Algo de optimismo siempre es bueno para la salud física y mucho más para la salud mental, cuando no, también, para las relaciones sociales y la convivencia. Hemos pasado los primeros 25 años del tercer milenio, el primer cuarto del siglo XXI, y, aunque con matices, se han hecho realidad muchos de los augurios que apuntábamos en los años noventa (Aguadero, 1997) Ahora, podemos volver la vista atrás y mirar, analizar lo que ha pasado, con una cierta perspectiva histórica.
El mundo está muy revuelto, convulso, complicado. Se ha roto el orden internacional que nos habíamos dado y parece que estemos caminando hacia el caos. Algunos analistas dicen que el mundo se está autodestruyendo y otros hablan del apocalipsis con toda naturalidad. También nosotros somos críticos con el desorden imperante, la deshumanización, las matanzas de inocentes y la impunidad con la que algunos destruyen países, gobiernos, escuelas, hospitales, familias, sociedades, o cometen atrocidades de lesa humanidad.
Durante los últimos años todos nosotros hemos podido ser observadores o sufridores de acontecimientos negativos: guerras, atentados terroristas como el de las Torres Gemelas de Nueva York, producido el 11 de septiembre de 2001 y que causaron la muerte de 2.977 personas, o los del entorno de Madrid ocurridos el 11 de marzo de 2004 (11M) en los que fallecieron 192 personas. También se han dado crisis económicas, populismos extremos, una pandemia histórica, polarización, o una geopolítica enloquecida. Hemos tenido un cuarto de siglo mucho peor de lo que esperábamos.
A principio de siglo teníamos grandes vivencias y esperanzas sobre la democracia como forma de vida y gobierno, sobre la economía de mercado y sobre los avances de la tecnología como recurso para una vida mejor. Hoy el pesimismo nos embarga, la democracia está en peligro, la economía se siente amenazada, regresa el autoritarismo en forma de ola ultraderechista que se extiende por una gran parte del mundo y la tecnología, ya en forma de inteligencia artificial, se muestra como una amenaza que destruye puestos de trabajo y disputa al ser humano el control de su existencia.
Sin embargo y a pesar de esta situación global tan poco atractiva, también se han alcanzado grandes logros que conviene recordar y celebrar. Por eso, hoy hemos decidido ponernos del lado del optimismo, y, para ello, nada mejor que volver la vista atrás, para fijarnos, reflexionar y compartir los logros o hitos más significativos conseguidos en el primer cuarto del siglo en que vivimos y que han marcado avances científicos significativos, notables cambios geopolíticos y mejoras socioeconómicas.
En el ámbito de la tecnología, el desarrollo e implantación de la digitalización iniciada a finales del pasado siglo, propició una aceleración en el desarrollo tecnológico que transformó la forma de producción, hizo posible la conectividad global y cambió la manera de comunicarnos.
La llegada masiva de los teléfonos móviles inteligentes modificó el cómo nos relacionamos, la banda ancha permitió la alta velocidad en la internet y las redes inalámbricas la implantación del wifi, cambiando todo ello los paradigmas del entretenimiento y el trabajo. Surgieron las redes sociales, que algunos preferimos llamar redes sociodigitales, y el auge de plataformas como Facebook, Twitter (actualmente X) Instagram, TikTok, LinkedIn y otras, cambiaron la difusión de la información, la forma de hacer política y la interacción social. Por su parte, el almacenamiento y tratamiento de los datos inteligentes en la nube, el big data o, mejor dicho, los macrodatos, modificó la gestión de la información personal (soliviantando la intimidad de las personas) y empresarial.
Todos ellos grandes avances tecnológicos y de conectividad a los que se está sumando la Inteligencia Artificial, cuyas aportaciones son inmensurables, aunque también trae grandes peligros y amenaza, todo depende de lo que el ser humano hagamos con ella.
En cuanto a la ciencia, en los primeros años del siglo se finalizó el proyecto de Secuenciación del Genoma Humano, abriendo una nueva era y nuevos caminos en la medicina personalizada, mejorando la salud de las personas. Por otro lado, la reacción científica a la pandemia del coronavirus y la consecuente Covid-19, hizo que se desarrollaran de forma rápida vacunas basadas en ARN que revolucionaron la respuesta a enfermedades de alto riesgo.
Entre los cambios sociales, geopolíticos y de seguridad, hubo avances en la seguridad global, la lucha contra el terrorismo y nuevas amenazas. En Europa se expandió el Mercado Único Europeo, se consolidó la libre circulación en la Unión Europea, el 1 de enero de 2002 entró en vigor el Euro como moneda oficial en doce países de la Unión Europea, reemplazando a los billetes y monedas nacionales.
La implantación del Euro fue el mayor experimento monetario de la historia (excepción hecha del “Real de a ocho”, también conocido como peso duro, peso fuerte, o simplemente peso. Moneda española que entre los siglos XVI y XIX se convirtió en la Primera Moneda Global, considerada la primera divisa universal, aceptada y utilizada en los cinco continentes) y un hito, el Euro, en la integración económica europea, convirtiéndose rápidamente en la moneda más importante, tras el dólar estadounidense a escala mundial.
Un período, el de los últimos 25 años, en el que no han faltado exitosas misiones humanas con múltiples aterrizajes en la exploración del planeta Marte, o el lanzamiento del Telescopio Espacial James Webb, que permitió observar el universo con una claridad sin precedentes, aportando grandes avances en la carrera espacial. Período que, por otra parte, ha sido prolífero en creatividad, habilidades y pensamiento crítico, aunque en este último todavía queda mucho por hacer.
Confiemos en que lo que queda de siglo no sea peor, sino mejor. Seamos optimistas, el no serlo sería poco inteligente.
Escuchemos a Jarabe de Palo en Bonito:
https://www.youtube.com/watch?v=xxhET61yB1A
Aguadero@acta.es
© Francisco Aguadero Fernández, 20 de marzo de 2026
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