, 22 de marzo de 2026
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Poliedro
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Poliedro

Ahí, en lo desconocido, debe haber algo más.

Para elaborar mi clase de cultura hispánica, aún no sabía que daría con un documental de Netflix, titulado Street Food, enfocado en Oaxaca, México. Ese par de días antes de la clase, cuando estuve sentado al escritorio de la oficina sendas jornadas laborales, disfruté mi trabajo de un modo diferente.

Por lo común, acudo al meollo del asunto. Como una diana en la mira de quien no ha bebido ni un vaso de alcohol en las últimas semanas, sino té con leche, dulce, al estilo persa, la flecha la he clavado en el centro, ni un milímetro a la derecha ni uno a la izquierda —como en la natación, donde una centésima marca la diferencia entre el sí y el no—. La flecha, con su emplumado de quetzal, ha quedado vibrante en la marca reducida. En esta ocasión, sin embargo, no la he clavado ahí, mas no se ha debido a ningún yerro, sino a una elección.

Cuando tengo el material didáctico preparado, procuro agregar algún detalle, una pincelada por aquí, un grano de sal por allá, un no sé qué que en ciertas ocasiones queda balbuciendo, como Juan de Yepes, para tornar la digestión del contenido académico menos pesada y volver el platillo, si cabe, sencillo. Existe una pluralidad de recursos, tanto digitales como materiales. Lo hago las menos de las veces distendido en el tiempo, sin urgencia, pues el día a día acostumbra arrinconarme contra la aguja del reloj, con el segundero al cuello y la urgencia por escurrirme y desplazarme al aula, con la corbata sin hacer y las agujetas de los zapatos sueltas.

Esta ocasión, no obstante, pulí mis uñas con el vaho del aliento, me crucé de brazos y me permití agasajarme con la exploración de nuevos recursos pedagógicos, para implementar en el aula y hacer la clase más llevadera. En específico, hice algo que no había hecho antes. En lugar de buscar un contenido específico para ilustrar la asignatura referida, de cultura hispánica, lancé con el anzuelo del motor de búsqueda en la red una carnada diferente, que no pretendía picar ningún objetivo previsto, sino que buscaba, en cambio, abrir la posibilidad a la recuperación de algo no contemplado de antemano; es decir, que en lugar de ir a por algo concreto, abrí un espacio para recibir lo abstracto. El resultado no decepcionó.

Esta consideración peregrina, que surge cuando los persas celebran el Año Nuevo 2585, podríamos atribuirla al consumo de su té con leche dulce —al menos, me dieron esa bebida anoche las personas con quienes celebré la efeméride—; la idea de preparar la acogida de lo imprevisto, en lugar de seleccionar lo buscado, podríamos atribuirla al consumo del té, el curri, o a la danza tradicional, que atrae y retiene con el magnetismo de su historia imperial.

Dicho claro y preciso: recibir, en vez de seleccionar. Una recepción activa, preparada con la diligencia del anfitrión del huésped desconocido. Retirar el foco de atención del centro de la diana no equivale a errar el blanco, cuando el tiro lo hemos perfeccionado al punto de que la diana acude a insertarse en la flecha.

Cuando hemos desarrollado la técnica, ¿cómo tiramos adelante? La respuesta la asentamos con una palabra referida por el bibliófilo de Kunshan y su consorte odontóloga: duomianti; es decir, para quienes desconocemos el chino, poliedro.

Un objeto multiplica su capacidad expresiva, semántica, si cambiamos la perspectiva para apreciarlo. He leído que no es lo mismo tocar los colmillos de un elefante que palpar el rabo. La textura cambia. Parece que estamos ante un objeto diferente. Pero el asunto no se reduce a esta imagen, sino que comporta otro asunto: con el cambio de perspectiva, nosotros también nos volvemos visibles para otras personas que antes nos desconocían. Al tiempo que percibimos lo nuevo, nos convertimos en el blanco de alguien más.

Hoy cuando escribo la columna, no estoy en el lugar de siempre: sí me encuentro en el asiento acostumbrado de la cafetería 3z, a un costado de Shangri-La, a tiro de piedra de Xuanwu Hu, en Nanjing, pero me he desplazado a la mirada de una otredad no sabida. Ahí, en lo desconocido, debe haber algo más.

torres_rechy@hotmail.com

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