Lunes, 06 de abril de 2026
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Origen de la Semana Santa
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Origen de la Semana Santa

Según el libro del Éxodo, cuando el faraón se negó a dejar marchar a los israelitas de Egipto, Dios le mandó diez terribles plagas para castigarle. La décima y más letal fue la muerte de todos los primogénitos del país del Nilo, matanza de la que los hebreos se libraron sacrificando un cordero y pintando con su sangre la puerta de sus casas, según indicaciones de Moisés.

Con la carne de este animal y pan sin levadura, se celebró entonces la primera Pascua judía, llamada así por ser el inicio del pasaje o Pesaj del pueblo de Dios hacia la tierra prometida, Canaán. Siglos después, Jesucristo celebró también su última cena durante la Pascua, indicando a sus discípulos que repitieran su partición del pan y bendición del vino como recordatorio de su inminente sacrificio en la cruz.

Por ello, tras el juicio y muerte de Cristo, los apóstoles empezaron a reunirse, según el evangelista Lucas, “el primer día de cada semana” (es decir, el domingo o dies dominus), para recordar su vida y comer en comunión el pan y el vino en los que se encarnaba el Salvador, rito que luego adoptaron las primeras comunidades de creyentes en lo que serían las primeras misas de la historia.

Junto a estas celebraciones semanales, los cristianos primigenios conmemoraban también el aniversario de la crucifixión, coincidiendo con la Pascua judía celebrada en el 14 del mes hebreo de Nisan (fecha variable cada año al depender de un calendario lunar).

Durante la llamada Pascha (del griego Pesaj), los creyentes leían el relato de la Pasión recogido en los evangelios, además de ayunar y abstenerse de comer carne y otros placeres durante los cuarenta días a fin de purificar el alma

Lejos de ser un oficio religioso, las primeras celebraciones de la Pascua fueron una simple cena celebrada en el ámbito privado. Tan pacíficas intenciones, sin embargo, quedaron algo empañadas por la controversia en torno a la fecha exacta de la celebración, que llegó a dividir a la cristiandad.

Por una parte estaban los miembros de la iglesia oriental, quienes, amparándose en una lectura literal de la Biblia, defendían que se debía comer el pan y el vino en la fecha justa en la que lo hizo Jesús; por el otro, los cristianos occidentales y africanos encabezados por el obispo de Roma defendían que se debía celebrar el domingo siguiente (día de su resurrección) y ayunar a partir del jueves.

Pese a los intentos de algunos teólogos como Orígenes de llegar a un consenso, ambas posiciones permanecieron enfrentadas hasta que el emperador Constantino estableció la primera ortodoxia cristiana en el Concilio de Nicea en el 325. En esa reunión con todos los obispos del Imperio se estableció definitivamente el domingo como día de celebración para distanciar al cristianismo de las fiestas judías, estableciendo el ayuno y la lectura de la Pasión como ritos de Viernes y Sábado Santo.

Fue así como nació la Semana Santa como hoy la conocemos, iniciada el Domingo de Ramos con la bendición de palmas y hojas de laurel para festejar la entrada de Jesús en Jerusalén, seguida por el llamado triduo pascual, que empieza el Jueves Santo con la Última Cena y el lavado de pies a los pobres, la lectura de la Pasión el Viernes Santo, seguida por el Oficio de Tinieblas el Sábado Santo y culminando con la resurrección de Cristo el Domingo.

La Pascua fue vivida con especial fervor en Jerusalén a partir de la construcción de las basílicas del Santo Sepulcro y el Martyria en el Gólgota, lugar de la muerte y resurrección de Cristo.

Fue precisamente allí donde se celebró la primera procesión en época bizantina, donde los fieles desfilaron un Viernes Santo portando cruces desde el palacio de Pilatos hasta el Calvario. Recorriendo el Vía Crucis o camino de la cruz, los fieles se detenían para leer episodios de la Pasión.

Adoptada por toda la cristiandad, esta Vía Dolorosa se transformaría luego en las procesiones que nos son hoy tan familiares, cuando en los países católicos se incorporó el desfile de pasos con representaciones de escenas de la Pasión como una manera de evangelizar e impresionar a los creyentes, en una época en la que las conversiones al protestantismo dividieron a la iglesia.

Tras el concilio de Nicea, el Domingo de Resurrección quedó fijado como fecha de la Pascua cristiana para diferenciarla de la celebración del éxodo judío.

Curiosidades de Semana Santa

Algo más reciente fue la costumbre de regalar huevos el Domingo de Resurrección. El huevo simboliza la promesa de una nueva vida mediante la apertura del Cielo a los creyentes tras la muerte de Cristo; por ello, a partir de la Edad Media, se empezaron a regalar huevos pintados, de oro y elaborados. Regalo de los padrinos a sus ahijados

Las torrijas tienen un origen muy antiguo, con raíces en la antigua Roma (siglo I), donde ya se elaboraban recetas similares con pan, leche y miel. Aunque su origen europeo es difuso, en España se documentaron por primera vez en el siglo XV, consolidándose como un postre tradicional de Semana Santa para aprovechar el pan duro y aportar energía durante la Cuaresma.

Si alguna vez has observado la luna llena durante el tsukimi, quizá te haya parecido distinguir en su superficie la silueta de un conejo. En Japón, esa imagen está ligada a una de las leyendas más queridas: la del conejo que vive en la luna y prepara mochi, los tradicionales pastelitos de arroz.

Un conejo, al no tener nada que ofrecer a un anciano hambriento, se ofreció a sí mismo como acto de entrega y compasión. Conmovido por su sacrificio, el dios lo llevó a la luna para que viviera eternamente allí, preparando mochi como símbolo de abundancia.

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