salieron a presenciar la procesión, pero no logró apagar la fe ni el fervor que, un año más, sostienen la intensidad de la Semana Santa.