, 29 de marzo de 2026
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Para qué sirve la guerra
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Al cabo de la calle

Para qué sirve la guerra

Publicado 28/03/2026 08:40

Desde el punto de vista del ser humano y de las sociedades, la guerra no sirve para nada bueno. Es fuente de horrores, desastres, atrocidades, crisis humanitarias, degradación humana y muerte. Solo unos cuantos sacan provecho económico de la guerra, entre ellos las empresas de armamento, recientemente las de inteligencia artificial y algunos desaprensivos o ególatras que utilizan la guerra para el enriquecimiento propio.

Más allá de esos pocos aprovechados, podemos decir que hoy ya nadie gana guerras, a pesar de que alguien diga o se crea haberlas ganado. Desde hace más de ochenta años, tras la II Guerra Mundial que causó entre 70 y 80 millones de muertes (con las habidas directamente en ella o por enfermedades y hambruna derivadas) las guerras han seguido en la misma línea, ninguna ha conseguido los efectos esperados, más bien al contrario, han empeorado las condiciones de la población. Ahí están las humillaciones de los promotores, los desastres y el caos en guerras como las de Afganistán, Libia, Irak, Siria, Líbano o Sudán, por citar algunas.

Por otra parte, y en términos generales, existe un alto rechazo de la población a la guerra. El 85 % de la población española está en contra de la guerra y siete de cada diez españoles rechaza el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, según se desprende del estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al presente mes de marzo. Lo que viene a confirmar, una vez más, el pacifismo de la inmensa mayoría de la sociedad española contemporánea. Pacifismo que ya se puso de manifiesto en 2003 cuando, según el CIS, el rechazo de los españoles a la guerra de Irak alcanzó el 91 %.

Con ese sentimiento y percepción social, no es de extrañar que se generen movimientos a favor de la abolición de la guerra como solución a los conflictos entre naciones o en el interior de los países. Y es que todas las guerras llevan el germen de la injusticia. Toda guerra es injusta, entre otras muchas cosas negativas, porque atenta contra la vida, la dignidad y la inteligencia del ser humano.

La guerra siempre representa el fracaso de la política, de la diplomacia y de una convivencia en paz. Es la fuerza bruta, generadora de horrores y desastres. El primer horror de la guerra se produce antes de que empiece y este es la ingente cantidad de dinero que se dedica para armarse y estar preparados para la guerra.

Es un horror el gasto militar mundial que, según informe presentado por Naciones Unidas (septiembre de 2025) en 2024 alcanzó el récord de 2,7 billones de dólares, lo que equivale a 334 dólares de gasto por persona al año. Gasto equivalente al PIB (Producto Interior Bruto) de todo el continente africano y más de la mitad de los latinoamericanos. Asimismo, equivale a trece veces el gasto que los países ricos destinan a la ayuda al desarrollo o 750 veces el presupuesto regular de la ONU.

Con esas cifras se podrían construir unos 13.500 hospitales de alta tecnología o más de 675.000 escuelas de enseñanza primaria. Un gasto militar excesivo que no sirve para garantizar la paz, mientras que sí desvía inversiones necesarias en salud, educación, protección o creación de empleo, entre otros. Todos ellos elementos impulsores y necesarios para el desarrollo económico, social y humano.

A pesar de ello, y aunque minoritaria hoy en día en cuanto a seguidores, existe una poderosa corriente histórica que justifica la guerra. Son aquellos que están con el dicho de “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Una cita atribuida a Julio César (100-44 a. C.) pero que no es suya, aunque bien podría haberla dicho por el contexto en el que vivía. La frase originaria es de Flavio Vegecio Renato, un erudito del Bajo Imperio romano que vivió entre finales del siglo IV y la primera mitad del V d. C., quien reflexionó sobre la guerra como arma política y dejó plasmada la frase en su tratado De re militari del cual aún se conservan 226 ejemplares en latín. En el libro aparece como “Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum”, que se traduce por “quien deseara la paz, se debiera preparar para la guerra”, pero la transmisión oral alteró la gramática, quitando el condicional, para hacerla más enfática y operativa.

El significado de esta frase ya estaba en la idea de Platón (427-347 a. C.) al pensar que las condiciones para la paz solo pueden darse si el enemigo percibe que uno será capaz de defenderse. Así lo interpretaron, ente otros estadistas, Federico II de Prusia (1712-1786) o Carlomagno (742-814) Aunque a lo largo de los tiempos y también ahora, algunos tergiversaron el dicho y lo emplearon no solo para la defensa, como lo pensó el filósofo, sino también como justificación de una agresión, para un ataque.

La frase, que es la base del pensamiento militar romano y que encapsula una visión del mundo y del comportamiento humano ante el conflicto, ha influido en la estrategia occidental durante siglos y llega a nuestros días a través de alianzas militares modernas como la OTAN en las que se refleja claramente el principio ya citado del proverbio en cuestión. Incluso los Cascos Azules, símbolo de las fuerzas de paz de Naciones Unidas (ONU) son un claro ejemplo de cómo la fuerza y la disuasión militar se utiliza para tratar de garantizar la paz, en cuyo caso, cabe plantearse si no estaríamos hablando de la paz armada, más que de una paz basada en el diálogo del multilateralismo.

El aforismo en cuestión encierra una contradicción, la paradoja de pretender la paz a través de la preparación para la guerra. Saliendo al paso de esa paradoja y como reacción a la carrera armamentística que se veía venir, el francés Barthélemy-Prosper Enfantin (1796-1864) cuestionó el famoso dicho como “poco cierto para el siglo XIX”, y que prefería “si quieres la paz, prepara la paz”. Y, en el mismo sentido, el Congreso Nacional del Arbitraje y la Paz (Estados Unidos,1907) cerró con algo así como “si quieres la paz, accede a pactarla”. Pensamientos y posturas ambas que compartimos. Aun así, el “si quieres la paz, prepárate para la guerra”, ha moldeado durante siglos las estrategias internacionales, influyendo hasta hoy en las decisiones geopolíticas.

No podíamos cerrar este capítulo sin hacer referencia a los horrores y los desastres de las guerras en Ucrania y Oriente Medio (incluido el caso de Gaza). La primera iniciada por Rusia con la invasión de parte del territorio ucraniano, y, la segunda, con el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. Putin pretende dominar por la fuerza a Ucrania, sin éxito, después de cuatro años de intensa guerra. Por otra parte, las pretensiones de Trump y de Netanyahu de someter a Irán por la fuerza ha generado una guerra regional, con repercusión mundial, que no sabemos cuando ni como terminará, pero que sus efectos negativos, más allá de los horrores y los desastres, apuntan a una crisis económica mundial de consecuencias impredecibles, y que ya estamos notando los ciudadanos en nuestros bolsillos.

Acabamos con la misma reflexión con la que empezamos: ¿para qué sirve la guerra? No se trata de ganar la guerra, esa mejor no empezarla, se trata de ganar la paz.

Escuchemos La Misión:

https://www.youtube.com/watch?v=ussEFHEjrOQ&list=RDussEFHEjrOQ&start_radio=1

Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández, 28 de marzo de 2026

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