
Calle del centro de Madrid.
A este mundo le encanta clasificar cualquier cosa, estos días recogen muchos medios de comunicación una quizás no siempre bien traducida. La web freetour.com relaciona las “100 Best Cities for Free Tours in 2026”, siendo la quinta Madrid y Salamanca la última. En 2025 la web GuruWalk.com en su “Best 100 walking cities 2025” nos ponía en la posición 69. Por sus circunstancias Madrid atrae más turismo, pero decir que en la ciudad del atasco, reivindicada seña de identidad, se camina mejor no suena verídico. En la segunda las ciudades españolas por encima de Salamanca son más lógicas.

El Ayuntamiento (de Madrid) peatonaliza siete áreas en el entorno de las parroquias más emblemáticas para blindar las procesiones de Semana Santa.
Al moverse por el espacio peatonal de una ciudad se necesita indudablemente un suelo adecuado. Lógicamente el calzado utilizado pude ayudar mucho, tacones aparte. Pero no todo el mundo puede hacerlo tan libremente, hay quien necesita ayuda para desplazarse, bien sean bastones, andadores o sillas de ruedas, aparte de posible acompañante. Así gana protagonismo el diseño de la calle y el estado del pavimento. Lo experimento personalmente acompañando en los últimos tiempos a una persona mayor, llevar un cochecito de niños también es un buen ejercicio.

El mensaje en cuestión y respuestas.
Desde luego las dimensiones de ese espacio son importantes, todavía persisten aceras imposibles. No soy mucho de redes sociales, pero hace poco aparecía un tuit en varios sitios quejándose del ancho de una acera, con farolas, en la Avenida de los Maristas junto a la Facultad de Derecho. Las respuestas apuntaban que lo lógico es usar mejor el amplio espacio peatonal entre esa acera y el propio edificio. Dejando al margen ciertas deficiencias en su acceso, aparte de no ser el camino más directo, resulta que catastralmente son cosas diferentes.

Propuesta alternativa en el mensaje, considerando todo vía pública.
El Ayuntamiento es responsable de garantizar la accesibilidad a toda la ciudadanía en el espacio público. La Universidad también es pública pero, aparte del puro acceso a sus instalaciones, no tengo claro deba afrontar la obligación municipal en sus parcelas. El espacio alternativo puede parecer vía pública, pero sigue inscrito a nombre de la Universidad, y podría vallarlo por ejemplo (ya lo estuvo). Lo más lógico sería centrarse en el problema real, el irracional reparto del ancho de la calle, y reducir el dedicado al coche sin hacer trampas. Ahora incluso tiene alternativa con el Paseo de la Transición.

Ya que vinculo el problema a sillas de ruedas, volvamos al pavimento. Es innegable el progreso en materia de accesibilidad en las ultimas décadas, acelerado seguramente en los últimos años. Aparte de la acción ciudadana, gracias a la mayor sensibilidad del actual Ayuntamiento. Las “nuevas calles” peatonales o con aceras renovadas en general son cómodas. Otra cosa son los viejos adoquines readaptados (sirva de modelo cruzar la Plaza de San Isidro o la Calle Serranos, especialmente incómodo), o losas con décadas en sus superficies, principalmente las deterioradas uniones entre ellas.

Accesos a la nueva biblioteca de Pizarrales, bordillos demasiado altos.
También hay demasiadas rampas entre acera y calzada elaboradas con poco tacto y pueden volverse hasta peligrosas. Ciertamente rebuscando, aunque quizás no mucho, se puede encontrar todavía algún lugar sin ellas, pero tampoco seamos injustos. Las cosas mejoran, pero nuestro talón de Aquiles sigue en eso del mantenimiento, y efectuarlo siempre con mimo. Supongo no es fácil, ni barato, cambiar todo el enlosado de la Plaza de Anaya, por ejemplo, pero cuidarlo debe ser una obligación habitual. O repavimentar con mejores criterios calles como la siempre relegada Crespo Rascón.

Luego hay calles eternas candidatas a ser peatonales, olvidada al parecer la promesa planificada de hacerlo en todo el interior de la primera ronda. Nadie recordará el proceso de la Calle Palominos, con Bando incluido, parejo al actual de la Calle Veracruz (integrada en el ámbito inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial). Tras peatonalizar de aquella manera la Cuesta de Oviedo, de necesidad discutible por ser acceso más adecuado al imposible aparcamiento Universitario, se esfuma la promesa de esa calle. De muy incómodo e inadecuado pavimento, y peligrosa según vecinos y usuarios.

Desigual pavimento en la Plaza de Anaya.
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